La voz del Magisterio - Alfa y Omega

La voz del Magisterio

Papa Juan Pablo II

La Iglesia, a lo largo de toda su vida, mantiene con la Madre de Dios un vínculo que comprende, en el misterio salvífico, el pasado, el presente y el futuro, y la venera como madre espiritual de la Humanidad y abogada de gracia… Siguiendo la línea del Concilio Vaticano II, deseo poner de relieve la especial presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de su Iglesia. El Año Mariano deberá promover una nueva y profunda lectura de cuanto el Concilio ha dicho sobre la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, a la que se refieren las consideraciones de esta encíclica… La espiritualidad mariana, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven entre los distintos pueblos y naciones de la tierra… Observo complacido cómo en nuestros días no faltan nuevas manifestaciones de esta espiritualidad y devoción. Este Año comenzará en la solemnidad de Pentecostés. Se trata de recordar no sólo que María ha precedido la entrada de Cristo Señor en la historia de la Humanidad, sino de subrayar además, a la luz de María, que desde el cumplimiento del misterio de la Encarnación, la historia de la Humanidad ha entrado en la plenitud de los tiempos y que la Iglesia es el signo de esta plenitud. Como pueblo de Dios, la Iglesia realiza su peregrinación hacia la eternidad mediante la fe, en medio de todos los pueblos y naciones, desde el día de Pentecostés. La Madre de Cristo, que estuvo presente en el comienzo del tiempo de la Iglesia, cuando a la espera del Espíritu Santo rezaba asiduamente con los apóstoles y los discípulos de su Hijo, precede constantemente a la Iglesia en este camino suyo a través de la historia de la Humanidad. María es también la que, precisamente como esclava del Señor, coopera sin cesar en la obra de la salvación llevada a cabo por Cristo, su Hijo.

Encíclica Redemptoris Mater, 47-49 (1987)