«El juicio a Jesús estuvo lleno de irregularidades procesales»
El abogado Javier Pereda analiza desde el punto de vista jurídico el proceso al que se sometió Jesús. «Estaban totalmente empeñados en que muriera», dice
¿Fue justo el juicio a Jesús? es la conferencia que ofrece este viernes el abogado de Jaén Javier Pereda en el Colegio de Abogados de Málaga: una reflexión desde el ámbito jurídico e histórico sobre uno de los procesos judiciales más relevantes para la humanidad.
—¿Por qué este interés en investigar sobre el juicio a Jesús? ¿Se debe a que es creyente, a que es abogado, o a ambas cosas?
—Por las dos cosas. Llevo estudiando este tema de forma especial los últimos diez años, redescubriendo cosas nuevas en el Evangelio y en los Padres de la Iglesia, y no es simple erudición sin más, es descubrir que Jesús sigue vivo y presente.
Irregularidades procesales
—En la parte jurídica, ¿realmente fue un juicio justo?
—Aquel que es el autor de la justicia, de la vida y de la verdad sufrió un juicio en el que todo eso se conculcó brutalmente. Por ejemplo, se dictó la sentencia de muerte antes de celebrar el juicio. En el derecho penal, es un delito muy grave. Los miembros del Sanedrín, salvo José de Arimatea y Nicodemo, que dictaron un voto particular, condenaron a muerte a Jesús en medio de un montón de irregularidades procesales.

—Hubo dos juicios…
—Uno judío y otro romano, porque los judíos estaban bajo la potestad de Roma y no podían dar muerte a nadie sin su autoridad.
—Por tanto, acudieron a Poncio Pilato.
—Otro personaje interesantísimo. Declaró en varias ocasiones, hasta en cuatro, que Jesús era inocente. Pero al final acabó condenándolo, porque desde el principio los judíos ejercieron presión contra él. Viendo peligrar su puesto y su carrera, al final accedió. Se lavó las manos diciendo que no tenía nada que ver con aquello.
Salvar a Jesús
—¿Intentó Pilato salvar a Jesús entonces?
—De varias maneras. Primero dijo que él no era competente y envió el asunto a Herodes para que lo resolviera. Ante Herodes, Jesús aplicó la táctica procesal del silencio, y este tampoco resolvió nada. Luego Pilato intentó un indulto, cambiando a Jesús por Barrabás, pero tampoco le salió bien: los judíos estaban totalmente empeñados en que muriera.
Desde luego, fue un juicio lleno de irregularidades: con nocturnidad, con testigos falsos, con acusaciones inventadas, diciendo que no pagaba impuestos, que era un revolucionario o que quería destruir el templo… Se vulneró la presunción de inocencia, se dictó sentencia antes del juicio, todo con la clara intención de acabar con él.
—El juicio a Jesús, ¿es algo que sigue sucediendo hoy?
—En esa actitud del Sanedrín estamos todos. No fueron solo los judíos ni los romanos los que le juzgaron: fuimos todos nosotros. La pasión y la muerte de Jesús no se entienden si no se entiende lo que es el pecado. Nosotros, cada vez que pecamos, le volvemos a crucificar. Sin el pecado no se entiende el juicio, no se entiende la pasión de Cristo, no se entiende absolutamente nada.