Para que los donantes de órganos vayan al cielo - Alfa y Omega

Para que los donantes de órganos vayan al cielo

La Fraternidad de Donantes y Trasplantados de la Virgen de la Paloma, en Madrid, une «bajo la mirada de nuestra Madre» a todos los implicados en el mundo del trasplante

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Miembros de la fraternidad junto a su patrona, la Virgen de la Paloma. Foto: Deporte y Trasplante Madrid

«Yo fui un día a la Virgen de la Paloma para pedir un riñón, y al día siguiente ya me estaban operando para trasplantarme. Por eso, como agradecimiento, quiero acercar a la Virgen a todos los que estamos en este mundo del trasplante», afirma Sergio Cobos, presidente de la Fraternidad de Donantes y Trasplantados de la Virgen de la Paloma, en Madrid, que el pasado sábado organizó en la parroquia madrileña una Misa en memoria de todos los donantes de órganos. 

«Queremos que la persona que nos ha salvado la vida vaya al cielo. Ha hecho algo por nosotros que no se lo podemos devolver de otra manera mejor», añade Cobos. Este madrileño de 43 años, padre de seis hijos y medallista en los últimos Juegos Europeos de Trasplantados, desvela que «a mí me dio su riñón una chica de Getafe a la que no conozco de nada, pero rezo por ella y quiero para ella lo mejor, el encuentro con Cristo». Por eso, en la fraternidad «rezamos por todas aquellas personas que nos donaron sus órganos y que nos han regalado años de vida». 

La fecha elegida para esta celebración anual se enmarca en las cercanías de la fiesta del Corpus Christi, Día de Caridad, «porque con ello queremos significar que, cuando Dios se dona en la cruz, está dándonos la vida a los que estábamos muriendo. Eso que hace Cristo espiritualmente es lo que hace un donante físicamente», dice Sergio Cobos. 

Para el presidente de la fraternidad, «donar es una obra de misericordia, de amor puro, tanto si una persona viva dona da algo de sí misma como si una familia dona los órganos de un ser querido, con los que pueden salvar la vida de hasta ocho personas». 

«Un tipo con suerte» 

En la junta directiva de la fraternidad hay trasplantados de corazón, de médula y de riñón, y bajo su impulso en 2019 obtuvieron de la Congregación para el Culto Divino el reconocimiento de la Virgen de la Paloma como patrona de los donantes y de los trasplantados madrileños. Entre ellos está Pablo Delgado de la Serna, vicepresidente, al que le fallaron los riñones con apenas 6 meses de edad y ya ha sido trasplantado en tres ocasiones, la primera vez a los 17 años. «Entre tres familias me han regalado 22 años de vida», asegura con gratitud, aunque hace pocos meses perdió el tercer trasplante y las complicaciones de su enfermedad han hecho que le hayan tenido que amputar una pierna.

Ahora pasa nueve horas diarias enganchado a la máquina de diálisis, pero su historial médico no le impide desarrollar su trabajo como fisioterapeuta, ejercer como profesor de universidad o escribir un libro contando sus experiencias. Además, está casado y tiene una hija.

Pablo, que en broma llama a su muñón con el nombre de Blas, destila buen humor por los cuatro costados, porque sabe que «Dios con la prueba te da la gracia para llevarla». De ahí que se considere «un tipo con suerte» al que la fe, reconoce, le ha «salvado la vida».

Cuando remita la pandemia, Sergio, Pablo y todos los miembros de la Fraternidad de Donantes y Trasplantados de la Virgen de la Paloma organizarán una convivencia de familias «para compartir nuestras vivencias», dice Cobos, quien todavía recuerda el día en que «se me acercó una señora a la que no conocía de nada y me dijo: “Eres la persona que más ha hecho por mi nieto, porque nunca nadie ha rezado por él”. Ese chico había fallecido y la familia había donado sus órganos. Eso es lo que queremos: ponernos todos bajo la mirada de nuestra Madre y pedir especialmente que se lleve al cielo a los que han dado algo suyo para salvarnos la vida a otros».

La Paloma sale a la calle

«Que la Virgen de la Paloma sea fuente de gracia para este barrio y para aquellos que al pasar contemplen su mirada», dijo el cardenal Osoro la semana pasada al inaugurar un mosaico artesanal con la imagen de la Virgen en la fachada de la parroquia de La Paloma, justo donde los madrileños se reunían hace más de dos siglos para venerar su imagen y pedirle favores.