Con recursos la solidaridad es más fácil, pero hay que atreverse
España lleva 30 años liderando la donación de órganos. Sin pacientes y familias generosas sería imposible
En España hay una sanidad pública, gratuita, universal y de calidad que luchamos a diario por seguir manteniendo. Reducir las listas de espera para acceder a ellas es una de las aristas más punzantes. Lo bueno de contar con esto no es solo que los enfermos puedan recibir un trato digno y curarse —que no es poco— sino también la posibilidad que se abre cuando una persona sufre una muerte cerebral o una fatal parada cardiorrespiratoria pero alberga todavía dentro de sí vida para los demás. Tras más de tres décadas encabezando la donación de órganos en el mundo, sobra decir que en España hay mimbres para ser solidarios porque la técnica lo permite y porque hay sanitarios que comentan con guante de terciopelo a las familias la opción de dar una segunda vida —literal— a los órganos de sus seres queridos. Pero sin el valor de los enfermos y de los parientes, este honroso liderato no existiría.
Es una imagen que fuera se sabe y que contrasta con la recurrente vergüenza que tiene el español de sí mismo. Es necesario ser consciente de estos pequeños logros para protegerlos, regarlos y multiplicarlos. Nos jugamos la vida. Literalmente.
En nuestras páginas, Nuria nos ha abierto su corazón. Parece que toda su biografía está ligada a la donación de órganos porque la precoz muerte de su padre podría haberse pospuesto si, cuando ella tenía 17 años, conseguir un riñón hubiera sido más fácil. Su hijo, Marco, lo remedió a pesar de que, a los ojos de la gente más capacitista, su vida absolutamente dependiente no tuviera valor. Pues miren, salvó a cinco niños que hoy corretean y la vista de un sexto.
Nuria ha tenido enfados con Dios y, mirando su vida, uno puede entenderla. La muerte de un hijo de apenas 20 años es devastadora. Y, sin embargo, eso no le ha impedido a ella ni a su familia dar un testimonio absolutamente tangible. Nos evangeliza ella a nosotros y nos toca darle las gracias.