El mundo «tiene necesidad de una Europa fuerte y justa», le dijo el pasado sábado el Papa a la canciller alemana, Angela Merkel, según contó la mandataria democristiana en una rueda de prensa posterior. Fue la tercera de sus referencias en los últimos días a la necesidad de afrontar la crisis de un modo equitativo, sin agrandar las brechas sociales ni perjudicar a los más débiles. El miércoles, el Papa había pedido «una reforma financiera que sea ética y produzca, a su vez, una reforma económica saludable para todos». Al recibir el miércoles a un grupo de nuevos embajadores ante la Santa Sede, el Pontífice advirtió de que los desequilibrios actuales «se derivan de las ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando así a los Estados el derecho de controlar».
«El miedo y la desesperación se adueñan del corazón de muchas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir disminuye; la indecencia y la violencia van en aumento, la pobreza se hace más evidente. Hay que luchar para vivir y, con frecuencia, para vivir de una forma que no es digna», denunció el Papa. «Una de las causas de esta situación, en mi opinión, radica en la relación que tenemos con el dinero, en aceptar su dominio sobre nosotros y nuestras sociedades. Así, la crisis financiera que estamos atravesando nos hace olvidar su origen primero, situado en una profunda crisis antropológica. ¡En la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. El antiguo culto al becerro de oro ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro ni objetivo verdaderamente humano».
El mismo miércoles, al recibir al Comité Ejecutivo de Caritas Internationalis, el Obispo de Roma comparó la situación actual con la que rodeó la construcción de la Torre de Babel, cuando a un ladrillo se le daba más valor que a una vida humana. Del mismo modo, hoy preocupan «las inversiones financieras», mientras «se muere de hambre, se muere de enfermedad la gente».
Ésta es «una época de crisis muy grave. Y no es solamente una crisis económica», dijo el Papa, con palabras improvisadas, transcritas por Radio Vaticano, al responder a preguntas de los presentes. «Nuestra civilización se ha confundido, y en vez de hacer crecer la creación para que el hombre sea más feliz y sea la mejor imagen de Dios (éste es un mandato que tenemos), hace crecer la creación e instaura —la palabra es dura, pero creo que es exacta— la cultura del descarte. El que no sirve, se descarta, a la basura. Los niños, los ancianos, con esa eutanasia encubierta que se esta usando, y los más marginados. Ésa es la crisis que estamos viviendo».
Con respecto al papel de Cáritas en estos momentos, el Papa explicó que, «en tiempo de guerra y de crisis, hay que curar a los heridos, hay que curar a los enfermos», pero después, en cuanto sea posible, hay que «promover», enseñar a usar la caña de pescar, dar a las personas «un instrumento para que se puedan ganar la vida».