Cuba espera al Papa - Alfa y Omega

Cuba espera al Papa

María Martínez López
Ilustración: Asun Silva.

El Papa Benedicto XVI viaja a Cuba la semana que viene, para encontrase con los católicos que viven allí. En Cuba, no siempre ha sido fácil decir que uno es cristiano, ya que, desde hace más de 50 años, existe una dictadura comunista que pretende que los cubanos vivan sin Dios. Arístides Ramos es catequista desde hace 40 años, y cuenta las dificultades por las que pasan los niños para acercarse a Jesús: el Gobierno controlaba «las escuelas católicas para que no se hablase a los niños de Dios. Nosotros, los catequistas, incluso teníamos que ir a las casas de los niños para buscarlos y llevarlos a la iglesia para la catequesis. Alrededor de los templos», la dictadura «organizaba juegos y fiestas que atrajeran a los niños y los alejaran de las catequesis», o de las celebraciones religiosas.

Los catequistas y los niños se enfrentaban a «una presión que infundía gran temor; nadie podía expresar frases populares, como por ejemplo Gracias a Dios». A Arístides, incluso, las autoridades le arrestaron y le enviaron casi tres años a un campo de trabajo obligatorio. En estos sitios, se trata a la gente como esclavos para que cambien de ideas o dejen de ser creyentes. Con él, no lo consiguieron. Al final, «la perseverancia de nuestra Iglesia, el desvivirnos por ser verdaderos cristianos, predicar en silencio con nuestras buenas obras…, todo fue creando una visión positiva de los cristianos y nos ganamos el respeto de todo el mundo».

Hoy, en Cuba esperan con ansia la visita del Papa Benedicto XVI, para que se repita lo que ocurrió cuando Juan Pablo II les visitó, en 1998. La persecución se alivió un poco, «salieron en libertad más de 300 presos políticos y, desde entonces, los cubanos podemos celebrar la Navidad oficialmente». Gracias a esa visita, «se produjo un avivamiento de la fe en nuestro pueblo: los padres iban en oleadas a bautizar a sus hijos y a prepararlos para la Primera Comunión, las iglesias estaban abarrotadas y el pueblo pudo expresar con libertad su fe». Todo ello, gracias a la visita del Papa y al sufrimiento que, durante años, ofrecieron los católicos cubanos, incluidos los niños.