León XIV en España: unidad para superar la polarización - Alfa y Omega

En sus pocos más de nueve meses de pontificado, León XIV es visto por muchos como un impulsor de la unidad. El anuncio de su viaje a España, del 6 al 12 de junio, nos lleva a preguntarnos qué importancia tendrá la llamada a la unidad en el mensaje que el Santo Padre traerá a nuestra sociedad y a nuestra Iglesia.

Puentes, diálogo, encuentro, paz

La llamada a la unidad estuvo presente en sus primeras palabras como Obispo de Roma. En aquella tarde del 8 de mayo de 2025, el recién elegido pontífice se refería a esa necesaria unidad y a los pasos para que se haga realidad: «ayúdense unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz».

La sociedad española necesita la unión de todos para ser aquello que el Papa León XIV pedía desde la Logia de San Pedro: «un solo pueblo siempre en paz». Somos conscientes de la polarización, del resquebrajamiento social presente en medio de nosotros. Una realidad que vemos en nuestra vida cotidiana, en nuestras familias, en el trabajo, en los espacios de ocio, en el tránsito, en las redes sociales…, también en nuestra Iglesia.

Superar la polarización es un empeño común. Solo así conseguiremos avanzar en el camino de la unidad. Una unidad que se concreta más fácilmente cuando entendemos que va acompañada de la diversidad. Ser diferentes, diversos, en cualquier ámbito de nuestra vida, también en la vivencia de la fe, nunca puede ser impedimento para caminar juntos, unidos en pro de un bien mayor.

Seguir el debate político nos lleva a contemplar que el cuidado de la cosa pública no es lo que más preocupa a los políticos. Los intereses personales, partidarios, de grupos de presión, se constituyen en elementos que determinan la toma de decisiones que deberían buscar el bien común. Con ello se genera un clima social en el que el otro es visto como enemigo con el que hay que acabar a cualquier precio.

Unidos para proclamar el Evangelio

La cuestión es hasta qué punto esa dinámica está presente en la vida de la Iglesia. En su agradecimiento a los cardenales que le habían elegido para ser Sucesor de Pedro, León XIV llamaba a ser «Iglesia unida buscando siempre la paz, la justicia, procurando siempre trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros».

La proclamación del Evangelio se debilita cuando dejamos que la polarización se instale en medio de nosotros. Cuando ese fenómeno se hace presente entre nosotros dejamos de ser «una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta —como esta plaza— a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor», que decía el Papa.

Nuestros proyectos humanos debilitan y muchas veces acaban con aquello que debería ser nuestro mayor empeño como Iglesia: anunciar el Evangelio y ser fermento del Reino de Dios en medio de la humanidad dividida. Ante ello, hagamos nuestras las palabras de León XIV y nos preparemos para acogerle con este sentimiento: «sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros».