Yacouba, hermano, tu vida es unión - Alfa y Omega

El 8 de septiembre de 2020, a bordo de una precaria embarcación, llegaba Yacouba al sur de Tenerife. Recaló en El Fraile, donde acudía a las clases de español del proyecto Sansofé, impulsado por la Delegación de Migraciones de la diócesis de Tenerife, y a cuantas actividades organizaba el colectivo Aquí Estamos. El pasado 30 de diciembre falleció dejando un gran vacío. Sirvan estas palabras como humilde homenaje. 

Eran las cuatro de la tarde y bajo un sol de justicia, el imán nos invitaba a unirnos en fraterna oración por el eterno descanso de tu alma. Se acercaba el momento del último adiós. Cansados como estábamos, asistimos al rezo con respeto y admiración. Apenas unas cuantas horas nos separaban de aquella cama de hospital en la que, cogidos de la mano, nos ofreciste tu última enseñanza en vida. Durante días sufriste en silencio con tal de no molestar, aceptando una realidad que sabías irreversible.

Las olas del mar quisieron que nuestros caminos se cruzaran a este lado del Atlántico. Ligero de equipaje, llegaste a Europa con el anhelo de brindar un futuro mejor a tu hija pequeña, a quien dejaste atrás soñando con volver a abrazarla pronto. Lleno de esperanza y con la ilusión de volver algún día a tu tierra natal, hiciste cuanto estaba de tu mano para aprender el idioma y abrirte un hueco en el precario sistema laboral al que están abocados los migrantes. Tu fuerza, coraje y espiritualidad han inspirado a muchos, sobre todo a los más jóvenes del grupo. 

Desgraciadamente, ese abrazo nunca llegará, pero tu vida no ha sido en vano. Al contrario. Tu paso por el mundo ha sido un regalo para quienes hemos podido transitarlo contigo, y los últimos días a tu lado un profundo aprendizaje. Tu partida ha sido un golpe duro, pero también signo de unión. Amigos, conocidos y desconocidos, sin distinción de credo, ideología o procedencia, nos hemos reunido en torno a tu vida y tejido nuevos vínculos que, seguro, serán duraderos. Descalzos ante el misterio de la vida. Tristes por tu marcha y agradecidos por tu vida. Es difícil describir cómo nos sentimos, pero, sin duda, de este trance surgirán muchas iniciativas en tu memoria. Descansa en paz, Yacouba, hermano.