Cáritas, en Cuba. La mayor institución humanitaria de la isla
Cáritas es la mayor institución humanitaria de Cuba: suple las carencias que experimenta la Seguridad Social del país y realiza una labor extraordinaria, que quiere evitar, en todo momento, cualquier connotación política. Es un trabajo que no podría ser realizado sin la ayuda de los católicos españoles
Cáritas de Cuba se ha convertido en una de las pocas instituciones capaces de cubrir las carencias que experimenta la Seguridad Social de Cuba tras la caída del imperio comunista soviético.
Sin embargo, lo más destacado de esta labor, que se concentra principalmente en la distribución de leche en polvo a los ancianos, medicinas gratuitas a los enfermos, alimentos y otro tipo de ayudas a las familias de los presos, es que en ningún momento ha sido utilizada con motivos políticos o de proselitismo: las ayudas se distribuyen también entre los no católicos, y en ningún momento quiere convertirse en una especie de resistencia anticastrista.
El Gobierno ha recibido con alivio la ayuda que presta la Iglesia católica en Cuba. «Es una colaboración muy positiva para solucionar los problemas de nuestro país», declaró Isidoro Gómez, de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido comunista.
La Cáritas cubana no sólo tiene que afrontar el desafío de conseguir este tipo de ayudas, en estos difíciles momentos económicos que atraviesa el país, sino que además tiene que superar una auténtica telaraña burocrática con la que el Gobierno dificulta su acción en favor de los más necesitados. En declaraciones publicadas por la agencia AP, el director de Cáritas de Cuba, Rolando Suárez, reconoció: «El diálogo con el Gobierno ha sido instrumental».
El especialista en asuntos cubanos Wayne Smith asegura que Cáritas Cuba logró algo parecido a un milagro a fines de 1996, cuando persuadió al Gobierno a aceptar la mayor parte de la ayuda que los exiliados cubanos en Miami enviaron a las víctimas del huracán Lili.
«Cáritas sabe cómo operar dentro de un sistema difícil para lograr resultados», dijo Smith, exjefe diplomático de Estados Unidos en Cuba durante el gobierno de Jimmy Carter. Las autoridades se indignaron cuando muchos paquetes llegaron con inscripciones que consideraron políticas: Del exilio, y Pan, amor y libertad.
Se negaron a distribuir el arroz, los fríjoles y la leche en polvo, y los almacenaron en depósitos cerrados. Después de negociaciones con directivos de Cáritas, el Gobierno accedió a distribuir unas tres cuartas parte de las 32 toneladas de ayuda (24 toneladas) a las víctimas del huracán en las zonas más afectadas. En aquella ocasión, el gobierno alabó la labor de ayuda realizada por Cáritas.
Los directivos de Cáritas han mantenido una actitud sumamente pacífica ante la proximidad de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba. Cuando otros grupos religiosos se quejaron por el reciente decreto del Gobierno que limitaba las compras al por mayor a las organizaciones religiosas, la obra de caridad de los católicos de la isla continuó su labor sin comentarios. «No podemos comprar comida en grandes cantidades. Es un problema para nosotros, pero seguimos adelante», reconoció Rolando Suárez.
El Gobierno ha puesto otro tipo de impedimentos a la labor de Cáritas. Recientemente, ha rechazado sus propuestas de crear empleos, producir alimentos y construir viviendas, a pesar de que estas medidas quedarían bajo el control del Gobierno.
Cáritas cuenta con 36 empleados a tiempo completo y con más de 3.000 voluntarios en las diez diócesis católicas de la isla. Su presupuesto anual, de 5 millones de dólares, es financiado principalmente con donaciones procedentes de España y otras partes de Europa.