Velázquez y Picasso se pasan por las Edades del Hombre
Las Edades del Hombre comienza su nueva andadura en Zamora con EsperanZa. Dos obras de los geniales pintores españoles se suman «a una visión cristiana y positiva del mundo»
Uno de los principales motores del panorama cultural español acaba de abrir sus puertas de nuevo. Desde su primera edición en el lejano 1988, la Fundación Las Edades del Hombre elige por tercera vez la ciudad de Zamora —las anteriores fueron en 2001 y 2016— para su nueva edición: EsperanZa, una muestra de arte en línea con el lema que el Papa Francisco quiso dar al actual año jubilar en el que está embarcada la Iglesia, Peregrinos de esperanza.
Hasta el próximo mes de abril, tres sedes —la catedral zamorana y las iglesias de San Cipriano y de la Magdalena, esta última orientada a hacer llegar al público escolar todo el mensaje artístico de la exposición— alojarán 85 obras procedentes de Castilla y León y de otros puntos de España y Portugal. También habrá otras elaboradas con realidad virtual que se ofrecerán en el museo de la catedral para la estimulación de los sentidos a través de la música, la pintura o la arquitectura.

En la línea más clásica, El Greco, Francisco de Goya, Gregorio Fernández, Juan de Juni, Francisco de Zurbarán, Pedro Berruguete o Francisco Salzillo pasearán su arte por los pasillos de la muestra. Pero las novedades excepcionales de esta edición son una aportación de Diego de Velázquez —una Inmaculada procedente de la iglesia de la Magdalena de Sevilla— y otra de Pablo Picasso —una Anunciación del museo dedicado a él en Barcelona—.
El comisario científico de EsperanZa, Sergio Pérez Martín, no quiere hablar de «gancho». Con todo, es consciente de que dichas novedades atraerán estos meses el interés del público junto a «toda la riqueza del arte castellanoleonés», más habitual en Las Edades del Hombre. Así, cuenta que hay un capítulo titulado «Misión» en el que aparecen diversas obras en torno a la Anunciación, «la Buena Noticia por excelencia», en línea con el lema de la muestra este año. Aquí aparece una pequeña tablita pintada por Picasso con tan solo 15 años. «En ella se percibe el trabajo de un aprendiz que ya mostraba su soltura con el pincel, y que permite asomarse a toda la magia que tiene la escena».
Hacia el final del recorrido, el capítulo «Amén» alude a los momentos previos a la segunda venida de Cristo. Y ahí está la obra de Velázquez, una pieza también de juventud, no firmada porque entonces solo era un mero aprendiz en el taller de otro pintor más reconocido. «Solo recientemente ha sido atribuida al artista sevillano», explica Pérez Martín, quien anima al visitante a buscar, «casi como un detective», la huella que dejó el pintor en la parte de abajo del cuadro: un barco con velas hacia delante desplegadas en lo que parece un anagrama con dos D y una V, precisamente las iniciales de Diego de Velázquez. «Se trata de un acicate más para venir a verlo a Zamora», afirma con humor.
Otro rasgo distintivo de esta edición es la invitación que se ha hecho al arte portugués a participar, por ejemplo con un óleo que representa a san Sebastián firmado por Francisco de Zurbarán, llegado desde Lisboa. Hay además piezas de arte más contemporáneo, con autores zamoranos como el escultor Baltasar Lobo y una de sus maternidades, o la pintora Ele Pozas y su sobrecogedora representación de la angustia. Tampoco faltan firmas reconocidas de la escultura del siglo XX, como las de Venancio Blanco o Pablo Gargallo.

Realidad virtual
Junto a todo ello, el museo catedralicio ofrece la posibilidad de hacer una experiencia de realidad virtual con unas gafas especiales que permiten al visitante «acceder a una visión de la esperanza distinta a lo que nos ofrece hoy la sociedad». Se trata de una invitación «en consonancia con la fe cristiana», por la que se hace patente que «la esperanza no viene de la nada, sino que precisa un trabajo previo y un recorrido común, muy distintos del desánimo al que a veces se respira a nuestro alrededor».
En este sentido, Las Edades del Hombre de esta edición concluyen con un Cristo salvador del mundo, de Pedro Berruguete, y un Cristo en majestad rodado de santos, de Gil de Encinas, que «dan el cierre a todo lo que hemos buscado con esta exposición», asegura Sergio Pérez Martín. Se trata sencillamente de «un discurso positivo accesible para el visitante a través de una experiencia vivencial». Por eso, todas las piezas seleccionadas, junto al guion de la muestra y los trabajos de montaje e iluminación —«muy innovadores con respecto a otras ediciones»— quieren transmitir «un mensaje de buena esperanza y una visión cristiana y positiva del mundo».