Vicente Trelles: «Tu tiempo y una sonrisa pueden cambiar la vida de un paciente»
Coordinador del voluntariado de acompañamiento a pacientes de la capellanía católica del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, Trelles ha querido plasmar por escrito en Historias que curan. Crónicas que despiertan el corazón, las vidas que se esconden detrás de las plantas de un centro sanitario. Su experiencia es que «el cariño y la ternura son una revolución silenciosa» que cambia el día e incluso la vida de los pacientes.
—Historias que curan tiene un título muy sugerente. ¿Qué es lo que curan?
—Quizá sea la ceguera que nos impide valorar lo que tenemos. Muchas veces damos por supuesto cosas que no deberían serlo. Por otro lado, en la introducción del libro cito una idea de Pablo D’Ors que creo que tiene mucho que ver con esto, que dice que tocar nuestra pobreza, nuestra debilidad, la enfermedad, aunque sea en la carne o en la vida de otras personas, es fundamental para llevar una vida cristiana.
—¿Hay alguna historia que le haya marcado especialmente?
—Las historias que más me han marcado son las que cuento en el libro, pero realmente cada sábado hay nuevas; cuando uno sabe mirar siempre descubre cosas que ayudan, que hieren, que incomodan, que hacen pensar.
—¿Qué es lo que más suelen necesitar los enfermos cuando alguien se sienta a su lado?
—Alguien que los escuche. No solo los enfermos; a veces los acompañantes agradecen muchísimo también la compañía de los voluntarios, porque necesitan desahogarse y poder hablar con alguien de cosas que no sean medicinas, pruebas, resultados, temores.
—¿Cómo se aprende a acompañar sin invadir?
—Nosotros vamos a visitar a pacientes que han solicitado acompañamiento porque están solos, porque llevan mucho tiempo ingresados, porque no tienen familia en Madrid o porque les gusta que alguien los vaya a ver. Eso facilita mucho el voluntariado, ya que están predispuestos a compartir contigo un pedazo de su vida. Y también la práctica ayuda. Hay que saber mirar la cara de la otra persona y ver qué le está pasando.
—¿Qué lleva a una persona a hacerse voluntaria en un hospital?
—Hay motivaciones más filantrópicas, más religiosas, más espirituales. Yo creo que basta con tener un poco de buen corazón y dos horas un sábado para poder dedicarlas a los demás y ver cómo algo de tiempo y una sonrisa pueden cambiar o el día y a veces la vida de alguien.
—¿Cómo cambia la forma de ver la vida después de pasar tiempo acompañando a enfermos?
—Te ayuda a valorar lo que tienes, a dar gracias a Dios, y ganas en empatía. También el hospital es un sitio de mucha alegría; hay curaciones y hay esperanza.
—En el libro habla de los sacerdotes capellanes. ¿Qué papel juegan dentro del hospital?
—Desempeñan un papel muy importante. Es un modo de prestar una atención holística a los pacientes; se pueden atender sus necesidades físicas, corporales, psicológicas y también espirituales. A mí me ha pasado alguna vez que, al acompañar a uno de los capellanes y en una planta cruzarnos con varias personas, cuando le han visto han pedido si podía entrar a hablar un rato con sus familiares enfermos. Mucha gente lo demanda.
—Habla mucho de la escucha.
—Yo creo que estamos en este mundo para amar y ser amados. Y otro modo de decir lo mismo sería que estamos en este mundo para escuchar y ser escuchados, porque la escucha es una manifestación de cariño. Decía Simone Weil que la atención es una forma de generosidad.
—¿Qué aporta la dimensión espiritual en momentos de enfermedad?
—Cuando entras en una habitación, que suelen ser dobles, enseguida percibes si un paciente tiene fe y el del otro lado no. Son dos ambientes completamente diferentes. Hay ocasiones en las que el otro no tenía ni idea del acompañamiento y está encantado de que vayan a verle voluntarios de vez en cuando, así que pide incorporarse a la lista de los pacientes que solicitan que vayan voluntarios.