Sosa pide a los jesuitas que compartan «el sufrimiento de las víctimas de abusos»

El superior de los jesuitas, el padre Arturo Sosa, ha enviado una carta a toda la Compañía de Jesús y sus colaboradores invitando a «compartir el sufrimiento de las víctimas de abusos e impulsar una cultura de la protección». El objetivo de la misiva es invitar a «una coherencia de vida y poner como norte de nuestra acción la generación de una cultura capaz de evitar que se repitan situaciones de abuso»

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El superior de los jesuitas, el padre Arturo Sosa, ha enviado una carta a toda la Compañía de Jesús y sus colaboradores invitando a «compartir el sufrimiento de las víctimas de abusos e impulsar una cultura de la protección». El objetivo de la misiva es invitar a «una coherencia de vida y poner como norte de nuestra acción la generación de una cultura capaz de evitar que se repitan situaciones de abuso»

El padre general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, ha hecho un llamamiento a todos los miembros de la congregación para «identificarnos con el Pueblo de Dios que quiere responder al clamor del Papa Francisco». En alusión a la carta del Pontífice, en la que pide que se promueva «una cultura coherente de protección y seguridad de los menores y adultos en situación de vulnerabilidad», Sosa –que reconoce con «dolor y vergüenza» que entre los abusadores también hay «miembros de la Compañía»–, recuerda a los suyos la importancia «de profundizar nuestra comprensión de las causas de las heridas, de reconocer nuestra participación u omisión en ellas, y de encontrar los medios para generar cambios en las estructuras sociales que las provocan».

Para ello, como pide el Papa, es fundamental «la conversión personal, comunitaria e institucional», cuidar «nuestra coherencia de vida y poner como norte de nuestra acción apostólica la generación de una cultura, dentro y fuera de la Iglesia, capaz de evitar que se repitan situaciones de abuso y que garantice la vida sana de todos los seres humanos», asegura el jesuita.

Francisco toma como punto de partida para impulsar un proceso de cambios profundos la oración y el ayuno. «La confusión, la desilusión, la rabia, la sensación de impotencia y la desolación espiritual que esta situación está provocando en tantos miembros del Pueblo de Dios y en tantas otras personas en todo el mundo, requieren una valiente renovación de nuestra fe que abra espacio a lo que hoy nos parece imposible», afirma Sosa. Es preciso, por consiguiente, «inspirarnos en los Ejercicios Espirituales: instar más en la oración, meditación» y «hacer penitencia».

Ayuno y oración que «nos ayudarán como Pueblo de Dios a ponernos delante del Señor y de nuestros hermanos heridos, como pecadores que imploran el perdón y la gracia de la vergüenza y la conversión»; que «nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias», y «que nos lleve a comprometernos desde la verdad y la caridad con todos los hombres de buena voluntad y con la sociedad en general para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia».

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