En su mensaje contra la trata de personas, el Papa denuncia «la esclavitud cibernética»
Su mensaje contra la trata de personas no solo aborda la prostitución, sino también las «estafas en línea y el tráfico de drogas»
Este 8 de febrero la Iglesia celebra la duodécima Jornada Mundial de Oración y Sensibilización contra la Trata de Personas y León XIV ya ha hecho público su mensaje para la ocasión. Apoyándose en el saludo de Cristo resucitado que se recoge en el Evangelio de san Juan —«la paz esté con vosotros»—, el Papa recalca un matiz en el que a menudo insisten los Pontífices: «La verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad que Dios ha dado a cada persona». Es decir, que es un concepto más ambicioso que la mera ausencia de conflictos armados, lo que muchos académicos llaman paz negativa.
León XIV ha rescatado el discurso que ya dio a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede el pasado 9 de enero para profundizar en esta distinción. Entonces les advirtió de que muchos poderosos se ven tentados a buscar la paz «mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio». Con otro colmo, que «en situaciones de conflicto, la pérdida de vidas humanas es, con demasiada frecuencia, desestimada por los promotores de la guerra como un “daño colateral”».

Volviendo al tema central del mensaje, el Papa ha señalado cómo «lamentablemente, la misma lógica de dominio y desprecio por la vida humana alimenta también el flagelo de la trata de personas». Y ha identificado algunas de las muchas causas que la alimentan, como «la inestabilidad geopolítica y los conflictos armados», que «crean un terreno fértil para que los traficantes exploten a los más vulnerables». En especial «a las personas desplazadas, a los migrantes y a los refugiados». Y, dentro de ellos, «las mujeres y los niños son los más afectados por este comercio atroz».
La trata de personas, también en internet
León XIV alerta igualmente de que «la creciente brecha entre ricos y pobres obliga a muchos a vivir en condiciones precarias, dejándolos expuestos a las promesas engañosas de los reclutadores». Algo que no sucede solamente en prostíbulos. El Papa califica como «particularmente perturbador el auge de la llamada esclavitud cibernética, mediante la cual las personas son atraídas a esquemas fraudulentos y actividades delictivas, como las estafas en línea y el tráfico de drogas».
El Papa subraya que, «en estos casos, la víctima es coaccionada a asumir el papel de perpetrador, agravando sus heridas espirituales», pues hacer daño a los demás por obligación también la daña a sí misma. Y diagnostica que «estas formas de violencia no son incidentes aislados, sino síntomas de una cultura que ha olvidado cómo amar como Cristo ama».
La oración, esa «pequeña llama»
¿Qué hacer? Según León XIV, «ante estos graves desafíos, acudimos a la oración y a la sensibilización». Califica la oración como una «pequeña llama que debemos custodiar en medio de la tormenta, pues nos da la fuerza para resistir la indiferencia ante la injusticia». Y sobre la sensibilización, reconoce que «nos permite identificar los mecanismos ocultos de explotación en nuestros barrios y en los espacios digitales». En resumen, sentencia que «la trata de personas solo puede superarse mediante una visión renovada que contemple a cada individuo como a un hijo amado de Dios».

El Papa envía «mi más sincero agradecimiento a todos los que, como Cristo, sirven con delicadeza y consideración al acercarse a las víctimas de la trata, incluidas las redes y organizaciones internacionales». Y tiene un pensamiento especial para los supervivientes «que se han convertido en defensores, apoyando otras víctimas». «Que el Señor los bendiga por su valentía, fidelidad y compromiso incansable», les desea.
Casi al final de su mensaje, recuerda a santa Josefina Bakhita, una sudanesa que fue esclavizada y es patrona de las víctimas de trata y esclavitud. Su vida «se erige como un poderoso testimonio de esperanza en el Señor que la amó hasta el extremo». Por último, llama a la misma paz «desarmada y desarmante» que ya reivindicó desde la logia central de la basílica de San Pedro nada más ser elegido Papa el pasado 8 de mayo.