Para Clara Forcada, traducir al español textos siriacos «es un pequeño servicio a la Iglesia»
Ha recibido una beca para divulgar a los mártires de Nayran, del siglo VI. Estudiar en la Universidad Eclesiástica San Dámaso con seminaristas «muestra la riqueza de la Iglesia»
La Fundación Amparo del Moral le ha concedido una beca de excelencia para realizar un doctorado en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. ¿Cómo es investigar como mujer allí?
—En San Dámaso, la mayor parte de mis compañeros son seminaristas, novicias, monjas o religiosos. También hay jubilados que desean profundizar en sus estudios y, aunque pocos, hay algunos laicos jóvenes que estudiamos aquí. Poder estudiar aquí es muy enriquecedor pues permite ver la riqueza dentro de la Iglesia, en concreto de la diócesis de Madrid para aquellos que vienen de fuera, como yo de Barcelona.
Para mí realmente es sentirme en casa dentro de una comunidad de hermanos que vienen de diversas realidades y comunidades. Nos une la pasión por lo que se enseña y estudia aquí, además los profesores están verdaderamente implicados en la investigación y transmisión del conocimiento. Como laica, aprecio mucho poder estudiar algo que me interesa rodeada de gente a la que le apasiona el mismo estudio, que, al fin y al cabo, es poder conocer a Cristo en todas sus facetas. Considero que es importante poder tener un lugar donde estudiar esto, de hecho, he venido a Madrid para estudiar literatura siríaca, una especialidad que no se puede estudiar en muchos sitios.
Para los seminaristas es obligatorio estudiar Teología en el discernimiento de su vocación pero, en su caso como laica, ¿por qué se ha interesado por este tipo de estudios?
—Lo que más me ha llamado a estudiar estos temas es una gran pasión por las lenguas y en especial las lenguas antiguas y la literatura. Y, tirando del hilo, a través del estudio de la filología clásica y antigua llegué a las lenguas semíticas.

Tengo una gran pasión por esta literatura y, dentro de esta literatura, también me interesa que aquello que hago tenga que ver con lo que creo. Por eso, me parece bello poder ponerlo delante de los demás. Dentro de la literatura antigua descubrí las lenguas semíticas, el siríaco y la literatura cristiana siriaca, de la cual todavía queda mucho por investigar y traducir. Eso me pareció importante. Es bello poder trabajar y prestar un servicio, al final se puede entender como un pequeño servicio o aportación a la Iglesia y a la humanidad.
¿De qué trata su doctorado?
—Consiste en la edición y traducción de varios textos relacionados con los mártires de Nayran. De estos textos hay algunas traducciones a otras lenguas modernas como el italiano, el inglés y el francés. Pero de ellos se han hallado nuevos manuscritos que pueden aportar al texto. Por ejemplo, uno de los textos traducidos en el siglo XIX solo contemplaba dos manuscritos, ahora tenemos 14 de aquel mismo.
Los textos en los que estoy trabajando son sobre los mártires de Nayran, que se encuentra en la península arábiga, del siglo VI. Son relatos o cartas que narran los hechos martiriales, una de las cartas es de un obispo que se interesa por el martirio de estos cristianos. Dirige su escrito a otros jefes de distintas iglesias contando aquello que le ha llegado sobre los sucesos del martirio, expresando el reconocimiento de estos cristianos como mártires y pidiendo ayuda para aquellos que han sobrevivido.
¿Hay conflictos actuales que beban de aquellos antiguos?
—Es muy complejo. Por un lado, es verdad que hay un punto en que los estos estudios sobre martirios nos ayudan a ver la importancia que desde la Iglesia se ha dado siempre al testimonio y a la fidelidad a la fe en distintas realidades que pueden ser muy complejas. Como las que se dan actualmente en lugares como el Medio Oriente.

Por otro, muchas veces los conflictos religiosos como este que estoy estudiando tienen componentes también políticos. En este caso, el rey del lugar buscó imponer una hegemonía política a través de la religión, en su caso el judaísmo. Muchas veces, en un conflicto político se usa la religión como forma de apartar al otro que es distinto. La Iglesia muestra que la fe es pilar de fortaleza ante las imposiciones violentas del poder.
¿Tenían el mismo encuentro con Cristo hace tantos siglos y tan lejos de nosotros?
—Sí, efectivamente, uno descubre esto leyendo los textos. En ellos transcriben algunos diálogos y pasajes del martirio. Allí se ve como tienen conciencia de que Cristo es lo más importante de la vida y, por ello, los mártires dan la vida. Es bonito observar que no son solo monjes o sacerdotes sino toda la comunidad cristiana la que responde con su fe.
Por ejemplo, hay un pequeño diálogo de un niño que llevan hacia el martirio y se puede ver que a pesar de haber vivido pocos años se fe es madura como para aceptar dar la vida por ella. Eso es algo que me deja sorprendida. Una frase que se repite en este tipo de textos es la afirmación: «Soy cristiano». Con esta sentencia queda recogida una tradición propia de la Iglesia por la cual el mártir es el testigo de Cristo, afirma su fe hasta el final.