Estas iglesias románicas no se ampliaron y dan testimonio - Alfa y Omega

Estas iglesias románicas no se ampliaron y dan testimonio

Los nueve templos del valle de Bohí son Patrimonio de la Humanidad porque no necesitaron ampliarse y adaptarse al gótico y el culto «se ha mantenido ininterrumpido»

Rodrigo Moreno Quicios
Fachada de Santa María de Tahul
Fachada en granito y pizarra de Santa María de Tahul, la más icónica. Foto: Centro Románico Valle de Bohí.

En el siglo XII, el Prepirineo catalán era una zona de gran esplendor económico. No es de extrañar, por tanto, que sus vecinos levantaran allí un precioso conjunto románico de ocho iglesias y una ermita que «la UNESCO incluyó en la lista de Patrimonio de la Humanidad», nos cuenta Cristina Castellà, responsable del Centro del Románico del Valle de Bohí, que sirve como sede al consorcio que lo promociona y en el que participan diferentes entidades culturales, gubernamentales, el Obispado de Lérida y el de Urgel. Precisamente, el delegado de Patrimonio de este último, Josep Mauri, nos confía que el reconocimiento «nos ayuda a tener presente que estamos vinculados con la universalidad y no somos una diócesis encerrada en los Pirineos».

Sin embargo, Castellà señala que lo realmente llamativo de este valle es que, tras «aquel momento de gran esplendor», quedó fosilizado en «un largo periodo de decadencia económica», por lo que sus templos jamás sintieron la necesidad de ampliarse con estilo gótico o barroco y han llegado prácticamente igual «hasta nuestros días». Denostados en los siglos XVII y XVIII por estar «pasados de moda», no fue hasta principios del XX cuando se redescubrieron. «Ahora nos gusta a todos porque tenemos una cultura que nos permite apreciarlos». Con todo, aunque se conservaron los edificios, durante siglos parte de sus pinturas «se escondieron para poner encima retablos barrocos», explica Castellà. Una feliz vergüenza que permitió que «se hayan conservado» mejor que las expuestas.

El valle de Bohí está en el Prepirineo y rodeado de naturaleza.
El valle de Bohí está en el Prepirineo y rodeado de naturaleza. Foto: Centro Románico Valle de Bohí.

Santa María de Tahul, icónica

Entre estos templos destaca Santa María de Tahul, «una iglesia de planta basilical que consagró el 11 de diciembre de 1123 Ramón Guillem», entonces obispo de Roda-Barbastro, quien «participó en varias campañas de la Reconquista junto Alfonso el Batallador» y luego sería canonizado. Según la responsable del Centro del Románico, cuenta con una torre campanario «icónica del románico del valle de Bohí». 

Este templo en particular —pero también todos los del conjunto— «son pequeñas iglesias de un mismo estilo constructivo, el románico lombardo, que sigue los modelos provenientes del norte de Italia». «En su interior conservaban conjuntos pictóricos excepcionales que posteriormente se arrancaron para evitar que fueran a manos de particulares», detalla Castellà. Actualmente se conservan en el Museo Nacional de Arte de Cataluña «y la UNESCO reconoce su valor arquitectónico y la importancia de ser un elemento visible internacional europeo».

Ábside de Santa María de Tahul
El ábside tiene pinturas divididas en tres franjas sobre el cielo, los santos y la tierra. Foto: Centro Románico Valle de Bohí.

Castellà subraya que, dentro de las pinturas del ábside central de Santa María de Tahul, «vemos a la Virgen con el Niño y los tres Reyes Magos adorando». Y que el espacio está dividido en tres franjas: «En la superior está el mundo celestial, en el espacio intermedio aparecen los personajes santos que son mediadores y en la zona inferior el mundo terreno». Josep Mauri destaca que las imágenes están elaboradas por tres escuelas diferentes y «cuando la gente las contempla, se queda embelesada y sorprendida. Llevan más de 900 años siendo una gran catequesis».

Pero, como señala la responsable del Centro del Románico, «aparte de las pinturas del ábside central, han llegado a nuestros días muchas pinturas de la nave sur, la fachada de poniente y las columnas que salieron a la luz a principios del siglo XX; cuando se revalorizó el románico y comenzaron las expediciones de redescubrimiento financiadas por el Instituto de Estudios Catalanes».

Fachada de Santa María de Tahul
En todo el valle viven 1.122 personas. La despoblación durante siglos preservó originales estas joyas casi milenarias. Foto: Centro Románico Valle de Bohí.

Finalmente, Josep Mauri explica que otro de los valores por los que la UNESCO reconoce este conjunto es «porque la liturgia se ha mantenido de forma ininterrumpida desde su fundación». Santa María de Tahul y el resto de iglesias son las parroquias de sus pueblos, por lo que se lleva casi 1.000 años celebrando Misa en estos tesoros. «Es muy importante en estos tiempos, en los que parece que el secularismo se adentra en nuestra sociedad, porque nos invita a la trascendencia y buscar la belleza», concluye.