Todo está hecho y todo está por hacer - Alfa y Omega

No es fácil imaginar el final de algo cuando vivimos envueltos en una especie de espiral infinita en la que nada cesa. Tenemos la sensación de ser los actores de aquellas películas de cine mudo, esas en las que el blanco y negro era tan mágico que no se echaba de menos ni el color, ni siquiera los diálogos. En esas viejas películas, los personajes se movían espasmódicamente y se comportaban más como un autómata que como un ser humano de carne y hueso.

Acabamos de contemplar por doquier escenas del Nacimiento de Jesús de Nazaret: unas repletas de detalles; otras muy austeras; algunas con infinidad de paisajes y personajes; pero en todas solo una cosa era importante: el Niño Dios nacía, Dios mismo se hacía hombre para recordarnos algo esencial: gracias a Su presencia entre nosotros, todo está hecho y todo está por hacer. No hay nada paradójico en esta afirmación. Lo que sí es llamativo es que nos despistemos de lo fundamental. En nuestras vidas sobra ruido, hay demasiado de todo; por eso, poco a poco, vamos perdiendo la medida de las cosas y se nos hace invisible lo que de verdad importa.

Ahora que comenzamos el año, podríamos compartir este propósito sencillo: contención, templanza, sencillez. Después de tanto despilfarro, tras una incontable cadena de caos, poner las cosas en su sitio nos hará ver de nuevo con más claridad. Nos enfangamos en discusiones sin sentido, mientras a nuestro lado desoímos la voz de quien nos necesita; criticamos todo y a todos, sin caer en la cuenta de que un silencio prudente es el mejor amigo de un criterio lúcido; levantamos la voz y nos quejamos de cosas absurdas, pero somos incapaces de mover un dedo para intentar cambiar lo que nos esclaviza.

No perder de vista lo importante; ponernos en manos de quienes nos quieren; tener siempre una mirada amable para descubrir las pequeñas bellezas de cada día; abrir el oído a palabras que no son la nuestra… nos hará mejores personas, porque todas esas cosas nos sacarán de nuestras comodidades; nos recordarán que, más allá de nuestras debilidades, hemos recibido muchos talentos que solo se activan al calor del corazón de otras personas. Eso es lo fundamental de la vida humana: que llega a su plenitud cuando cada uno se olvida de sí mismo y está dispuesto a arriesgarlo todo por amor.