185.000 personas piden al Consejo de Europa que proteja a los bebés que sobreviven a un aborto

Uno de cada 30 niños abortados a partir de la semana 16, y uno de cada diez a partir de la 23 nacen vivos, y son rematados fuera o abandonados hasta que mueren. 185.000 personas han firmado una petición a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa para que investigue esta situación, que en España podría afectar a 200 niños al año; y tome medidas para garantizar que estos niños reciben atención médica igual que cualquier otro prematuro

María Martínez López

Uno de cada 30 niños abortados a partir de la semana 16, y uno de cada diez a partir de la 23 nacen vivos, y son rematados fuera o abandonados hasta que mueren. 185.000 personas han firmado una petición a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa para que investigue esta situación, que en España podría afectar a 200 niños al año; y tome medidas para garantizar que estos niños reciben atención médica igual que cualquier otro prematuro

En 2010, el mundo se conmovió por la lucha de un bebé abortado en Italia que sobrevivió fuera de su madre 24 horas. Había sido abortado con 22 semanas por tener labio leporino. Salió vivo, y los médicos lo pusieron en un paño y lo colocaron en un contenedor a la espera de que muriera. Horas después, alguien notó movimiento y se lo contó, en confesión, al capellán del hospital. El sacerdote descubrió el cuerpecito luchando por vivir. Fue trasladado a otro hospital donde los médicos intentaron estabilizarlo, pero finalmente falleció. Una historia similar ocurrió, en el mismo país, en 2007. Su protagonista habría sido coetáneo de Amillia Taylor, el bebé milagro que sobrevivió tras nacer a las 21 semanas y seis días de gestación.

Para evitar que se repitan historias así, mucho más frecuentes de lo que se cree, tres asociaciones se han unido para presentar ante el Consejo de Europa una petición en defensa de los derechos de los recién nacidos que sobreviven a un aborto. Se trata de la Oficina Católica Internacional del Niño (BICE), la Federación de Asociaciones Católicas de Familias en Europa (FAFCE) y el Centro Europeo para la Ley y la Justicia (ECLJ). Cuenta, además, con las firmas de 185.000 ciudadanos europeos en apoyo de la petición. La Oficina de la Asamblea Parlamentaria ha recibido oficialmente la petición y la ha remitido al Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos.

Sus peticiones, presentadas en abril ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, son tres: que se investigue y se informe sobre la situación de los niños que nacen vivos durante un aborto provocado; que se reafirme que todos los seres humanos nacidos vivos tienen el mismo derecho a la vida, garantizado por el artículo 2 de la Convención Europea de Derechos Humanos, y que todos deben poder beneficiarse de atención sanitaria apropiada, sin sufrir discriminación por las circunstancias de su nacimiento; y, por último, que se recomiende a los Estados miembros que tengan en cuenta el umbral de viabilidad de los fetos humanos en su legislación sobre el aborto.

Abandonados, asfixiados o tirados a la basura

«El tabú que rodea a estos niños es propicio a un abuso tan grande como imposible es controlarlo», escribe Grégor Puppinck, Director general del ECLJ, a la Presidenta de la Asamblea, Anne Brasseur. De diversas noticias aparecidas en los medios y de los testimonios de testigos presenciales se desprende que «estos niños son con frecuencia abandonados sin cuidados, dejados de lado en una habitación vacía o armario, donde luchan por respirar, a veces heridos por el aborto, antes de morir solos».

Después son incinerados con desperdicios orgánicos. «Algunos podrían ser asfixiados o tirados a la basura a pesar de mostrar signos de vida», al mismo tiempo que en alguna habitación contigua «los médicos intentan salvar a niños prematuros de la misma edad gestacional».

«No ayudar a algunos recién nacidos y dejarlos morir sin atención simplemente porque no son queridos es inhumano; es una violación de su dignidad y de sus derechos humanos más fundamentales. Matar a los recién nacidos o dejarlos morir solos en agonía constituye infanticidio con el agravante de tortura». Sobre todo si se tiene en cuenta que, como han demostrado numerosos estudios, «los bebés prematuros y los fetos sienten al menos tanto dolor, si no más, que los adultos».

En muchos países de Europa, se puede abortar a niños de 21 o 22 semanas. En caso de nacer prematuros, estos niños podrían sobrevivir. A partir de la semana 16, muchos abortos son, simplemente, una inducción del parto. Se tiene la esperanza de que el bebé muera durante el proceso, o se le administra una inyección letal en el cordón umbilical. Pero el procedimiento es complejo, y puede ocurrir que el bebé salga vivo del cuerpo de su madre, en contra de la voluntad de ésta y de la de los médicos.

En España podrían ser 200

No se dispone de muchos datos de con cuánta frecuencia ocurre esto. Según el escrito presentado por los promotores de la petición, entre 2000 y 2011, 622 niños sobrevivieron a un aborto en Canadá, y 362 en Estados Unidos entre 2001 y 2010. En el Reino Unidos, las estadísticas sobre mortalidad perinatal del año 2005 recogieron 66 muertes neonatales posteriores a un aborto, 50 antes de las 22 semanas y 16 después. Un niño, de menos de 22 semanas, respiró solo durante más de diez horas.

Desde entonces –recoge el informe de Puppinck–, estas estadísticas han excluido los datos relativos a abortos provocados. En este país, la Asociación Médica Británica y Real Colegio de Obstetras y Ginecólogos han recomendado que si un niño sobrevive a un aborto se le trate como a un prematuro –aunque para evitarlo, también recomiendan que se mate al feto antes de inducir el parto–.

Según un estudio publicado en 2007 en el British Medical Journal of Obstetrics and Gynaecology, se calculaba que uno de cada 30 abortos a partir de las 16 semanas y el 9,7% de los practicados a las 23 semanas resultaba en el nacimiento de un niño vivo. Si se aplican estos porcentajes a los abortos practicados en España en 2013, estaríamos hablando de unos 200 niños nacidos vivos y dejados morir o rematados al año en nuestro país.

«Sólo la Asamblea Parlamentaria puede actuar para la protección de estos recién nacidos, y debe hacerlo». Con todo, los promotores de la petición no son muy optimistas, puesto que la Asamblea Parlamentaria no es la primera institución ante la que la presentan. En julio de 2014, el Comité de Ministros no respondió a una pregunta escrita por «falta de consenso». Unos meses después, en noviembre, el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa se negó a examinar esta cuestión. «Debería dar vergüenza al Consejo de Europa, porque manifiesta su consentimiento implícito al infanticidio». Tampoco «es probable que se reciba respuesta a través del procedimiento establecido por la Convención Europea de Derechos Humanos».

María Martínez López