¿Qué tienen en común Platón, las comunas hippies y las reducciones jesuíticas?

¿Qué tienen en común Platón, el comunismo, las comunas hippies y las reducciones jesuíticas?

«La única utopía que de veras ha funcionado y ha sido positiva es la de las misiones jesuitas de Paraguay», asegura Emilio Lara. En su obra Los colmillos del cielo repasa los intentos de crear sociedades perfectas a lo largo de la historia

María Martínez López
La película 'La misión' retrata las misiones jesuitas.
La película La misión retrata las misiones jesuitas.

¿Por qué a lo largo de la historia el ser humano occidental no ha dejado de desarrollar utopías?
Por la tendencia innata a intentar vivir en un mundo perfecto, en una sociedad idílica donde tenga cubiertas todas sus necesidades materiales, donde le digan lo que tiene que pensar y le den todo hecho. Donde renuncie a su libertad individual y al pensamiento crítico a cambio de tener unas condiciones materiales básicas cubiertas y de ver a sus enemigos castigados. Una sociedad de almas fotocopiadas. 

Las utopías atraen sobre todo a personas que se consideran agraviadas y que ven que de forma muy rápida se les puede restituir lo que la sociedad les debe. Lo normal es que sus ideólogos sean fanáticos que ofrecen una esperanza cierta, expertos manipuladores de las masas que mueven los bajos instintos del ser humano. 

¿Aplica esas palabras también a Platón y su república, o a santo Tomás Moro y su Utopía, de los que también habla en su libro (Ariel)? ¿No hubo promotores de estas ideas que actuaran de buena fe?
Por supuesto, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Todos los ideólogos de utopías están llevados por sus buenas intenciones. Quieren construir un mundo perfecto, un mundo justo, donde la realidad se ajuste a su idealidad. En Florencia, el fraile Girolamo Savonarola suscitaba un miedo enorme con una mezcla de discursos proféticos y apocalípticos. Prometía que con una vida piadosa la república iba a prosperar en un buenismo moral ortodoxo donde se extendería la prosperidad material para Florencia y toda Italia. 

¿Y por qué acaban fracasando todas?
La vida en sociedad es compleja y el ser humano es diverso. Existe la libertad humana y no hay una única forma de pensar y de sentir. Y al final una cosa que caracteriza a todas las utopías es que son fanatismos que solamente conciben una forma de comprender el mundo. Quienes no los comparten son considerados disidentes y como tales son enemigos y hay que neutralizarlos o eliminarlos. 

A veces es un fanatismo buenista, como en el socialismo utópico. Pero otras es un fanatismo de la hemoglobina, como el Terror de la Revolución francesa. Algunas utopías fueron muy efímeras. Otras más longevas (el comunismo la que más) fueron ruinas morales y económicas. La última de la que hablo son las comunas hippiesPero la única utopía que de veras ha funcionado y ha sido positiva son las misiones jesuitas de Paraguay.

Lara es doctor en Antropología, licenciado en Humanidades y profesor de Geografía e Historia de Enseñanza Secundaria. Foto: Ariel.

¿A qué se refiere?
Son apasionantes. Durante más de 150 años lograron crear en América lo que ellos consideraban casi una réplica del paraíso original; un país dentro de un imperio. En esas cerca de 50 misiones salvaguardaron la vida de decenas de miles de guaraníes de las bandas de piratas de tierra brasileños, portugueses y holandeses que se dedicaban a capturarlos para esclavizarlos. Los jesuitas eran unos atletas de la fe y del conocimiento y construyeron una teocracia amable, nunca a través de la imposición sino de la persuasión. 

¿Por qué cree que fueron la excepción?
Los jesuitas eran tan inteligentes que supieron mezclar el idealismo con su pragmatismo. También aprovecharon un mundo que estaba intacto.

¿Puede poner algunos ejemplos?
Compaginaban la propiedad privada con la colectiva. Eran autárquicas, se autogestionaban y comerciaban con los excedentes. No existía el dinero y solo había dos jesuitas por misión. No podía entrar ninguna persona que no fuera un indio; aunque para cumplir el mandato evangélico de dar posada al peregrino las personas de fuera se podían quedar un máximo de tres días. 

Creaban sus ayuntamientos y había decisiones que se tomaban conjuntamente entre estos y los jesuitas. Estuvo prohibida la pena de muerte, aunque había cárceles y castigos corporales. Y todo el mundo trabajaba de una manera u otra. Incluso organizaron las milicias guaraníes, un ejército de 32.000 indios adiestrados por jesuitas que habían sido soldados en los Tercios de Flandes. Llegaron a derrotar a un ejército de bandeirantes brasileños.

¿Por eso fueron aceptadas por los indígenas?
Respetaron la cultura guaraní, en cuya lengua evangelizaban, y su forma de vida. Vestían al Niño Jesús con sus ropajes. Al mismo tiempo, construyeron unas ciudades impresionantes, réplica de las españolas, con iglesias y hasta observatorios astronómicos. También evangelizaban a través de la música. Varias misiones se especializaron en la elaboración de instrumentos de cuerda y viento y de órganos, que les compraban en toda la América española y en Europa. 

¿Cómo terminaron?
La expulsión de los jesuitas por Carlos III lleva a su rapidísimo declive y se pierde todo ese mundo. Que a finales del siglo XX la Unesco las declarase Patrimonio de la Humanidad ha sido una forma de devolver el orgullo y el recuerdo de lo que se hizo.