Desde La Habana, monseñor Rouco, para Alfa y Omega. Tener como obispo a un cardenal supone mucho - Alfa y Omega

Desde La Habana, monseñor Rouco, para Alfa y Omega. Tener como obispo a un cardenal supone mucho

Don Antonio María Rouco, a quienes le llamamos ya señor cardenal, al saludarle aquí en Cuba, responde inmediatamente que no es cardenal hasta el 21 de febrero, fecha del consistorio; ése es el momento canónico, recalca, y puntualiza que, antes, el Santo Padre lo que hace es dar a conocer públicamente a quiénes quiere hacer cardenales

Redacción

¿Cuándo tuvo la primera noticia?
Como todo el mundo, a las doce de la mañana del domingo.

Pero el Papa contactaría con usted anteriormente.
Sí, claro.

¿Qué significa para la diócesis de Madrid tener un arzobispo que es cardenal? Lo sentimos como un honor.
Siempre es un honor, porque es un oficio que recibe el obispo diocesano de manos del Papa, en el sentido de que la responsabilidad de los diocesanos se amplía.

¿De qué manera?
Sobre todo, en el sentido de ayudar al Papa en las cuestiones que le encomiende al cardenal. El meollo teológico de este cargo es el de asistir al Papa en el Colegio que hereda la función de lo que puede llamarse los servicios del clero de Roma, y que la hereda de una manera tal que nace de la Iglesia universal y se proyecta hacia la Iglesia universal.

¿Y desde el punto de vista del corazón, emocionalmente?
Eso me une mucho más, si cabe. Vincula de una forma mucho más íntima y cordial, si es que puede ser, al Santo Padre.

Le va a tocar participar en el próximo Conclave… Elegirá al Papa del próximo siglo…

Eso no se sabe. Puedo faltar yo antes. Éstas son preguntas muy especulativas. Todo es don del Espíritu Santo en la Iglesia, confiamos en Él.

¿Quiere decir algo especial desde aquí a los madrileños?
¡Ah, yo los quiero mucho! Les digo que se sientan convocados de nuevo a vivir su vocación cristiana con una generosidad y una amplitud como la que se corresponde con el alma de la Iglesia y, por lo tanto, con una mayor exigencia misionera, para llevar el Evangelio al mundo, y más comprometida con los más pobres. Esto es lo que supone tener como obispo a un cardenal.

¿Qué espera de esta visita del Papa? ¿Había estado ya aquí?
No, es la primera vez. He visto la ciudad, he ido a la catedral con el cardenal Ortega. Y he visitado los sitios históricos, como el Palacio de los Capitanes Generales. Pero sobre todo es el núcleo eclesial, religioso de La Habana cristiana, lo que más nos ha impactado a mí y a todos los obispos españoles.

Un momento extraordinariamente emotivo para el alma gallega del cardenal Rouco, ha sido el recibimiento que le ha dedicado el Centro Gallego de La Habana, con gaitas, cantos y chiquillas mulatas y rubias vestidas de galleguiñas. Si hubiera sido Fraga, hubiera llorado, comentaban algunos. «Me ha llegado al fondo del alma», confiesa nuestro cardenal.