Roma acoge el pre-estreno de Un Dios prohibido

La película relata los últimos días y el martirio de los 51 claretianos asesinados en Barbastro al comienzo de la Guerra Civil Española. Al pre-estreno están invitados varios cardenales, arzobispos, personal de las Congregaciones Vaticanas, así como el Embajador de España ante la Santa Sede, superiores generales de las más importantes congregaciones religiosas, miembros de los claretianos y el director del Centro Televisivo Vaticano, Dario E. Viganò. El estreno oficial está previsto para mediados de junio. Los mártires claretianos fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 25 de Octubre de 1992

José Calderero de Aldecoa

La película relata los últimos días y el martirio de los 51 claretianos asesinados en Barbastro al comienzo de la Guerra Civil Española. Al pre-estreno están invitados varios cardenales, arzobispos, personal de las Congregaciones Vaticanas, así como el Embajador de España ante la Santa Sede, superiores generales de las más importantes congregaciones religiosas, miembros de los claretianos y el director del Centro Televisivo Vaticano, Dario E. Viganò. El estreno oficial está previsto para mediados de junio. Los mártires claretianos fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 25 de Octubre de 1992


El próximo martes 21 de mayo el cine Farnese, situado en la ciudad de Roma, acogerá el pre-estreno de la película Un Dios prohibido,dirigida por Pablo Moreno y coproducida por Contracorriente producciones y los Misioneros Claretianos, y que cuenta la historia de los 51 mártires claretianos asesinados por el Frente Popular al inicio de la Guerra Civil Española en el verano de 1936.

Al pre-estreno están invitados varios cardenales, arzobispos, personal de las Congregaciones Vaticanas, el Embajador de España ante la Santa Sede (al que representará el ministro consejero de la Embajada), superiores generales de las más importantes congregaciones religiosas, así como sacerdotes y religiosos españoles, miembros de los claretianos y el presidente de la Fondaziones Ente dello Spettacolo, Dario E. Viganò, que también es Director del Centro Televisivo Vaticano. En la proyección también estarán presentes el director de la película, Pablo Moreno, uno de los actores principales, Jacobo Muñoz, y miembros del equipo técnico.

La película, rodada principalmente en Ciudad Rodrigo, Barbastro y Madrid y que cuenta incluso con escenas filmadas en Roma, se estrenará oficialmente a mediados de junio en Ciudad Rodrigo y, posteriormente, será distribuida comercialmente en cines de toda España. A pesar de que todavía queda un mes para su estreno, el público español ya ha podido disfrutar de algunos fragmentos de la película. El pasado 22 de febrero fueron proyectados diversos fragmentos de Un Dios prohibido en Madrid durante la muestra de cine De Madrid hasta el cielo, dejando un buen sabor de boca entre los asistentes. Tras la proyección hubo un coloquio con los responsables de la película que destacaron que «planteamos el choque de ideales que se confunde bajo el terror de la guerra».

Un Dios prohibido, que terminó de rodarse a finales de 2012, cuenta con aproximadamente 200 figurantes y más de 50 actores entre los que figuran Jesús Guzmán (Atraco a las tres; La muerte tenía un precio; El bueno, el feo y el malo), Elena Furiase (El internado; El libro de las aguas; Cruzando el límite), Juan Alberto López (Arrayán; Cuéntame cómo pasó; Aquí no hay quien viva), Jacobo Muñoz (Blancanieves Boulevard; Pablo de Tarso, el último viaje), además de actores con larga trayectoria en doblaje como Juan Rueda y actores del mundo del teatro como Álex Tormo (director de la compañía Triaca), Guido Balzaretti (Los miserables) y Jerónimo Salas (Madrea de Joses).

Los 51 mártires claretianos

La película cuenta la historia del martirio de los 51 miembros de la comunidad claretiana de Barbastro (Huesca), asesinados por el Frente Popular en agosto de 1936 en los albores de la Guerra Civil Española.

Barbastro, de unos 8000 habitantes en aquella época, era entonces un punto estratégico para los militares, debido a la existencia de cuarteles y de un comité revolucionario de la CNT perfectamente organizado y bajo el mando del coronel José Villalba. La parte anarquista estaba liderada por el joven Eugenio Sopena.

En aquel momento, la comunidad de Misioneros Claretianos de Barbastro estaba formada por 60 personas: 9 Sacerdotes, 12 Hermanos y 39 Estudiantes. Todos a cargo del superior, el Padre Felipe de Jesús Munárriz. Entre los estudiantes se encontraban dos argentinos, Pablo Hall y Atilio Parussini, que se libraron del martirio por ser extranjeros. Esta circunstancia permitió que se conocieran los hechos y vieran la luz las cartas de los martirizados.

La casa de la comunidad claretiana fue asaltada el 20 de Julio de 1936 por milicianos revolucionarios. Los tres padres -Superior, Prefecto y Ecónomo- fueron arrestados. El resto de claretianos fueron trasladados al colegio de los Padres Escolapios, donde fueron encerrados en el salón de actos hasta su fusilamiento. En un primer momento, los padres del Colegio de los Escolapios les ofrecieron colchones y mantas para poder dormir, pero pronto todo les fue requisado, teniendo que afrontar su encierro en unas duras condiciones.

El salón de actos de los Escolapios disponía de varias ventanas por las que la gente del pueblo insultaba a los claretianos y gritaban pidiendo su muerte. Pero no solo el pueblo acosaba a los claretianos, los carceleros buscaban la apostasía de los jóvenes aspirantes a sacerdotes. En una ocasión, por ejemplo, introdujeron en el salón de actos a prostitutas para que tentaran a los encarcelados.

Con respecto a su vida cristiana, conservaron, mientras pudieron, el hábito de la comunión diaria. El Padre Ferrer, escolapio, y el Hermano Vall, el cocinero claretiano, burlando la vigilancia rigurosísima de los milicianos, introducían las Sagradas Formas en el cesto del desayuno. Al repartirlo, el Padre Sierra colocaba a cada uno la suya entre el pan y las onzas de chocolate. En el salón se rezaba de continuo, en pequeños grupos y susurrando, evitando siempre la atención de los guardias, que lo habían prohibido también.

A algunos claretianos como al padre Masip o a Salvador Pigem les ofrecieron la libertad como una forma de pagar favores anteriores o porque eran conocidos de los carceleros, sin embargo estos antepusieron la liberación de toda la comunidad a la suya individual, por lo que finalmente fueron martirizados.

Los claretianos encarcelados durante semanas dejaron su testimonio escrito en los lugares más insospechados del salón de actos: en el taburete del piano, en las tablas del salón, en las paredes. Los seminaristas argentinos Hall y Parussini, al saber que no iban a ser fusilados y que su consulado en Barcelona los embarcaría para Italia, pidieron a los compañeros un recuerdo último para la Congregación. Se lo querían llevar al Padre General en Roma. Tomaron un pañuelo del Padre Sierra, recién fusilado, y les pidieron a todos que se lo pasaran por la frente y le estamparan un beso. Además, en el envoltorio del chocolate que les traía el Hermano Vall para el desayuno, escribieron una carta conjunta para la Congregación Claretiana (carta completa más abajo). El Hermano Faustino Pérez fue el encargado de escribirla y, posteriormente, todos estamparon su firma.

Los padres superiores fueron fusilados el 2 de agosto, el resto los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. Junto a los Superiores, fue martirizado Ceferino Giménez el Pelé, gitano de misa y comunión diaria que a pesar de la insistencia de su hija Pepita no abandonó su rosario. Incluso el obispo Florentino Asensio, preso en su propio palacio desde el 19 de Julio, fue trasladado al colegio de los Escolapios el día 23, torturado y asesinado el día 9 de agosto.

Los Mártires de Barbastro fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 25 de Octubre de 1992.

Carta de despedida de los seminaristas a la Congregación

Al conocer la noticia de su inminente fusilamiento, el Hermano Faustino Pérez, en nombre de todos, redactó esta carta y se la entregó a sus hermanos argentinos Hall y Parussino (que no serían fusilados) para que se le llevaran al Padre General de Roma. En la misiva, todos firmaron y escribieron también su último deseo espiritual.

La carta está escrita en unos envoltorios de tabletas de chocolate. Los dos estudiantes argentinos se la llevaron consigo, oculta entre su ropa personal:

Querida Congregación: Anteayer, día 11, murieron, con la generosidad con que mueren los mártires, seis de nuestros hermanos; hoy, trece, han alcanzado la palma de la victoria 20, y mañana, catorce, esperamos morir los 21 restantes. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están portando tus hijos. Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto. Cuando llega el momento de designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento con generosa impaciencia, y cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban, y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada: cuando van en el camión hacia el cementerio, les oímos gritar ¡Viva Cristo Rey! Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar, aunque suenen los disparos, al Corazón de nuestra Madre, a Cristo Rey, a la Iglesia Católica, y a ti, Madre común de todos nosotros. Me dicen mis compañeros que yo inicie los ¡vivas! y que ellos ya responderán. Yo gritaré con todas la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiastas adivina tú, Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros recuerdos hasta estas regiones de dolor y muerte.

Morimos todos contentos sin que nadie sienta desmayo ni pesares: morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolores y angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo. Los Mártires de mañana, catorce, recuerdan que mueren en vísperas de la Asunción. ¡Y qué recuerdo éste! Morimos por llevar la sotana y moriremos precisamente el mismo día en que nos impusieron.

Los Mártires de Barbastro, y en nombre de todos, el último y más indigno
Faustino Pérez. C. M. F.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós, querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós, adiós!

José Calderero @jcalderero