¿Qué pueden hacer los científicos por la paz? El Vaticano cree que mucho
La Pontificia Academia para la Vida les pide investigar con gente de todas las culturas, que superen los intereses nacionales y eviten las aplicaciones militares
La Pontificia Academia para la Vida pide a la comunidad científica que se implique activamente en la construcción de la paz ante la persistencia de conflictos armados en distintos lugares del mundo. En un comunicado firmado el pasado 11 de marzo ha advertido de que, en este «momento particular de la historia», «el lenguaje de las armas, la guerra y la violencia adquiere una trágica dimensión global».

Esta petición de la Pontificia Academia para la Vida está respaldada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Juntas, ambas instituciones animan a los científicos a que promuevan proyectos y líneas de investigación que favorezcan el diálogo y la cooperación internacional. Y que en ellas integren a académicos de todas las culturas y los países. También advierten —y esto es especialmente relevante— del riesgo de que los resultados de sus investigaciones acaben aplicándose con fines militares o contrarios al bien común.
¿Qué pueden hacer los científicos por la paz?
Según este organismo vaticano, la ciencia puede jugar un papel relevante en la construcción de la paz si se orienta al intercambio abierto de conocimientos. Es decir, que las investigaciones no solo generan conocimientos técnicos —que son indiscutiblemente muy útiles— sino que pueden además generar espacios de encuentro entre culturas diferentes.

Otra respuesta a qué pueden hacer los científicos por la paz según la Pontificia Academia para la Vida es la protección y defensa de la vida humana. Bajando a lo concreto y aterrizado, llama al desarrollo de estudios interdisciplinarios para una sociedad pacífica y, al mismo tiempo, evitar que sus descubrimientos se empleen para alimentar los conflictos.
Poco bien común se puede hacer con trampas
Al estar hablando de ciencia, el Vaticano hace una tercera indicación que puede parecer trivial pero no lo es en lo absoluto. Todas estas investigaciones deberán hacerse con metodologías rigurosas y con una búsqueda constante de la verdad. Es decir, sin trampeos ni falseando número ni conclusiones. Deben primar la revisión crítica entre pares y una disposición permanente a cuestionar los propios resultados.
Una última pauta. Difícilmente es posible una investigación orientada al bien común si quienes la hacen están en el fondo envenenados por egos y rencillas. Por tanto, la Pontifica Academia para la Vida les llama a superar los intereses personales y nacionales para que el conocimiento científico se convierta en patrimonio compartido y una herramienta para la paz.