13 días, 45 muertos y gritos pidiendo el regreso del sah: las claves de las protestas en Irán
Hasta 390 localidades, muchas pequeñas, se han sumado a unas protestas en Irán marcadas por la descentralización y un descontento económico que mira más allá del régimen de los ayatolás
Dentro de la represión del Gobierno de Teherán a las protestas en Irán, que se han extendido por todo el país desde finales de diciembre, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, ha denunciado este viernes las restricciones de acceso a internet global. Según informa y ha podido comprobar EFE, desde primera hora de la tarde del jueves dejó de ser posible conectarse a páginas web de fuera de Irán. Incluso las VPN, un dispositivo que se utilizan para acceder a aplicaciones bloqueadas en el país, no funcionan.
«Debe de ser estupendo poder tuitear desde Europa y usar internet libremente para discrepar públicamente con los líderes, sin ser arrestados, golpeados, y sin que se inutilicen las telecomunicaciones del país. Eso es lo que pide la gente en las calles de Irán…», ha publicado Metsola este viernes desde su cuenta personal en la red social X.
Imagine waking up to learn your family is being held hostage and their internet is cut to hide what comes next. What would you ask of those who can help?
— Masih Alinejad 🏳️ (@AlinejadMasih) January 9, 2026
That is Iran today. And this is the ask of millions of Iranians.
Is this too much to ask? 💔 pic.twitter.com/1XIuyumKT6
Respondía así a las críticas de la Embajada del país en Bélgica, que tachó de «hipócrita» su apoyo a los manifestantes en Irán. El jueves, la presidenta de la Eurocámara los había elogiado por «querer romper las cadenas de la opresión». En la primera reacción de un alto cargo de la UE, aseguró que «el mundo está viendo una vez más como el valiente pueblo iraní se pone en pie» para «hacer frente a la crueldad de un régimen centrado en conservarse en el poder en lugar de defender los derechos».
Desde las periferias
Según un análisis publicado por el portal Asia News, una de las características de la oleada de manifestaciones que desde el 28 de diciembre ha llegado a 390 ciudades en las 31 provincias del país es su descentralización. A diferencia de otras ocasiones las protestas «no se han encendido, como en el pasado, en la capital o en los grandes centros urbanos, sino que se han iniciado en los pequeños pueblos».
En un primer momento las protagonizaron los comerciantes y pequeños empresarios por la inflación y la devaluación de la moneda. Luego se sumaron otros grupos, como los estudiantes. Y llegaron incluso a las provincias más leales al régimen de los ayatolás, como Qom y Masshad.

El análisis cita a Iran Wire, que tras estudiar cuatro regiones ha concluido que el detonante está vinculado a años de promesas de desarrollo incumplidas, la pobreza generalizada y las infraestructuras deficientes. En su raíz no estaría solo el embargo económico liderado por Estados Unidos, sino «décadas de mala gestión del liderazgo en el poder».
La ciudad de Malekshahi (provincia de Ilam) ha sido el escenario de uno de los episodios más sangrientos. El sábado 3 de enero, miembros de la Guardia Revolucionaria abrieron fuego abiertamente contra los manifestantes y dejaron varias víctimas mortales y heridos. Luego «surgieron noticias de que los agentes habían irrumpido en el hospital» de Ilam donde habían sido trasladados.
En todo el país, según la ONG Irán Derechos Humanos, los muertos son al menos 45 —ocho de ellos menores—. Hay además más de 2.000 detenidos. Teherán habla de «agentes terroristas» de Estados Unidos y el líder supremo, el ayatolá Ali Jomeini, criticó que «están devastando las calles» para «complacer al presidente de otro país».
Nostalgia del sah
El análisis de Asia News apunta también, como un factor de estas protestas, la «pérdida sustancial de confianza en el Estado después de las derrotas militares y en política exterior» del año pasado. Por ejemplo, la «guerra de los doce días» con Israel y el debilitamiento de grupos chiitas como Hizbulá en el Líbano o los hutíes en Yemen.

Por último, alude a los eslóganes pidiendo el regreso del sah Reza Pahlaví, derrocado en la revolución de 1979, con cánticos como «esta es la última batalla, Pahlavi volverá». Frente a otras protestas como la Ola Verde de 2009, cuando el referente era el ex primer ministro Mir Hossein, que no dejaba de ser un miembro del establishment, el paso «a una nostalgia monárquica abierta muestra cómo una parte creciente de la sociedad ya no ve a las facciones internas de la República Islámica como un camino hacia el cambio».
Los reclamos han llegado a tal extremo que Pahlaví ya ha comparecido estos días ante medios de comunicación estadounidenses. Se declaró listo para «guiar una transición hacia la democracia» y expresó su esperanza de que el país persa viva «un cambio pacífico».