«Una diócesis con cuatro seminaristas no puede tener un seminario» - Alfa y Omega

«Una diócesis con cuatro seminaristas no puede tener un seminario»

El Papa Francisco defiende la creación de seminarios interdiocesanos para atender mejor a los futuros sacerdotes y ante la reducción en número de candidatos. «Hace falta una comunidad», ha dicho

Fran Otero
El Papa Francisco recibe en audiencia a la comunidad del Seminario Pontificio Regional Pío XI. Foto: CNS / Vatican Media

El Papa Francisco ha recibido este jueves a la comunidad del Seminario Regional Pontificio Pío XI de las Marcas, situado en Ancona (Italia) y en el que conviven seminaristas de varias diócesis. Un encuentro que ha aprovechado para dar las gracias a los obispos de esta zona por «el testimonio de comunión eclesial que han dado» con esta institución. Porque, según ha continuado el Papa, «una diócesis que tiene cuatro, cinco o seis seminaristas no puede tener un seminario, hace falta una comunidad».

«En un momento de la historia en el que asistimos –tanto fuera como dentro de la Iglesia– a cierres de tipo provincial, la experiencia de comunión que estáis viviendo es un buen ejemplo también para otras diócesis que, compartiendo un proyecto formativo común, se verán ayudadas a encontrar formadores y profesores adecuados para el gran reto del acompañamiento de las vocaciones», ha añadido.

El Pontífice ha dedicado el grueso de su discurso a comentar las cuatro dimensiones de la formación de los futuros sacerdotes, tal y como aparecen reflejadas en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Dimensiones, ha dicho, que «van juntas, y una actúa sobre la otra».

«No os distanciéis de vuestra humanidad, no dejéis fuera de la puerta del seminario la complejidad de vuestro mundo interior, de vuestros sentimientos y afectividad. No los dejéis fuera; no os encerréis en vosotros mismo cuando atraveséis un momento de crisis o de debilidad. Es propio de la humanidad hablar de ello», ha dicho a los seminaristas para abordar la primera dimensión.

A nivel espiritual, les ha pedido que la oración no sea ritualismo, sino un momento para encontrarse con Dios. «Y si te enfadas con Dios, enfádate, porque enfadarse con tu papá es una forma de comunicar amor. No tengas miedo, Él entiende ese lenguaje, es padre», ha agregado. También ha dicho que hay que estar atentos para que la liturgia y la oración comunitaria «no se conviertan en una celebración de nosotros mismos».

Sobre el estudio ha destacado que debe ayudar a adentrarse con lucidez y competencia en la complejidad de la cultura y el mundo actual. «No tengáis miedo. Pero, tienes que entenderlo, tienes que dialogar y tienes que anunciar tu fe y anunciar a Jesucristo a este mundo, a este pensamiento. Es ahí donde debe encarnarse la sabiduría del Evangelio. Y el reto de la misión que os espera requiere, hoy más que nunca, competencia y preparación», ha insistido.

Finalmente, ha abordado el aspecto pastoral: «Se es sacerdote para servir al Pueblo de Dios, para ocuparse de las heridas de todos, especialmente de los pobres. Disponibilidad para los demás: esta es la prueba segura del sí a Dios. Y nada de clericalismo. […] El verdadero pastor no se separa del pueblo de Dios»

Una invitación a la lectura y a no ser rígidos

Francisco ha concluido con varios consejos a los seminaristas. En primer lugar, los ha invitado a leer a los escritores que han sabido escrutar el alma, y ha citado a Dostoievski: «Leed a los grandes humanistas. Un sacerdote puede ser muy disciplinado, puede ser capaz de explicar bien la teología, incluso la filosofía y muchas cosas. Pero si no es humano, no sirve de nada. Que se vaya y sea profesor. Pero si no es humano no puede ser sacerdote: le falta algo. Le falta el corazón ¡Expertos en humanidad!».

A renglón seguido ha pedido que el seminario no los aleje de la realidad, ni de los peligros ni los demás. En este sentido, ha sido muy crítico con la cerrazón y la rigidez. «La rigidez está algo de moda hoy en día y es una de las manifestaciones del clericalismo. Y el clericalismo es una perversión del sacerdocio. Cuando encuentro a un seminarista o a un joven sacerdote rígido digo que le pasa algo malo por dentro. Detrás de toda rigidez hay un grave problema, porque la rigidez carece de humanidad», ha concluido.