El día que el Papa mandó a sus bomberos a socorrer a las víctimas de un terremoto
Hace justo diez años, Francisco envió ayuda de urgencia al centro de Italia tras un seísmo que dejó 303 muertos en pocos segundos
Hace diez años, un día como hoy, el centro de Italia amanecía conmocionado tras una larga noche que parecía no tener fin. Un terremoto de magnitud 6.0 sacudió de madrugada a las regiones de Lacio, Umbria, Las Marcas y Abruzzo. El epicentro se situó entre Accumoli y Amatrice, dos de las localidades más afectadas junto con Arquata del Tronto. Perdieron a 303 de sus vecinos en tan solo unos segundos.
Avisado a las 4.15 de la mañana
El temblor sorprendió a todos durmiendo. Fue a las 3.36 de la mañana, lo que hizo más difícil la posibilidad de escapar o salvarse. Esa misma noche, poco después de las cuatro de la mañana, el Papa Francisco fue informado y se decidió enviar a la zona un equipo del Cuerpo de Bomberos del Vaticano. El Pontífice fue inmediatamente a celebrar Misa por los afectados. Seis bomberos partieron entonces hacia Amatrice para incorporarse a las labores de emergencia y búsqueda entre los escombros. Viajaron con un vehículo de intervención y rescate y un todoterreno equipado con material para la extinción de incendios, además de los equipos necesarios para las operaciones de salvamento.
Los bomberos vaticanos trabajaron junto a los equipos italianos de Protección Civil y de bomberos en la búsqueda de personas atrapadas, la recuperación de víctimas y en asegurar los edificios dañados. También colaboraron en la organización del campamento de emergencia instalado en la zona.
Bomberos y rosarios
Junto a los equipos de rescate, el Vaticano envió al día siguiente a seis miembros de la Gendarmería Vaticana. Su tarea fue colaborar con las fuerzas de seguridad italianas en la vigilancia de las localidades afectadas y en la protección de las zonas evacuadas, especialmente para evitar posibles saqueos. La ayuda enviada por Francisco estuvo acompañada de un gesto dirigido a las víctimas y a sus familias. Los bomberos llevaron consigo rosarios y estampitas con la bendición del Papa, que fueron entregados a los párrocos de las localidades afectadas para que pudieran distribuirlos entre los damnificados.
En octubre de ese año, y sin que hubiera sido anunciado previamente, el Papa Francisco visitó la zona. Pudo conocer en persona el desastre monumental que habían dejado los terremotos. En Amatrice, prácticamente el 70 % de los edificios o se vinieron abajo o quedaron severamente dañados. Ese 4 de octubre de 2016, Francisco visitó la escuela provisional y se encontró con las familias. Luego visitó la llamada «zona roja», el epicentro de la destrucción, y rezó por las víctimas.
Francisco se acercó también a Pescara del Tronto, una de las localidades de Arquata del Tronto, donde se encontró con algunos de sus habitantes y volvió a expresar su cercanía a quienes habían perdido a sus familiares y sus hogares.

También Benedicto XIV lo hizo
No era la primera vez que los bomberos del Vaticano actuaban en una zona afectada por un terremoto. También participaron en las labores de asistencia en Onna tras el terremoto de L’Aquila, en abril de 2009. Entonces, Benedicto XIV, informado por el comandante del Cuerpo de la Gendarmería Vaticana, autorizó el envío de bomberos.
El Pontífice alemán también visitó aquella zona del Abruzzo 22 días después del seísmo. Lo hizo mientras los bomberos del Vaticano continuaban trabajando en la localidad junto a los equipos italianos de emergencia.