Sociedad civil e Iglesia se unen en Madrid para proteger a los menores en internet - Alfa y Omega

Sociedad civil e Iglesia se unen en Madrid para proteger a los menores en internet

El esfuerzo conjunto de plataformas como Empantallados, el Proyecto Repara y las diferentes charlas en las parroquias de la archidiócesis aspiran a dotar de herramientas a los agentes de pastoral y llegar a un gran público, aunque este no tenga convicciones religiosas

Rodrigo Moreno Quicios
Elena Martínez recorre colegios de Madrid y del resto de España dando a los chavales claves preventivas.
Elena Martínez recorre colegios de Madrid y del resto de España dando a los chavales claves preventivas. Foto: Empantallados.

«Cuando a un niño le das un móvil, se abre la puerta a unos contenidos. No porque él los busque, sino porque es el contenido quien le busca a él», cuenta a Alfa y Omega Elena Martínez. Es la directora de Empantallados, una plataforma sin ánimo de lucro que recorre los colegios enseñando a sus alumnos —y también a sus padres— a hacer un uso consciente de las tecnologías antes de que un ciberdelincuente se aproveche de ellos. Unas charlas en las que cuentan con «especialistas en temas jurídicos» pero que, más que dar pautas reactivas una vez sufridos los daños, se centran en «hacer una foto de la realidad» y aconsejar «desde la prevención».

«Trabajamos para que los entornos de la Iglesia no solo sean seguros ,sino espacios de acogida».
José Luis Segovia
Vicario Pastoral

Martínez señala que uno de los peligros que acechan a un chaval desde el teléfono es el grooming, es decir que «un adulto se haga pasar por menor, se gane su confianza y le pida imágenes íntimas». Ya dura de por sí, esta agresión digital puede desencadenar más, como la sextorsión, que consiste en «el chantaje con publicar ese contenido íntimo». Para el lector puede resultar evidente que «si a un niño le parece algo muy raro, lo corta enseguida». Pero la directora de Empantallados advierte de que «los malos saben muy bien lo que hacen y empiezan con interacciones aparentemente inofensivas», como una solicitud de amistad de otro supuesto niño en un videojuego en línea. «Nosotros insistimos mucho en no jugar con desconocidos», reitera, pues incluso en pasatiempos especialmente destinados para niños —como Roblox, que presenta una ingenua estética similar al Lego— «hay un submundo muy turbio con pederastas». Entre los centros que Elena Martínez ha visitado, destacan el Colegio Santa Gema Galgani, en el barrio madrileño de Aluche, o el San Javier, en Arganzuela.

Pero no es la única iniciativa en la capital, pues las parroquias también están ofreciendo charlas en este ámbito, como la que impartió el pasado martes José Luis Segovia en San Hilario de Poitiers en el marco de la Escuela Itinerante de Formación Social. Su objetivo, según nos cuenta el Vicario Pastoral de la archidiócesis de Madrid, es combatir «el enorme desconocimiento que se tiene acerca de los peligros del uso indebido del móvil y de las redes sociales». Las llega a definir como «un campo minado» en el que «debe haber limitaciones para los más pequeños» porque, al igual que «un arma mal utilizada puede ser mortífera, el móvil no es un artilugio inocente».

«Se nos piden sesiones de formación ligeras que puedan llegar a todas partes».
Miguel García-Baró
Proyecto Repara

Abierto a todo el público

Miguel García-Baró es representante institucional de Repara, el proyecto para la sanación de víctimas de abusos sexuales en la diócesis madrileña. Destaca que iniciativas como esta charla de José Luis Segovia forman parte de un plan ambicioso «para mostrar la cara auténtica de la Iglesia» y que aspira a «la formación de agentes de pastoral que se puedan hacer responsables en sus parroquias de la supervisión de un campamento de verano». Subraya además que este tipo de sesiones deben estar «abiertas a todo el público», por lo que, aunque su primer ámbito de difusión sean iglesias, centros educativos y otras organizaciones católicas, deben primar los esfuerzos por llegar a la sociedad civil y a las personas sin convicciones religiosas.

En esta línea, valora como «un exitazo» la reciente constitución de la Cátedra Extraordinaria Pro+Tejer en la Universidad Complutense, porque consigue llevar a un entorno secularizado esta preocupación de la archidiócesis. Y adelanta que Proyecto Repara tiene el objetivo de «organizar dos veces al año un curso que se pueda hacer a distancia y que dure tres meses» para formarse en profundidad en la prevención de abusos sexuales. Llama a «estar atento» al sitio web del proyecto durante «las próximas semanas», porque a lo largo de ellas se habilitará la matriculación para una edición que presumiblemente comenzará en febrero de 2026. Y advierte de que estas formaciones tendrán módulos con fuertes contenidos «antropológicos, teológicos y jurídicos» así como «lecturas de cierta exigencia», y se pedirá la elaboración de un trabajo final con todos los estándares. Será un itinerario riguroso que, a su juicio, combinado con charlas más introductorias como la celebrada en San Hilario de Poitiers, aspira a «llegar a todo el público de Madrid de manera eficaz». Para ello pide también la ayuda de las vicarías dando difusión a estos proyectos.

Europa quiere poner límites

La semana pasada, el Parlamento Europeo aprobó una resolución no vinculante que pide fijar en los 16 años la edad mínima en todos los territorios de la Unión para crearse una cuenta en redes sociales o acceder a plataformas de vídeo como TikTok o YouTube. También para emplear aplicaciones de inteligencia artificial —cada vez más comunes— en las que un personaje virtual charla y hace compañía a sus usuarios. Esta propuesta, que aún no se ha convertido en ley, también contempla que los menores puedan acceder a estos servicios con 13 años si sus padres dan su consentimiento.

Para que este tipo de restricciones sean eficaces, el Parlamento Europeo pide crear una app de verificación de edad que, por un lado, proteja la privacidad de los menores y, por el otro, garantice que solo accedan a los contenidos adecuados para ellos.

Otras de las propuestas de esta resolución es regular las interfaces de las aplicaciones para que sean menos adictivas, que ofrezcan publicidad menos personalizada y poner fin a los sistemas de recompensa variables similares a las tragaperras, también existentes dentro de los videojuegos.