Dora está trabajando gracias a la formación para el empleo de Cáritas: «Estoy retribuyendo a España la oportunidad que me dieron aquí» - Alfa y Omega

Dora está trabajando gracias a la formación para el empleo de Cáritas: «Estoy retribuyendo a España la oportunidad que me dieron aquí»

Dora, de 56 años, pone rostro a la Campaña por el Empleo de Cáritas Diocesana de Madrid que, con el lema Tener un empleo digno empieza aquí, se centra en la formación

Begoña Aragoneses
Dora, en el comedor de Campus de Cáritas Madrid, donde recibió formación para el empleo.
Dora, en el comedor de Campus de Cáritas Madrid, donde recibió formación para el empleo. Foto: Begoña Aragoneses.

Aquel febrero de 2020 fue bisiesto. El día 29, sábado, Dora aterriza en España junto a su marido y su hija pequeña, con 12 años entonces. «Yo no vine a buscar estabilidad económica», porque ya la tenía en su Colombia natal, pero «o salíamos o no amanecíamos al día siguiente». Tiene una sonrisa velada Dora, mezcla de dolor cuando recuerda el pasado y de determinación si nos situamos en el presente. Habla y es como si todo estuviera bien.

Las maletas, hechas casi de un día para otro, incluían algunos ahorros. Sin familia, amistades o círculo social de ningún tipo en Madrid, se confinaron cuando apenas se habían instalado. «Tuvimos que recurrir a los servicios sociales». Dora consiguió algún trabajo cuidando a personas mayores. Le gustaba. «Yo era trabajadora social en mi país; me encanta ayudar a la gente».

En cifras

806 alumnos formados en Cáritas, con 61 cursos especializados.

70 % de inserción laboral (85 % en sector sociosanitario, y 60 % en la construcción).

Pero la realidad es que «empezamos a dar tumbos» a la vez que tuvieron que asumir «que la vida hemos de hacerla aquí, empezar de cero». Pero esa vida era cuesta arriba. El banco de una iglesia fue su refugio. Lloró su angustia ante Dios, como una nueva Ana bíblica ante Jahvé. «El padre me vio: “¿Qué te pasa?”». Ella le contó. «Existe Cáritas», le respondió el sacerdote. Ella «no tenía ni idea». «Acudí, estudiaron mi caso y me dijeron “tienes que formarte”».

Y así es como Dora llegó a Campus de Cáritas Diocesana de Madrid, un centro de formación para el empleo inaugurado en febrero de 2022 que concentra toda la formación de la entidad. Se trata de un espacio de formación cualificada para personas en situación de vulnerabilidad o en riesgo de exclusión social que son derivadas del Servicio Diocesano de Empleo (SDE). El concepto es que la persona no solo encuentre un empleo, explica Begoña Arias, subdirectora del SDE, como si fuera un mero servicio asistencial, «sino que este dignifique» y rompa las «barreras de la temporalidad y la parcialidad». La formación, además, se ofrece acorde a la demanda del mercado laboral (sector sociosanitario, logística y distribución, atención al cliente, instalaciones y construcción, innovación digital…) y a sus exigencias. «Quiero a una persona con ganas, que tenga capacidad de esfuerzo», les piden las empresas con las que trabajan. Esas «competencias blandas», describe Arias, que «son tan valoradas por las empresas y tan entrenadas en el Campus».

Clamor contra el trabajo precario

La CEE, en concreto los departamentos de la Pastoral del Trabajo y de Pastoral de la Salud, han alzado su voz para denunciar la normalización de la precariedad y exhortar a una ética del cuidado en el contexto del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (28 de abril) y en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores. Según datos recogidos por la CEE, el 47,5 % de los trabajadores en España trabaja bajo algún tipo de precariedad, y el 90 % de las mujeres jóvenes migrantes en trabajos manuales lo hacen bajo precariedad severa. «Ellas sostienen nuestros hogares, cuidan a nuestros mayores y limpian nuestras ciudades, a menudo sin derechos básicos ni protección». Asimismo, apuntan a que el riesgo de sufrir problemas psicológicos se multiplica por 2,5 bajo condiciones precarias, así como que el hecho de trabajar ya no garantiza salir de la pobreza: en tres de cada cuatro hogares en exclusión severa alguien trabaja.

Cada curso dura entre cuatro y cinco semanas, de lunes a jueves, de 9:30 a 14:00 horas. Intensivos, para adaptarse al perfil del demandante: personas en riesgo a las que les urge el proceso. En Campus hay mentores, porque el objetivo es un acompañamiento integral. «Mi formadora, Carmen, es extraordinaria», reconoce Dora, que encaja en el perfil de persona acompañada por el SDE: mujer, migrante y mayor de 55 años. Aunque «la edad no es un número, lo importante son las ganas». A ella la fueron guiando en este proceso. Lo primero, «para hacer un currículo apto para España». Después, un curso de capacitación de 40 horas en cuidados sociosanitarios. Hizo las prácticas en una residencia geriátrica, pero le ofrecieron el servicio de ayuda a domicilio, que a ella le gusta más. Desde hace dos años trabaja en plantilla para Serveo. Dora se propuso «entregar una mujer capacitada a una sociedad que nos dio la oportunidad de volver a empezar». Ahora, su día está pleno, atendiendo «a personas que te necesitan en ese momento de soledad, de enfermedad». «En cierta manera estoy retribuyendo a España la oportunidad que me dieron aquí». «Animo a las mujeres de mi edad a que se den esta ocasión de buscar lo que más les gusta y formarse para ello».

Dora ha sido una de las personas que ha puesto rostro a la Campaña por el Empleo de Cáritas Madrid, que se celebra el domingo 3 de mayo con el lema Tener un empleo digno empieza aquí, con el objetivo de seguir aunando esfuerzos para que el trabajo sea digno. Por eso, además de ofrecerles oportunidades a quienes buscan un empleo, busca la colaboración de las empresas para garantizar que el trabajo no solo permita vivir, sino descubrir su vocación y potenciar sus capacidades.