¿Sabías que hasta 1966 los españoles comíamos carne en Cuaresma?
Mientras toda la Iglesia estaba obligada a abstenerse de carne por las penitencias cuaresmales, los españoles gozábamos de un privilegio especial obtenido por los Reyes Católicos
Todavía es posible ir a hacer la compra a un supermercado y escuchar por la megafonía «estamos en Cuaresma», antes de recordar las ofertas que podemos encontrar en la pescadería. También es habitual ir a un restaurante un viernes de este tiempo litúrgico y hallar un menú especial sin carne para guardar la abstinencia. Ambos son dos recordatorios de un tiempo especial, que va más allá de la liturgia para empapar nuestras costumbres cotidianas. Pero, ¿de dónde vienen todas estas tradiciones que tienen lugar estos días de preparación para la Pascua?
No fue hasta el siglo IV cuando se perfiló una estructura común en la Iglesia para estas semanas previas a celebrar la Resurrección. En aquellos primeros siglos, todo giraba en torno a la Pascua, la gran noche del año, la celebración de la explosión de vida que cambió la historia, en la que muchos catecúmenos entraban en la Iglesia a través del Bautismo.
Ya la Tradición apostólica, uno de los textos de referencia de las primeras comunidades cristianas, incluye la indicación de ayunar dos días antes de la noche santa. Por su parte, la Didaché, el texto que recogía las enseñanzas de los primeros discípulos, pedía a los fieles «ayunar el día cuatro de la semana y la víspera del sábado», y recogía asimismo el precepto de abstenerse de tomar alimento alguno antes del Bautismo. Las Constituciones apostólicas permitían el consumo de pan, legumbres, sal y agua en este tiempo, prohibiendo explícitamente la carne y el vino, mientras que los Cánones de Hipólito tan solo autorizaban consumir pan y sal durante la semana anterior a la Pascua. En Roma, las tres últimas semanas se ayunaba todos los días excepto los domingos.
Con el tiempo, todas las Iglesias fueron siendo cada vez más conscientes de la relevancia de esta celebración, hasta que fue una práctica común a todas las comunidades realizar un ayuno preparatorio de 40 días.
La abstinencia de carne prescrita durante la Cuaresma ha dado origen a una cultura gastronómica particular, que ofrece multitud de variedades a lo largo del mundo. En España, el gran protagonista es el bacalao en salazón, debido a la facilidad para conservarlo: forma parte así del típico potaje de vigilia, acompañado de garbanzos, espinacas y huevo duro.
Ya en el terreno de lo dulce, la reina de estas fechas es la torrija, que sin embargo no le quita el protagonismo a los buñuelos de viento y a los pestiños, todos con una carga energética notable, orientada a mitigar el desgaste de los ayunos cuaresmales. Todos ellos darán paso más tarde a la mona de Pascua, con la que se celebra el fin de la abstinencia y el regreso a la alegría, también en la mesa.
El consenso en torno a este número a lo largo de toda la cristiandad tiene raíces históricas y religiosas. En el Antiguo Testamento, 40 fueron los días del diluvio universal, el mismo número de años que pasó Israel en el desierto antes de entrar en la tierra prometida. Ya en el Nuevo Testamento, Jesús ayunó durante 40 días antes de comenzar su vida pública y un número similar fueron los días que transcurrieron entre la Resurrección y la Ascensión al cielo.
Esta cifra sirvió de base a los primeros cristianos para fijar entonces el tiempo de preparación de los conversos en 40 días. Durante ellos, los neófitos recibían toda la catequesis sobre los misterios que iban a vivir después. En aquella primera hora, el Papa san Telesforo, que subió a la sede de Pedro en el año 125, instituyó el ayuno cuaresmal en las siete semanas previas a la Pascua. Más tarde, el Concilio de Nicea en el año 325 extendió esta piadosa costumbre por todo el orbe cristiano, fijando de manera definitiva la duración actual de la Cuaresma.
Los más mayores todavía recordarán cómo en nuestro país estaba extendida la costumbre de ir a la parroquia a comprar una bula de carne, una especie de salvoconducto para poder consumir alimentos prohibidos cuando la liturgia lo impedía.
Esta costumbre hunde sus raíces en los comienzos del segundo milenio, cuando los Papas empezaron a conceder a los reyes españoles algunos privilegios a cambio de limosnas para financiar las cruzadas. Estas bulas pronto evolucionaron hacia permisos especiales para poder comer carne en Cuaresma. Hay que tener en cuenta que se trataba de tiempos difíciles en los que el alimento no abundaba y en los que el pescado como única fuente de proteínas no llegaba a toda la población.
Unas sugerencias de recetas de monasterios y conventos para este tiempo litúrgico con las que además podrás conocer un poco más de la vida de estos religiosos y religiosas.
• Boladillos de bacalao de las Agustinas Recoletas Nazarenas de Motril (Granada). Leer la receta.
• Cazuela de pescado de las clarisas de La Laguna. Leer la receta.
• Tortilla de pobres de los carmelitas descalzos de Soria. Leer la receta.
• Sopa de coliflor de las carmelitas de Villalba del Alcor (Huelva). Leer la receta.
• Rodajas de merluza cocinadas «a la evacuada» de las salesas del monasterio de la Visitación en Burgos. Leer la receta.
• Potaje de rellenos con legumbres y bacalao de las trinitarias de San Clemente en Cuenca. Leer la receta.
• Cocido mínimo para viernes de Cuaresma de las mínimas del monasterio de Jesús María de Andújar. Leer la receta.
En 1509, el Papa Julio II concedió una bula de carne a los Reyes Católicos para que los españoles del reino pudieran comer carne y huevos durante la Cuaresma. Un poco antes, el noble Íñigo López de Mendoza y Quiñones consiguió para la villa de Meco, en el centro de la península, un privilegio similar. Con el paso de los siglos, España se convirtió en el único país del mundo en el que pervivía esta costumbre: bastaba con acudir a la parroquia y solicitar al párroco una bula de carne, cuyo precio se ajustaba a las posibilidades de quien la pedía, y así mitigar los rigores de la Cuaresma.
En 1966, Pablo VI suavizó las normas cuaresmales y las fijó tal como se conocen hoy: ayuno y abstinencia Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, y abstinencia los viernes de Cuaresma. Al aliviarse la exigencia y ser más fácil acceder a pescado fresco, anuló la bula de carne y con ello la excepción que habían vivido los españoles durante siglos.