«Nosotros no celebramos a los muertos, celebramos la vida, y la vida eterna», explica el sacerdote Juan Merino ante la avalancha comercial y cultural que promueve estos días la celebración de Halloween

Halloween es una fiesta «totalmente comercial», enfocada a «sacar el máximo beneficio» de algo que en realidad «es una fiesta a la muerte, a los muertos, en la que se mezcla la superstición y la explotación comercial», por lo que «se ha perdido el sentido cristiano» que tenía en origen.

Aunque la palabra Halloween es una corrupción de All hallows’ eve (víspera de Todos los Santos), actualmente esta celebración «no tiene ninguna relación con la fe cristiana. Por el contrario, su forma de plantear la vida y la muerte, el bien y el mal, son completamente distintas a las del Evangelio de Cristo y a la Tradición de su Iglesia», explican desde la diócesis de Alcalá de Henares, que ha programado una celebración especial este 31 de octubre con motivo de esta fiesta genuinamente cristiana.

Halloween es «una celebración de la muerte, del terror y de la fealdad, además de una americanada. Y para la sectas satánicas es el día más importante del año, la noche en la que se cometen más sacrilegios y profanaciones», dice Merino, párroco de Santa María del Parque.

En esta tarde-noche son muchos los padres que quieren proteger a sus hijos de la parafernalia sangrienta que asusta a los más pequeños, y por eso cada vez son más las parroquias de toda España que optan por organizar la celebración de Holywins (los santos vencen). En Santa María del Parque, en Madrid, organizan cada año un concurso de disfraces de santo, y cada niño tienen que contar a los demás su historia. También hubo una exposición del Santísimo con los más pequeños, «un rato muy bonito e impresionante. Igual que los santos alaban a Dios en el Cielo, nosotros hacemos lo mismo aquí en la tierra. Lo que queremos es mostrar a los niños la belleza de aquello a lo que estamos llamados: la santidad, la amistad con Cristo, el Cielo», cuenta el párroco.

Y para los mayores es necesario «devolver a este día su verdadero sentido y celebrar a todos aquellos que siguieron heroicamente a Jesucristo, con una luminosa fiesta de Todos los Santos que desborde alegría y esperanza», cuentan desde Alcalá de Henares, diócesis que cada año organiza, además de un Holywins para niños y una fiesta con testimonios para adolescentes, una vigilia de Adoración y evangelización para los adultos.

Por eso, la fiesta de Todos los Santos es una ocasión perfecta para recordar que «la muerte es solo un tránsito», dice Juan Merino, y que «tenemos que rezar por nuestros difuntos, ir al cementerio en familia y rezar por nuestros familiares. Y pedirles que nos ayuden a convertirnos para llegar a ser santos, porque los santos son personas como nosotros que han secundado la gracia de Dios y ya han llegado a nuestra meta: el Cielo».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo