León XIV señala a los líderes religiosos su «responsabilidad» de «desarmar los corazones y las palabras»
El Santo Padre ha cerrado un encuentro interreligioso en Metz en el que las distintas tradiciones se han comprometido al diálogo constructivo, educar a los jóvenes para la comprensión mutua y «permanecer unidos» ante las adversidades
«Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre», ha insistido una vez más, en la mañana de este lunes, el Papa León XIV. En su discurso durante el encuentro interreligioso en Metz, primer acto de su último día en Francia, ha reivindicado que «nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina».
Al contrario, «el discurso religioso debe apelar constantemente a desarmar los corazones y las palabras». Y dirigiéndose a los representantes religiosos presentes, el Pontífice les ha dicho que «esto comporta la responsabilidad directa de cada uno de nosotros, en cuanto guardianes de nuestras respectivas tradiciones».
“Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica
— Eva Fernández (@evaenlaradio) September 28, 2026
inspiración divina”
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León XIV ha aterrizado en torno a las 9:00 horas en el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine, procedente del de Tarbes-Lourdes-Pyrénées. Desde allí se ha dirigido en coche cerrado al Centro de Congresos Robert Schuman, erigido en la ciudad que es cuna de este padre de la Unión Europea. Al llegar, le han recibido representantes de las distintas religiones presentes. Tras los saludos protocolarios, se ha leído el bautizado como Llamamiento de Metz.
«Dialogar no disminuye nuestra identidad»
Al comienzo de su intervención, el Santo Padre ha reconocido sus sentimientos de «gran alegría», pero también de «responsabilidad espiritual». Se lo suscitaban el estar en un centro dedicado a Schuman y también el participar en una cita interreligiosa en una «ciudad de fronteras y de encrucijadas».
De Robert Schuman, ha subrayado cómo «este hombre de fe y de convicciones supo transformar las antiguas líneas de fractura en puntos de esperanza para toda Europa, y se convirtió en un verdadero embajador de la unidad en la diversidad». Y ha subrayado que, «siguiendo su ejemplo, nuestra responsabilidad» como personas religiosas es «testimoniar que, más allá de las fronteras, siempre es posible reencontrarse, establecer la amistad y construir la paz».
El Santo Padre, recordando a Francisco, ha señalado que «dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad, abriéndose a la diferencia del otro». Ha citado asimismo a san Juan Pablo II, quien «consideraba el diálogo como una exigencia intrínseca de la naturaleza misma del hombre».
Y, en palabras de Paul Ricoeur, «es el camino por el que reconocemos la alteridad como una promesa y no como una amenaza» y «el arte del encuentro», en las antípodas «de la agresividad y de la violencia».

¿Qué pueden hacer ante la eutanasia?
En otro momento de su discurso, ha afirmado que además de «su servicio a la paz y a la fraternidad», la «fecundidad de las tradiciones religiosas se manifiesta» de igual forma «en su capacidad para proteger, acompañar y servir a la vida». En una constante de sus discursos en el país galo, ha subrayado que «la grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en la que abraza, protege y eleva la persona humana».
En este sentido, «las religiones son guardianas de la vida: ellas afirman su valor sagrado. Su fecundidad se demuestra en su presencia amorosa junto a las personas más vulnerables y más frágiles». Este servicio a la vida implica «envolverla en cuidados, presencia y ternura, sobre todo en la prueba, hasta el final», ha dicho en la enésima alusión a la reciente ley de eutanasia aprobada el verano pasado en el país.
No es esta la única responsabilidad de las religiones ante las tendencias que atentan contra la vida en alguna de sus etapas. «A nosotros, que estamos abiertos a la trascendencia, se nos encomienda la misión de ofrecer puntos de referencia sólidos, en particular a los jóvenes, para construir una comunión que respete y valore la dignidad de toda persona humana», ha añadido el Pontífice.
El Santo Padre ha concluido su discurso expresando el deseo de que «la bondad infinita de Dios y su sabiduría nos acompañen y nos enseñen a vivir cada vez más como hijos suyos y como hermanos». Y de que los creyentes seamos, «allí donde vivamos, artesanos de paz y testigos de una esperanza que no cese de crecer».
«Ninguna paz se construye sin la presencia del otro y en contra del otro», concluye el Llamamiento de Metz. Lo han leído diversos líderes religiosos en presencia de León XIV a su llegada al centro de congresos Robert Schuman en esta ciudad fronteriza con Alemania.
El texto incluye tres compromisos concretos de los responsables de las distintas comunidades religiosas presentes en Francia. El primero es «fomentar diligentemente un diálogo constructivo entre nosotros».
Además, «continuar educando a las nuevas generaciones en la comprensión mutua de nuestras tradiciones». Y, por último, «permanecer unidos incluso en la adversidad para trabajar por la promoción de la justicia y la paz».
Antes, el texto expresa su «gran preocupación» al ver «que nuevos brotes de violencia y guerra surgen continuamente en nuestro mundo». Aunque, añadía, «la paz no puede limitarse a la ausencia de guerra» sino que implica, entre otros cimientos, la justicia y la preocupación por la casa común. Además, como «la paz también se construye dentro de cada uno de nosotros», «el diálogo, la oración y la meditación abren caminos» hacia ella.
El Llamamiento denuncia asimismo el aumento de ataques contra personas y lugares de culto «por su origen o su fe». Y expresa su oposición «al veneno del totalitarismo, del que esta tierra ha sufrido tanto», antes de incidir en que las tradiciones espirituales no deben emplearse para justificar la violencia.
«Deseamos contribuir a abrir caminos de reconciliación rechazando la lógica de la venganza». En un mundo polarizado, «queremos fomentar una auténtica cultura de educación para la paz» a la que contribuyan también «las familias, las escuelas, las instalaciones recreativas y deportivas».
Esta labor, subrayan los líderes religiosos, «está en plena consonancia con los derechos constitucionales» y la laicidad. «Tenemos convicciones religiosas diferentes pero nos une la responsabilidad de trabajar juntos por la paz mundial y el respeto a la dignidad de cada persona».