Acabar con el aborto en tu país, o evitar que se apruebe. Sí, se puede. Nosotros lo hemos hecho - Alfa y Omega

Acabar con el aborto en tu país, o evitar que se apruebe. Sí, se puede. Nosotros lo hemos hecho

El aborto no es una fatalidad inevitable: se puede reducir, se puede abolir, y se puede impedir su legalización. Para ello, hacen falta políticos comprometidos, un Estado de derecho que funcione, y, sobre todo, una sociedad civil fuerte

María Martínez López
Manifestación en Polonia, en 2007, a favor de la reforma constitucional que habría prohibido completamente el aborto.

El aborto no tiene por qué ser una cuestión de izquierdas o derechas. Para defender eficazmente al no nacido, es clave que haya políticos comprometidos con la vida, más allá de las siglas. Un ejemplo es Chile, que durante dos décadas ha conseguido mantener la prohibición del aborto. No han faltado presión por parte de varias agencias de la ONU, que denunciaban que esta prohibición era contraria a los derechos humanos. Pero las leyes provida del país han resistido, gracias a la capacidad de los políticos provida de colaborar entre sí y movilizar a otros, aun siendo de distintos partidos. En 2006, una mayoría parlamentaria de dos tercios frenó un de intento de legalizar el aborto. Otra tentativa fracasó el mes pasado. Y el actual Presidente, don Sebastián Piñera, se ha comprometido a vetar una hipotética ley del aborto. La Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida, nacida en Santiago de Chile en 2007, intenta aplicar este modelo de transversalidad a nivel global.

No sólo es posible mantener leyes provida, sino también dar la vuelta a una legislación abortista. Ha sucedido en Polonia, donde la lacra del aborto llegó con los nazis, y se mantuvo durante la dictadura comunista, con un pico de hasta 272.000 abortos en 1962. Tras la caída del Muro, el país comenzó a librarse de esa herencia y, en 1993, se aprobó la actual ley de supuestos, similar a la española de 1985. Con una diferencia: las autoridades se esforzaron por hacerla respetar, y se pasó de 82.000 abortos en 1989, a 151 en 1999.

A un paso de la prohibición

Aprobar una ley que reduzca las muertes es un gran primer paso; pero, para muchos, resulta insuficiente. La meta es acabar con el aborto, y no es tan utópica como parece. En 2007, Polonia estuvo a punto de incluir, en su Constitución, la defensa del no nacido. Lo apoyó el 60 % de los parlamentarios, pero hacía falta el 67 %. El pasado agosto, el Parlamento rechazó por sólo 5 votos una proposición para prohibir el aborto. Era fruto de una petición popular que había conseguido, en dos semanas, 600.000 firmas. El 65 % de los polacos —y el 76 % de los menores de 24 años— apoyaban el cambio.

El dato subraya que, al final, lo más importante es una sociedad civil fuerte. Prueba de ello es Irlanda. Su Constitución protege la vida desde la concepción, aunque se permite abortar fuera del país en algunos casos. En 1992, la Corte Suprema sentenció que una mujer podía abortar si amenazaba con suicidarse, y se pensó que esto llevaría a la liberalización del aborto. Pero, en 20 años, ningún Gobierno la ha aprobado. Esto, a pesar de las presiones internacionales, incluida una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en 2010, condenando las restricciones al aborto en el país. Esta resistencia se puede atribuir, más que a los políticos, al trabajo del movimiento provida, que, a raíz de la sentencia de 1992, vio la necesidad de fortalecerse para plantar cara. Y ahí están los frutos de su compromiso.