El cardenal Cobo invita a vivir una Semana Santa «con alma y en comunidad»
Juan Manuel Venegas ha sido el encargado de arrancar la Semana Santa 2026 con un pregón declamado entre verso y prosa en la catedral de la Almudena
La Semana Santa de Madrid ha comenzado oficialmente este sábado con el pregón pronunciado por Juan Manuel Venegas Valladares, hermano de la Hermandad de los Estudiantes, en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena. El acto, celebrado a las 20:00 horas, ha contado con el acompañamiento musical de la Agrupación Musical Jesús el Pobre y con la presencia de autoridades civiles y eclesiales, así como de representantes de las hermandades y cofradías de la capital.
Antes del inicio del pregón, los hermanos mayores y representantes de las corporaciones madrileñas participaron en un desfile procesional desde la plaza de la Villa hasta la catedral, en un gesto que ha simbolizado la unidad de las cofradías de la ciudad.

El acto fue presentado por el concejal del Ayuntamiento de Madrid y cofrade del Cristo de Medinaceli, Carlos Segura, quien subrayó el sentido evangelizador de las procesiones. «Cuando salgamos a la Semana Santa en Madrid, que sepamos que salimos en catequesis para trasladar la Palabra de Jesucristo a las calles», afirmó. A continuación, Manuel Marín presentó al pregonero.
Un pregón en verso marcado por la fe y la memoria
Juan Manuel Venegas comenzó su intervención declamando en verso, en un tono profundamente personal y espiritual con el que quiso arrancar la Semana Santa madrileña. Durante los primeros compases del pregón evocó su infancia y su relación con la Virgen, recordando una visita siendo niño a la patrona de la ciudad.
El pregonero repasó cómo la Semana Santa ha marcado la vida de su familia y cómo la esperanza ha estado siempre vinculada para él a la Virgen y a Madrid. En sus versos resonaron reflexiones espirituales y referencias a la capital: «Aferrado a la cruz, un alto valor tendrá, la esperanza del ciento por uno en el cielo, ya siempre la eternidad».
También describió la ciudad como un lugar de tránsito hacia la esperanza definitiva: «En Madrid vida efímera a la espera de la patria verdadera». En otro momento, proclamó: «Para siempre madrileño quedas, aquí fui feliz, de mi Madrid a la gloria verdadera». «Aquí es donde he de morir y aquí reposaré».
El pregón incluyó también una reflexión sobre la identidad de la ciudad: «Madrid, el centro de nuestra España donde todo puede empezar y acabar». «Madrid, crisol de culturas, el hogar de los que no tienen patria o donde mejor la pueden añorar».
En el corazón de su mensaje, Venegas subrayó el sentido cristiano de la cruz y de la vida cofrade: «No cejaré en el empeño que tu vida nada valdrá si no abrazas la cruz y la conviertes en tu sello». «Tendrás a Cristo contigo en permanente estación de penitencia».
La historia de una hermandad
Tras esta primera parte en verso, el pregonero continuó su intervención alternando con la prosa y los recuerdos, de torrijas de las madres o de los locales golosos de la capital. Agradeció a Dios la oportunidad de pronunciar el pregón, que definió como «una manera de rezar y de coser remiendos del alma».
También destacó la labor social de las hermandades y cofradías madrileñas y el sentido del pregón como preparación espiritual: «El pregón debe ser una guía que nos lleve a la Semana Santa. Os vengo hoy a contar la más hermosa historia de amor jamás contada, la que perpetuamos cada primavera».
Venegas evocó los inicios de la Hermandad de los Estudiantes en los años 90, cuando él y otros miembros acudían a universidades para buscar costaleros y organizar los primeros ensayos. A partir de ahí, hizo un recorrido por la historia y el carisma de las distintas hermandades y cofradías de la ciudad.
«Ser cofrades en un siglo que quizá no nos entienda, pero donde encontramos el fundamento de nuestra existencia», afirmó. «Haz el bien», recordó a todos los presentes. «Prepara tu alma para lo que pronto llega, deja que Dios te alcance, te toque con su mano y su Palabra en medio del inmenso ruido que nos envuelve». Que nuestras pantallas y aceras «sean lugar de paso para la misericordia» y que anunciemos que en Madrid, cuando llega la Semana Santa, «la caridad impera».

Venegas concluyó su pregón proponiendo a todos los presentes —entre ellos el obispo auxiliar Vicente Martín, el delegado de Piedad Popular Carlos Aguilar, hermanos y compañeros cofrades y fieles de la capital—, una Cuaresma en la que «el corazón esté abierto, no una puerta cerrada».
El cardenal clausuró el acto
La proclamación del pregón que abre la Semana Santa de Madrid concluyó este sábado en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena con las palabras del arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo Cano, quien agradeció al pregonero la introducción espiritual con la que la ciudad se prepara para los días santos.
«Gracias al pregonero y la introducción que nos llevamos a esta Semana Santa que yo os invito a que vivamos con esos hilvanes que nos has dado y con esas palabras», señaló el cardenal al comienzo de su intervención.
Cobo recordó que el inicio de la Semana Santa nace de una llamada directa de Cristo al seguimiento. «Hay una llamada de Jesús que inicia la semana: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que coja su cruz y me siga”», afirmó. En este sentido, invitó a situarse ante el itinerario espiritual de estos días «sabiendo que no tiene sentido si no es desde la Pascua».
«Celebramos a alguien que ha resucitado, vive entre nosotros y hace nuevas todas las Semanas Santas», explicó el arzobispo. «Cada Semana Santa tenemos la capacidad de hacerla nueva porque es la Resurrección lo que celebramos».
Por ello, pidió a los cofrades prepararse espiritualmente antes de la celebración. «Me gustaría pediros que, antes de la Semana Santa, leáis bien la Pasión terminando en la Resurrección».
El cardenal se dirigió especialmente a las hermandades y cofradías presentes en la catedral, recordando su responsabilidad en la vida cristiana de la ciudad. «Si alguien puede ser experto en reconocer la Semana Santa no solo en vuestros pasos, sino en vuestras casas y en la ciudad, sois vosotros, los cofrades», afirmó.

Sin embargo, añadió que la misión de los cofrades no termina en la organización de las procesiones. «Necesitamos en la Iglesia que señaléis esas otras semanas santas», dijo, aludiendo al sufrimiento cotidiano presente en la sociedad.
Una llamada a la unidad
En su intervención, Cobo pidió también vivir la Semana Santa desde la comunión entre las hermandades. «Os pido también que la viváis en comunidad y juntos. El mejor paso no es competir unos con otros; el mejor paso es cuando hay una cofradía que se sabe cristiana, que está unida y que vibra con el Señor».
El arzobispo destacó la unidad fraterna. «Que tenga más o menos flores al Señor no le importa mucho; que haya división sí», afirmó. Recordó además que la primera Semana Santa no tuvo el esplendor de las actuales celebraciones. «La primera Semana Santa no tuvo grandes pasos ni flores, ni incienso». Por ello, insistió en que «nuestras cofradías están llamadas a ser cofradías, hermandades, y eso posibilita que haya Semana Santa».
«Lo peor no es la lluvia, es el individualismo»
Cobo también advirtió sobre el riesgo de vivir la Semana Santa de forma individualista. «Lo peor para la Semana Santa no es la lluvia; lo peor para la Semana Santa es el individualismo», afirmó.
«Peor que la lluvia es que nos apropiemos de Jesucristo o de la Virgen, porque no es mío ni de mi cofradía, es de todos». En ese sentido, explicó que la misión de los cofrades es mostrar a Cristo a los demás. «Nuestra función es que pase por nosotros para que sepamos enseñarlo, pero con alma». «Si no hay alma no hay Semana Santa y eso es peor que la lluvia», añadió.
En la parte final de su intervención, el cardenal invitó a que la emoción de la Semana Santa conduzca a una vida cristiana más profunda. «Os pido que, aunque la Semana Santa toque el sentimiento, nos lleve a la Iglesia, a los discípulos, a vincularnos con las celebraciones de la Eucaristía y de la Pascua», dijo, recordando también a quienes viven estos días sin pertenecer a ninguna hermandad.
Finalmente, pidió reconocer el sufrimiento presente en las calles de la ciudad. «Os pido que os fijéis en los cristos vivientes de nuestras calles, en las marías que sufren por tantos hijos que se les mueren». «Os invito a que cojamos la cruz de los demás y mostremos al mundo la belleza de la Resurrección», concluyó.
El cardenal agradeció el trabajo silencioso de las hermandades y animó a vivir intensamente los próximos días: «Esta es nuestra Semana Santa, porque es la de Jesucristo, el único que este año quiere hacerla nueva y cuenta con nosotros por encima de lo estético».
Con este pregón, Madrid abre oficialmente el camino hacia una nueva Semana Santa en la que las hermandades volverán a llevar a las calles de la ciudad la memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.