Ser puerto refugio de la verdad - Alfa y Omega

El legado de Fernando Ónega, fallecido el martes 3 de marzo, debería ser una herencia para asumir como sociedad. Pero de ninguna manera debería faltar en quienes tienen la misión de informar. En su discurso después de recibir el Premio APM de Honor 2024, mostraba la importancia de que el periodismo sea «puerto refugio de la verdad».

Unas palabras que están en la línea de las pronunciadas en su día por san Tito Brandsma: «Después de las iglesias, la prensa es el mejor púlpito para predicar la verdad». El carmelita holandés, canonizado por el Papa Francisco el 15 de mayo de 2022, murió en el campo de concentración de Dachau el 26 de julio de 1942. Una muerte que fue consecuencia de su vehemente oposición a la ideología nazi.

Tanto Ónega como Brandsma deberían ayudarnos a reflexionar en una sociedad donde el periodismo se ha convertido en instrumento al servicio de intereses particulares. La falta de verdad y de ética, una actitud que va en aumento en la medida en que esos intereses particulares se van imponiendo, va minando la credibilidad y la confianza. Por eso, nuestra sociedad necesita instrumentos que ayuden a que la posverdad no se imponga.

La misión de la Iglesia, que debe ser asumida por todos los bautizados, es ser testigos de Jesucristo Camino, Verdad y Vida. En ese sentido, el pensamiento de Ónega y de Brandsma representa un elemento de reflexión. Cuando la verdad deja de regir la vida del cristiano, se pierde la referencia a Aquel que es Verdad. No podemos caer en la tentación de justificar las mentiras, ni siquiera las medias verdades.

Ser testigos

No podemos, como discípulos de Aquel que es Verdad, ponernos al servicio de los intereses de la mentira. Tampoco es de recibo querer manipular esa Verdad en favor de los intereses de nadie, tampoco de nuestros propios intereses. Cuando cada uno de los que nos decimos cristianos, o la propia Iglesia como un todo, dejamos de ser puerto refugio de la verdad, perdemos la capacidad de ser testigos.

Si, sea por el motivo que sea, miedo, interés, ideología…, dejamos que la mentira guie nuestras decisiones, nos alejamos de aquello que deberíamos ser. No olvidemos que la verdad representa una categoría necesariamente presente en nuestra vida, todavía más si somos discípulos de la Verdad. En una sociedad donde la tentativa de difundir mentiras está presente, servir a la verdad tiene que ser visto como premisa necesaria.

Que el ejemplo de quienes se han empeñado en defender y promover la verdad pueda convertirse en camino a seguir. No perdamos la fe en que la verdad acaba triunfando. Seamos espacio, puerto, refugio de la verdad si queremos preservar todo aquello que nos permite confiar unos en los otros y construir una sociedad en la que los valores permanentes se conviertan en paradigma a seguir por todos.