A veces la historia y el conocimiento mudan por azares casi cómicos. El hallazgo de la principal colección de manuscritos judíos del cambio de era se debió a una cabra díscola que obligó a un pastor beduino a ir en su búsqueda cerca de Khirbet Qumrán. Al lanzar una piedra dentro de una cueva, Muhammed ed-Dib escuchó vasijas de cerámica rompiéndose, lo que le llevó a explorar el interior y encontrar grandes tinajas de arcilla con manuscritos envueltos cuidadosamente en lino.

Este descubrimiento desencadenó una serie de expediciones arqueológicas sistemáticas. Entre 1949 y 1956, bajo la dirección del padre Roland de Vaux, de la Escuela Bíblica Francesa y el Museo Rockefeller, se exploraron once cuevas, en competencia muchas veces con los beduinos, quienes habían hecho de la venta de manuscritos un modo de vida. Se descubrieron más de 900 manuscritos diferentes, la mayoría incompletos. La cueva 4, descubierta en 1952, resultó la más prolífica, con unos 15.000 fragmentos de más de 500 rollos diferentes. Los manuscritos, datados entre el siglo III antes de la era común (a. e. c.) y el año 68 de la nuestra, se dividieron en tres categorías principales: textos bíblicos, pseudoepígrafos y documentos sectarios. Fueron escritos y copiados por los miembros de un grupo judío, relacionado con los esenios, que se retiró al desierto por desacuerdo con las autoridades del templo de Jerusalén y su ortopraxis, que consideraban poco estricta. Se encontraron copias de todos los libros de la Biblia hebrea excepto del de Ester. Su hallazgo proporciona evidencia textual 1.000 años más antigua que los manuscritos hebreos medievales masoréticos, como el códice de Alepo o el de Leningrado del siglo XI, con algunos manuscritos, como 4QDanielc (datado en el 124 a. e. c.), muy próximos a la época de su creación. De alguna manera, Qumrán ha devenido en la piedra de Roseta para el estudio del judaísmo y la Biblia en el cambio de era.
Entre los manuscritos bíblicos, destaca el Gran Rollo de Isaías; es el único manuscrito bíblico de Qumrán prácticamente completo. Está compuesto por 17 hojas de pergamino cosidas con hilo de lino, con una longitud total de 7,34 metros y una altura de entre 22 y 27 centímetros. Contiene 54 columnas con los 66 capítulos del libro de Isaías en hebreo, en el mismo orden que conocemos. El pergamino estaba elaborado con piel de cabra según estrictas reglas rituales mediante el curtido y estiramiento de la piel. El texto se escribió únicamente en el lado de la carne. El proceso de curtido y preparación era complicado y costoso, lo que subraya la importancia que la comunidad de Qumrán otorgaba a estos textos. Su datación, mediante análisis paleográfico y pruebas de carbono 14, lo sitúa entre los años 125 y 100 a. e. c., aunque estudios recientes con inteligencia artificial han sugerido que algunos manuscritos de Qumrán podrían ser aún más antiguos de lo estimado inicialmente.

Su relevancia estriba en que testimonia la fidelidad de la transmisión textual bíblica a través de los siglos. Aproximadamente el 95 % del texto coincide con el masorético medieval, base de las traducciones modernas de la Biblia hebrea y el texto tradicional judío. Este acuerdo demuestra el cuidado meticuloso con el que los escribas copiaron y preservaron las Escrituras durante más de 1.000 años. El 5 % restante presenta variantes que abren una ventana fascinante al proceso de formación y evolución del texto bíblico. Se han identificado más de 2.600: diferencias ortográficas, errores de copia, correcciones de escribas posteriores y, lo más significativo, algunas lecturas diferentes que afectan al significado. Una característica notable del Gran Rollo es su uso de grafía plena, que emplea consonantes auxiliares para indicar los sonidos vocálicos del hebreo. Esto contrasta con otros manuscritos bíblicos de Qumrán y con el texto masorético de Isaías, que utilizan una grafía consonántica defectiva. Esta particularidad permite a los investigadores conocer con mayor precisión cómo se pronunciaba y entendía el texto en la época del Segundo Templo.
El libro de Isaías era muy popular en Qumrán, como demuestran las más de 21 copias halladas —es el segundo texto más representado después de los Salmos—. Además, se descubrieron seis pesharim o comentarios interpretativos, lo que indica que la comunidad leía y reinterpretaba este texto profético aplicándolo a su realidad. Esta importancia se refleja también en el Nuevo Testamento: Isaías es el profeta más citado, evidenciando la autoridad canónica especial de la que disfrutaba en el judaísmo del Segundo Templo. Actualmente, el Gran Rollo de Isaías se preserva en el Santuario del Libro del Museo de Israel en Jerusalén, un edificio diseñado específicamente para albergar los manuscritos del mar Muerto. Por su 60 aniversario, además, el museo inaugura el 23 de febrero una muestra excepcional dedicada a él. Y gracias a un proyecto de digitalización en colaboración con Google, está disponible en línea con imágenes de alta resolución, permitiendo estudiar este tesoro arqueológico.