San Gregorio Taumaturgo: Un Moisés que movía montañas - Alfa y Omega

San Gregorio Taumaturgo: Un Moisés que movía montañas

El 17 de noviembre salta a las páginas del santoral san Gregorio Taumaturgo, una figura legendaria que hizo de los milagros su método pastoral para acercar a muchos a Cristo

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
«Tenía un poder formidable sobre los malos espíritus», dice san Basilio sobre san Gregorio Taumaturgo. Detalle del grabado de Jacques Callot. Metropolitan Museum de Nueva York.

La palabra taumaturgo tiene, incluso entre el pueblo cristiano, un tono peyorativo, como si los milagros fueran un elemento excéntrico a la fe, o como mucho casual y raro, casi reducido solo a lo que pasa en los santuarios marianos. Si taumaturgia es la capacidad de hacer signos y prodigios (del griego thauma, maravilla, y ergos, trabajo), san Gregorio fue un auténtico obrador de maravillas, de esos de los que habla el mismo Señor al final del Evangelio de Marcos: «Los que crean echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos».

Gregorio nació en el año 185 junto las orillas del mar Negro, en Neocesarea del Ponto, la actual Niksar (Turquía), en el seno de una familia acomodada que pronto le mandó a estudiar leyes a Cesarea de Palestina. Allí quedó impactado por una de las columnas del cristianismo de los primeros siglos, Orígenes, quien le llevó a Cristo y le animó a recibir el Bautismo. Años después, Gregorio reconocería que bajo la guía de su maestro «abandoné todo lo que hubiera debido interesarme: negocios, estudios, el derecho, mi casa y mis parientes». 

Comenzó así una aventura singular que le llevó de vuelta a Neocesarea, donde fue nombrado obispo y se dedicó a una evangelización infatigable apoyada por numerosos milagros. Los detalles de su vida se conocen gracias a algunos escritos autobiográficos y a los relatos que dejaron los hermanos san Gregorio de Nisa y san Basilio, cuya abuela santa Macrina llegó a conocer a Gregorio y contó muchos hechos a sus nietos.

Dice precisamente san Basilio que «con la ayuda del Espíritu Santo, Gregorio tenía un poder formidable sobre los malos espíritus», y cuenta que una vez secó un arroyo que era motivo de pleito entre hermanos. También predecía el futuro como los antiguos profetas «y sus milagros eran tan notables que amigos y enemigos le consideraban como un nuevo Moisés».

Por entonces Neocesarea era una zona totalmente paganizada, y Gregorio fundó la primera iglesia en la casa de un personaje notable de la ciudad; a sus puertas se agolpaban los enfermos para que los curara, y así unía a la predicación los signos que daban crédito a su predicación entre el pueblo. Para san Basilio, «narrar detalladamente todas sus maravillosas obras sería tarea bien larga».

Como explica Lourdes Martín, traductora de varios libros sobre carismas dentro de la Renovación Carismática, «Dios hace milagros porque el hombre necesita signos de su presencia. No nos basta saber que Dios es todopoderoso, sino también ver cómo actúa en nuestra vida», y en este sentido menciona cómo san Gregorio aplanó una colina para poder construir en ese lugar una iglesia. «La fe de san Gregorio movía montañas. Él se creía el Evangelio. Para él la fe es lo primero, y los signos vienen después», afirma.

Sobre cómo aunó el santo la evangelización y el carisma de hacer milagros, cuenta que «cuando hay signos a nuestro alrededor, eso ayuda a creer a mucha gente», y si una persona «tiene una predicación fuerte y a eso le une signos, muchos le siguen. Una buena predicación de la Palabra realizada con fuerza produce milagros y logra conversiones. La gente al principio se puede acercar buscando ese milagreo, pero luego se quedan porque el Señor llega a su vida».

Eso pasa también hoy, porque «vivimos en una sociedad descreída que necesita un encuentro personal con Jesucristo que sea inolvidable», y eso se consigue sobre todo «a través de una fe viva mostrada en signos».

Así lo experimentó Gregorio, pues, si cuando llegó a Neocesarea como obispo solo había allí 17 cristianos, a la hora de su muerte, después de 30 años de misión, toda la ciudad se había convertido y solo quedaban 17 paganos.

Bio
  • 185: Nace en Neocesarea del Ponto, actual Turquía
  • 231: Conoce a Orígenes y recibe el Bautismo
  • 235: Viaja a Alejandría huyendo de la persecución de Máximo Tracio
  • 238: Es elegido obispo de Neocesarea del Ponto
  • 250: Escapa milagrosamente de la persecución de Diocleciano escondiéndose en un bosque lleno de soldados
  • 270: Muere en su ciudad natal