Yo he venido al mundo como luz - Alfa y Omega

Yo he venido al mundo como luz

Miércoles de la 4ª Semana de Pascua / Juan 12, 44‐50

Carlos Pérez Laporta
Ilustración: Freepik.

Evangelio: Juan 12, 44‐50

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la Palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Comentario

¿Qué significa que Jesús ha «he venido al mundo como luz»? Significa que su manera de vivir, su mirada sobre las cosas y su voluntad clarifican la vida, que la vuelven más nítida. Y no sólo eso: Él mismo en persona es luz, porque en relación con Él comprendemos mejor la vida. Como el niño que pierde de vista a su madre en la calle, sin Él nos sentimos extraviados, como si no termináramos de entender la vida, como si todo nos fuera extraño. Nuestro corazón mismo se vuelve opaco, como si no termináramos de entender lo que deseamos realmente hacer en la vida, como si anduviésemos a ciegas buscando no se sabe qué. Creer en Jesús significa no vivir en la oscuridad: «El que cree en mí no quedará en tinieblas», ha dicho Él.

Eso es así, porque en la persona de Jesús se manifiesta a Dios: «el que me ve a mí, ve al que me ha enviado». En Jesús se expresa de forma personal y humana el sentido de la realidad y de nuestra humanidad tal y como lo había pensado Dios: «yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar». Cristo es la luz que ilumina el sentido del mundo, porque en Él se conoce a quien lo hizo y pensó. De ahí que creer en sus palabras sirva para «para salvar al mundo». En la palabra de Jesús el mundo queda salvado del absurdo, y cobra sentido. Queda salvado de la muerte, porque la intención De Dios al crear el mundo es la vida eterna: «su mandato es vida eterna».

Por lo mismo, «el que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día». Porque el que no cree a Jesús se siente condenado a las sombras: vive confundido, en las tinieblas del pecado y de la muerte, y en el absurdo de una vida sin eternidad.