León XIV describe su gira africana como «una riqueza inestimable para mi corazón»
El Papa ha dedicado la catequesis de la audiencia general a desglosar sus impresiones sobre los cuatro países visitados. «Nunca había visto nada semejante», ha dicho sobre uno de los momentos más conmovedores
La larga gira africana de León XIV, que concluyó el pasado 23 de abril, ha sido para él «una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio». Así lo ha definido al final de la catequesis de este miércoles durante la audiencia general, que como viene siendo costumbre después de una visita los Papas dedican a compartir sus impresiones.
En este caso, el Santo Padre ha subrayado que para los pueblos africanos su presencia era una oportunidad para hacer oír su voz y manifestar la alegría de pertenecer al pueblo de Dios. Pero ha querido expresar cómo, al mismo tiempo, le ha enriquecido a él. Y ha dado gracias a Dios por haber podido «realizar este viaje como pastor», en el que ha encontrado comunidades vivas y testigos de esperanza.
Se trataba, ha explicado, de una visita largamente deseada desde el comienzo de su pontificado hace casi un año. Y ha supuesto además una auténtica peregrinación pastoral vivida «como mensaje de paz» en un tiempo herido por guerras y por reiteradas violaciones del derecho internacional.
¿Qué ha destacado de cada etapa?
La primera parada de su gira africana fue Argelia, tierra ligada a san Agustín. Allí, el primer Papa agustino pudo volver a las raíces de su propia identidad espiritual, ha reconocido. Pero, al mismo tiempo, la visita le permitió tender tres puentes fundamentales: hacia la riqueza de los padres de la Iglesia, hacia el continente africano y hacia el mundo islámico.
Argelia era el único país de este viaje de mayoría musulmana. Allí, ha asegurado el Pontífice, experimentó una acogida «no solo respetuosa, sino cordial». De esta forma, «hemos podido mostrar al mundo que es posible vivir como hermanos y hermanas cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso».
También en esto resultó importante la herencia de san Agustín. No en vano el santo de Hipona, maestro universal en la búsqueda de Dios y de la verdad, puede ser un punto de encuentro entre cristianos y musulmanes.
En cuanto a la parte de su gira africana transcurrida en el África subsahariana, el Santo Padre ha descrito cómo se vio inmerso en una verdadera «fiesta de la fe». De Camerún, ha destacado su llamamiento a la reconciliación y a la paz con la visita a Bamenda, en la región anglófona que vive un conflicto independentista desde 2017.

Allí invitó a reconstruir la unidad desde el diálogo. «Rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las acciones futuras», ha manifestado.
Por otro lado, ha recuperado la descripción de Camerún como un «África en miniatura». Refleja tanto la riqueza del continente como sus desafíos más urgentes. Entre ellos, ha citado «la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro».
«Nunca había visto nada semejante»
Sobre Angola, el Papa ha compartido que se encontró con una Iglesia purificada en la prueba y comprometida con el Evangelio. Un momento particularmente intenso fue la visita al santuario de Mama Muxima. En ese templo dedicado a la Inmaculada Concepción, pero apodada como Madre del Corazón, percibió «latir el corazón del pueblo angoleño». Este expresa su fe viva con alegría, también ante las dificultades.
Pero la «esperanza exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo». En este sentido, en todo su viaje «he podido asegurar a las autoridades civiles» de los distintos países «la voluntad de la Iglesia católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo».

La última etapa, Guinea Ecuatorial, coincidió con el 170 aniversario de la primera evangelización del país. Allí, León XIV fue testigo de una fe vibrante y profundamente encarnada en la historia del pueblo.
Ha admitido que el momento más conmovedor fue la visita a la cárcel de Bata. «Nunca había visto nada semejante», ha reconocido. Luego los presos «han rezado conmigo el padrenuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios!».
A continuación, bajo el mismo aguacero, «comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata». Fue «una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable».