Un cura secuestrado en Nigeria: «No me pidieron que me convirtiera» - Alfa y Omega

Un cura secuestrado en Nigeria: «No me pidieron que me convirtiera»

Andrew Anana fue secuestrado dos veces en Nigeria. Es uno de los 212 sacerdotes y seminaristas raptados desde 2015. Además, el país lidera la lista de agentes de pastoral muertos violentamente en 2025

María Martínez López
Un sacerdote nigeriano celebra un bautizo en el norte del país.
Un sacerdote nigeriano celebra un bautizo en el norte del país. Foto: ACN.

«Llegaron a mi casa de noche», relata a Alfa y Omega Andrew Anana, sacerdote de la diócesis de Kafanchan (centro-norte de Nigeria). Era el 5 de julio de 2021. «Bandidos armados fulani» rompieron las puertas y entraron, disparando al aire esporádicamente. «Me hicieron andar descalzo por el bosque toda la noche. Luego me golpearon con palos y machetes exigiendo dinero». A pesar de que sus secuestradores eran fulani, un pueblo de pastores musulmanes, «no me pidieron que me convirtiera. Sí me preguntaron de dónde sacaba dinero y cómo funcionaba la Iglesia económicamente». Finalmente, con su propia cuenta y la ayuda de familia y feligreses se pudo pagar por su liberación tres días después. La historia se repitió en noviembre de 2023. 

Anana es uno de los 212 presbíteros y seminaristas secuestrados en el país desde 2015, según un informe de la conferencia episcopal difundido por Ayuda a la Iglesia Necesitada. De ellos, cuatro continúan desaparecidos y seis, incluido Anana, han sufrido este delito dos veces. Los datos no representan el total; solo lo ocurrido en 41 de las 59 diócesis del país, sin incluir congregaciones religiosas, explica Audu Babangida, responsable nacional de Cáritas y miembro del departamento de Justicia, Desarrollo y Paz del episcopado, que lo elaboró. 

Su objetivo es ofrecer un diagnóstico real del problema para evitar «informaciones distorsionadas», señala Babangida. Quieren evitar tanto que se niegue o minimice como que se exagere. Desglosando los datos, explica que los secuestros son más frecuentes en Abuja, Kaduna y Plateau, entre el centro y el norte; y en el sureste, sobre todo en Anambra e Imo. Esa zona es de mayoría cristiana pero «se ha dicho que los pastores» fulani pueden estar entrando.

Babangida presenta el informe a los obispos nigerianos.
Babangida presenta el informe a los obispos nigerianos. Foto cedida por él mismo.

Sobre las metas de los captores, opina que los problemas «empezaron con una motivación política», pues los grupos armados «atacaban comisarías», por ejemplo. Con el tiempo, se fue incorporando una perspectiva religiosa «y finalmente se añadieron las razones económicas: saben que los sacerdotes son inofensivos y es fácil llevárselos sin resistencia». Y aunque la Iglesia no asume los rescates, «tienen simpatizantes, familia y amigos dispuestos a pagar». La propia cuñada de Babangida fue raptada de febrero a junio pasado, aunque «probablemente el objetivo era yo» o al menos se contaba con que él haría el desembolso.

«Algunos secuestradores son empáticos y otros despiadados», también en función de sus intereses, prosigue el responsable de Cáritas. «Pueden decir “es una persona religiosa, que no le pase nada”, porque estén interesados» en el precio que piden por ellos. Pero si tienen una motivación religiosa, el trato suele ser peor. Hay casos en los que «la misión es matarlos», incluso si antes «intentan sacar dinero». Otros son asesinados por resistirse. Desde 2015, 15 presbíteros y seminaristas han muerto a manos de sus captores o como consecuencia del rapto. Es el caso de varios de los tres sacerdotes y dos seminaristas asesinados en el país durante 2025, según recoge el informe anual de la agencia Fides (vinculada a Obras Misionales Pontificias) sobre agentes de pastoral fallecidos de forma violenta.

El sacerdote Sylvester Okechukwu, de Kafanchan (como Anana); y los seminaristas Andrew Peter y Emmanuel Alabi, ambos de Edo (sur) fueron asesinados o murieron durante su secuestro, los primeros en marzo y el último en julio. A ellos se suman los presbíteros Godfrey Chukwuma Oparaekwe, de Abia, y Matthew Era, de Enugu, ambos al sur, asesinados sin secuestro previo en junio y septiembre. 

Dentro de un informe que supone uno de los mejores datos de los últimos años —17 agentes de pastoral muertos de forma violenta en el mundo—, preocupa el peso de África —diez víctimas— y de Nigeria en particular —cinco—. Con todo, la Iglesia local evita vincular este fenómeno solo a la persecución anticristiana. «Están matando a personas», revindica Babangida. «Nos debería preocupar que maten a alguien, sea cristiano, musulmán o no creyente».