Salesiano en Egipto: «Algunos padres musulmanes probablemente son radicales pero están contentos con nosotros»

Salesiano en Egipto: «Algunos padres musulmanes probablemente son radicales pero están contentos con nosotros»

Alejandro León, que fue superior de los salesianos en Oriente Medio, está visitando España para sensibilizar sobre la realidad de esta región. Explica el reto de fomentar la convivencia en Egipto donde la minoría cristiana ha sido discriminada durante siglos

María Martínez López
León con un grupo de jóvenes cristianos en una excursión para ver la esfinge de Guiza. Foto: cedida por Alejandro León.
León con un grupo de jóvenes cristianos en una excursión para ver la esfinge de Guiza. Foto: cedida por Alejandro León.

—¿Qué le trae por España?
—Me pidieron en Misiones Salesianas hacer una semana de sensibilización en escuelas sobre la realidad de Oriente Medio. Se han programado unos talleres muy interesantes para darles a conocer la realidad de Siria, el Líbano, Israel, Palestina y Egipto. El mensaje que estoy intentando dar es el de aprender a escuchar la necesidad de todos y animarlos a tener una sensibilidad por los problemas, pero con equilibrio. No está bien solamente ver los problemas de la gente de mi cuadra y no ver que en el mundo hay más dificultades. Pero tampoco es sano centrarse en los problemas de quien está lejos cuando tu primo o compañero tiene necesidades en las que puedes ayudarlos.

—¿Cómo reaccionan los chicos?
—Bien. Es muy interesante y agradable. Por ejemplo, les impacta entender que en el Líbano son cuatro millones de personas y que ya tienen dos millones de refugiados. Están haciendo actividades como escribir una carta en árabe. Y estamos haciendo otra actividad, titulada ¿Y Si Fuéramos la ONU?, donde cada uno  hace de una de las potencias para ver la dificultad de la dinámicas que hay en el panorama internacional.

—Ha hablado del Líbano, donde estuvo hasta el año pasado. ¿Qué ecos le han llegado de la visita del Papa León XIV hace menos de dos meses?
—Fue una visita muy positiva, con un gran impacto de esperanza y que supuso un gran alivio para muchos.

—Ahora está en Egipto. ¿Qué presencia tienen los salesianos allí?
—Vivo en Alejandría, donde tenemos dos colegios para chavales muy pobres y dos centros juveniles, uno para 250 niños y jóvenes musulmanes y otro para unos 100 cristianos.

—Normalmente en este tipo de proyectos se busca fomentar que muchachos de distintas religiones compartan actividades para promover la convivencia, tan necesaria en países de la región. ¿Por qué en su caso no es así?
—Hay una razón histórica y ahorita habría una razón un poco más pastoral. Históricamente, hasta los años 70 se trabajaba solo con los cristianos. En 1975 salesiano un poco de vanguardia quiso poner en práctica esa perspectiva que dice usted. Solo que, al llegar los musulmanes, muchos los padres de los niños cristianos no se sentían cómodos. En primer lugar, por la discriminación que ellos han vivido desde hace siglos.

Y en segundo, porque en un oratorio, que es un lugar de amistad, sería en cierto sentido natural que surgieran enamoramientos y las leyes van a estar siempre a favor de los musulmanes. Un chico cristiano tendría que convertirse al islam para casarse con una musulmana. A una chica cristiana no se le pediría para casarse con un musulmán, pero si él muriera la custodia de los hijos y toda la herencia pasaría a la familia de él.

Actividad en el centro juvenil para chicos musulmanes en Egipto. Foto: Alejandro León.
Actividad en el centro juvenil para chicos musulmanes. Foto: Alejandro León.

—¿Y qué razones pastorales hay ahora para mantener este formato?
—Mantenemos los oratorios cada uno con su finalidad. La del musulmán es ofrecer un ambiente sano, donde subrayamos los puntos en común, el deseo de hacer el bien, de encomendarnos a Dios, la misericordia. Y de forma un poco indirecta hablamos de temas con un tinte un poco más cristiano, sin mencionar a Jesús: cómo Dios es bueno y nos ama profundamente. En el oratorio cristiano podemos ser más claros. Sin embargo, hacemos actividades juntos, como las de verano y dos o tres fiestas a lo largo del año, con ese objetivo de la convivencia.

De forma similar, en el Líbano tenemos un oratorio para libaneses, otro para refugiados iraquíes, la mayoría cristianos, y otro para sirios, mayoritariamente musulmanes. Y en El Cairo todos son cristianos pero tenemos uno para jóvenes egipcios y otro para refugiados sursudaneses, porque estos eran bastante numerosos, altos y fuertes y jugaban con una cierta violencia, y los chicos egipcios dejaban de ir.

—Salió del Líbano, un país con muchas crisis superpuestas. De hecho, la última vez que hablamos fue sobre la acogida a los desplazados por los bombardeos israelíes. ¿Qué realidad se encontró en Egipto?
—En Egipto siempre ha habido mucha pobreza. La minoría cristiana es muy pobre y también hay muchos pobres musulmanes. Para un misionero es estimulante porque hagas lo que hagas vas a cambiar la vida a mucha gente. Otro rasgo de aquí es que hay más o menos un 25 % de la población un poco favorable a los Hermanos Musulmanes, una tendencia mucho más radical del islam. Es un reto tratar de promover una sociedad con valores de democracia, de un sano laicismo, de mayor convivencia entre todos.

—¿Cuál es la contribución de los salesianos en este sentido?
—Una muy concreta es ese oratorio al servicio de 250 niños musulmanes. Algo similar pasa en las escuelas. En Egipto somos muy apreciados. Entre nuestros padres algunos muy probablemente pertenecen a ese grupo más radical pero están contentos de que sus hijos estén con nosotros. Se sienten respetados. Nunca hemos intentado hace proselitismo sino promover el respeto, la convivencia y la no discriminación. Un pequeño reto es que los cristianos, sintiéndose discriminados, indirectamente pretenden que en las escuelas cristianas hagamos una especie de discriminación positiva.

Alumnos de uno de los colegios salesianos en Egipto. Foto: Alejandro León.
Alumnos de uno de los colegios salesianos en Egipto. Foto: Alejandro León.

—¿Lo hacen?
—Un ejemplo es que siendo mucho más pobres, es natural que los jóvenes cristianos que llegan a nuestra formación profesional vengan intelectualmente más débiles porque han estudiado en escuelas más pobres donde además igual eran discriminados. Discriminar en cuanto a ofrecerles más posibilidades de refuerzo escolar, sí. Lo que no hacemos es lo que algunos pretenden, darles más nota. Lo mismo para elegir profesores: para dar Física quiero al que tenga la mayor calidad; y si es musulmán, bien está. Otra cosa es que entre dos con la misma profesionalidad, elijo al cristiano porque comparte los valores que quiero transmitir. Hay que hacer muchos equilibrios para favorecer el clima que queremos crear y no pagar con la misma moneda de la discriminación.