Un cura de Limoges tras el incendio de su Ayuntamiento por los disturbios: «Nos faltan las palabras»

Un cura de Limoges (Francia) tras el incendio de su Ayuntamiento por los disturbios: «Faltan las palabras»

Los obispos de Francia han condenado la «violencia inaceptable» de este fin de semana. Piden «no dejarse arrastrar» y abordarán lo ocurrido en su Plenaria de noviembre

María Martínez López
El Ayuntamiento de Limoges, del siglo XIX, en llamas.
El Ayuntamiento de Limoges, del siglo XIX, en llamas. Foto: AFP / Pascal Lachenaud.

Los obispos de Francia han denunciado la «violencia inaceptable» de los «graves disturbios» que se han producido por todo el país este fin de semana «al margen de las manifestaciones previstas y autorizadas» contra la subida del coste de la vida. En la mañana de este lunes, 2.331 personas permanecían detenidas. Hay 600 agentes heridos. 

El presidente, Emmanuelle Macron, no ha querido aceptar la dimisión del ministro de Interior, Laurent Nuñez, que reconoció que «el sábado perdimos el control en algunas grandes ciudades». El comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Francia enumera, además de los policías atacados, «tiendas saqueadas, instalaciones públicas degradadas, edificios representativos de las instituciones estatales saqueados».

Son escenas que «han sumido al país en el asombro, el miedo y la desolación, lo que plantea múltiples preguntas sobre las causas profundas de esta crisis». El comunicado pide «a todos que no se dejen arrastrar por el engranaje de esta violencia mortal: nuestro país merece algo mejor que eso». 

Vandalismo en Estrasburgo. Foto: Reuters / Kai Pfaffenbach.
Vandalismo en Estrasburgo. Foto: Reuters / Kai Pfaffenbach.

Los obispos expresan el «apoyo y solidaridad» de la Iglesia a todos los heridos y a los comerciantes afectados por el vandalismo. «Con todos los creyentes, rezamos para que cesen estos disturbios, que las justas reivindicaciones sean escuchadas y tomadas en cuenta, y que, mediante la práctica del diálogo y el respeto a la justicia, pueda volver la paz».

«¿Qué esperanza podemos albergar?»

Una de las escenas que el fin de semana ha dejado grabada en la retina de los lectores y espectadores es la del Ayuntamiento de Limoges ardiendo, víctima de un incendio provocado que acabó con una de sus torres. Es «un duro golpe», admitió el domingo en Misa el sacerdote François Renard, de esta ciudad. «Nos faltan las palabras. Sentimos tristeza, desolación; tal vez también ira e incomprensión». 

Renard se preguntaba «qué esperanza podemos albergar en un mundo donde la violencia» parece «imponerse al diálogo, al respeto y a la fraternidad». Y recordaba que «nuestra fe nos recuerda una verdad esencial: el mal y la violencia nunca tendrán la última palabra. Allí donde algunos destruyen, otros tendrán el valor de reconstruir». Una esperanza que tiene el rostro de «Cristo resucitado». 

«Quizá sea esta, hoy, nuestra responsabilidad como cristianos: no añadir más ira a la ira», sino ser «artífices de paz». «Una ciudad puede ver cómo sus edificios se reducen a cenizas, pero nunca debe permitir que arda aquello que constituye su alma: la fraternidad, el respeto y la confianza entre sus habitantes». 

El párroco, además, pedía «por aquellos a quienes la ira, el sufrimiento o la desesperación arrastran por los caminos de la violencia. Para que puedan reencontrar las sendas del diálogo y la fraternidad». 

Marcha por la Paz tras los pasos de Juan Pablo II y León XIV

Entre los artesanos de paz de los que hablaba el sacerdote de Limoges, estaban los cristianos, musulmanes y judíos que en Lyon habían convocado una Marcha por la Paz con motivo del 40 aniversario del encuentro interreligioso de oración por la paz protagonizado por el Papa san Juan Pablo II en Asís (Italia) en 1986. La cita, además, se producía menos de un mes después del encuentro del Papa León XIV con líderes de distintas religiones en Metz, durante su viaje al país galo. 

Desgraciadamente, dada la situación de violencia, las autoridades pidieron a los organizadores retrasar la marcha. En un comunicado, el obispo, Olivier de Germany, lamentaba lo ocurrido, acataba las indicaciones y animaba a quienes tuvieran pensado asistir a que «recemos por la paz y seamos artesanos de paz». 

Hoguera durante una protesta en París el sábado. Foto: Reuters / Abdul Saboor.

Un obispo sentado con los jóvenes

Sin embargo, junto con la condena, son varias las voces eclesiales que han pedido no utilizar la violencia como excusa para ignorar las reivindicaciones legítimas de quienes protestan. Benoît Bertrand, obispo de Pontoise, aseguraba en un comunicado que «las escenas de saqueo, caos y desolación» del sábado, que condenaba, «no pueden dejarnos en silencio. La violencia nunca construirá el futuro de los jóvenes». 

Pero al mismo tiempo relataba cómo apenas el jueves pasado había estado dialogando con 35 estudiantes de secundaria de la educación pública. «Me expresaron sus preocupaciones y preguntas ante un futuro incierto. Las entiendo y las comparto». 

Pedía que «este clima perjudicial» no impida «abordar las preguntas reales planteadas por estos jóvenes. Son profundas y graves. Abren una reflexión que debe llevarse a cabo durante mucho tiempo». Y adelantaba que los obispos del país la abordarán en noviembre durante su Asamblea Plenaria en Lourdes. 

También Dominique Lebrun, arzobispo de Rouen, afirmaba en un comunicado que «creemos en Dios y en la juventud que Jesús ama y salva. No nos resignamos». Y aseguraba que «continuaremos con entusiasmo nuestra misión educativa en las escuelas, parroquias, movimientos». 

Y lanzaba esta reflexión: «A fuerza de prometer la luna, a fuerza de no cumplir sus promesas, a fuerza de cambiar a los responsables gubernamentales sin cambiar nada, a fuerza de diluir la responsabilidad moral detrás de las leyes y reglamentos, a fuerza de abusar de la libertad, en desprecio por los demás y, finalmente, por uno mismo, a fuerza de destruir la familia y los valores educativos primarios, a fuerza de dejar de creer en el respeto de la vida, ¿cómo pueden aquellos que viven fracasos, desilusiones y pobreza injusta creer en el diálogo y la buena voluntad de sus gobernantes y de toda autoridad?».