Premio Harambee 2026: la mujer que aprendió a ver a su madre en cada mujer - Alfa y Omega

Premio Harambee 2026: la mujer que aprendió a ver a su madre en cada mujer

Embajadora Mundial de la Paz, la marfileña Euphrasie Kouassi Yao, asesora en del primer ministro en materia de género, recibe esta tarde el Premio Harambee 2026

Cristina Sánchez Aguilar
Foto: Harambee ONGD.

La tarde de este martes, 3 de abril, la marfileña Euphrasie Kouassi Yao recibirá el Premio Harambee 2026 a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana, en la 17ª edición de un galardón impulsado por Harambee ONGD y patrocinado por Laboratorios Pierre Fabre. La ceremonia, que se celebra en la Sede de las Instituciones Europeas en España, será presidida por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, junto a otras autoridades civiles e institucionales.

Un histórico de más de 35 años trabajando por la paz y la promoción de la mujer nacieron de una herida temprana. «Me quedé huérfana a los 2 años», explica en conversación con Alfa y Omega. Su primera educación la recibió de mujeres sencillas del mundo rural y esa experiencia marcó su sensibilidad hacia la dignidad femenina africana.

Años después, como profesora en un liceo femenino, se encontró con una paradoja dolorosa: alumnas brillantes que, sin embargo, no llegaban a puestos de decisión. «Pensé que había que corregirlo». Esa intuición fue el germen de una vocación pública que uniría reflexión académica y acción política.

Esta síntesis explica su trayectoria como ministra asesora especial en materia de género —primero del presidente y ahora del primer ministro de Costa de Marfil— y su papel en la definición de la política de género en la Constitución del país, base para leyes que promueven la equidad y la participación armónica de hombres y mujeres. Obtuvo la Cátedra UNESCO Agua, Mujeres y Poder de Decisión y uno de los proyectos más emblemáticos que dirige es el Compendio de Competencias de las Mujeres en Costa de Marfil (COCOFCI), reconocido por el PNUD como el mejor programa africano sobre la mujer.

Nombrada recientemente Embajadora Mundial de la Paz, sostiene que la mujer —madre, hermana, hija, esposa— posee cualidades especiales para el cuidado y la mediación. Pero insiste: hombres y mujeres deben caminar de la mano. «La paz es para el desarrollo como la respiración para el cuerpo». Y comienza en la familia, soporte del país.

Usted lleva más de 35 años trabajando por la paz y la promoción de la mujer. ¿En qué momento descubrió que esta sería su misión?¿Qué experiencias personales marcaron su sensibilidad hacia la dignidad de la mujer africana?
—Me quedé huérfana a los 2 años y le debo mi primera educación a las mujeres sencillas del mundo rural en el que vivía. Cuando me di cuenta de qué era huérfana empecé a ver el rostro de mi madre en cada mujer. Cuando fui profesora del Liceo Femenino encontré a muchas chicas brillantes que después no llegaban a puestos de decisión y pensé que había que corregirlo.

En su trayectoria política y académica, ¿qué ha sido más decisivo: la convicción intelectual o la experiencia directa con las mujeres de su país?
—Las dos cosas; la reflexión me ha llevado a la convicción de que hay que actuar a nivel macro. La experiencia lleva a conocer de primera mano los problemas y a levantar soluciones ajustadas a la realidad y sin suplantar a los protagonistas.

—¿Qué papel ha jugado la fe en su compromiso por la justicia y la paz?
—La fe es fundamental en mi vida. De niña, al perder a mi madre tomé a la Virgen como tal y me dirijo a ella con todos mis problemas; ella tiene la capacidad de hablar a su Hijo en mi favor. Cuando tuve la cátedra UNESCO fui a la Rue de Bac, en París, para poner la cátedra a sus pies.

—Desde su experiencia en Costa de Marfil, ¿cuál es hoy el principal desafío para la mujer africana: cultural, económico o político?
—El primer desafío es el cultural; resulta muy difícil la transformación de tradiciones de siglos y continuar formando a las mujeres. En segundo lugar pienso que es el político, implementando leyes que garanticen la igualdad de la mujer y lograr que las leyes se apliquen. En 2015 se promulgó la ley de obligatoriedad e igualdad  en la enseñanza primaria, junto a campañas de concienciación para que los padres enviaran a sus hijas al colegio, y hoy estamos recogiendo los frutos de aquellas leyes que han logrado la paridad en la educación primaria. En tercer lugar, formar a la población para que voten a las mujeres preparadas que se presentan. En cuanto al aspecto económico, el reto está en conseguir la igualdad salarial.

Foto: Harambee ONGD.

—Usted ocupa la Cátedra UNESCO Agua, Mujeres y Poder de Decisión. ¿Por qué el acceso al agua está tan ligado al liderazgo femenino?
—La gestión del agua en el medio rural es fundamental y estaba en manos de los hombres. Conseguir que la mujer tenga poder de decisión y de control sobre la gestión del agua es un aspecto básico de la política de género.

—¿Qué significa realmente empoderar a la mujer en contextos donde la tradición tiene un peso determinante?
—Yo creo que la mujer y el hombre han de descubrir juntos la injusticia y buscar juntos las soluciones. Y es posible si el género se entiende como colaboración hombre-mujer; desde esa perspectiva el género busca la equidad, restaurar el equilibrio ante las desigualdades.

—¿Qué le diría a quienes piensan que la agenda de igualdad es una imposición occidental?
—África tiene valores y problemas diferentes a los de Occidente, aquí ya ha llegado la igualdad de oportunidades, por lo que la agenda de igualdad se dirige hacia otros sectores. Nosotros estamos en lograr la igualdad de oportunidades tanto legales, como laborales, sociales, etc. Esa es ahora nuestra prioridad.

Como ministra asesora en materia de género, ¿cuál ha sido la política pública que más impacto real ha tenido?
—Incidir en la definición de la política de género en la Constitución del país: eso ha permitido desarrollar leyes que promueven la equidad y la participación armónica de hombres y mujeres.

—El programa COCOFCI fue reconocido por el PNUD como el mejor programa africano sobre la mujer. ¿Qué lo hace diferente?
—El Compendio de Competencias es un programa que establece las competencias que debe de tener una mujer para acceder al poder y que está dirigido a mujeres, de cualquier etnia, raza o religión que deseen ser líderes de sus comunidades. Se centra en cuatro sectores fundamentales, el sector de las mujeres que han estudiado; el sector rural para formar a las mujeres que tienen experiencia, pero carecen de formación; el sector de las mujeres de la diáspora y el sector juvenil, para formar a las líderes del futuro. En este momento ya hay más de 19.500 mujeres que siguen el programa. Es además un programa transversal y autosostenible: las mujeres que se forman en él, se capacitan para formar a otras.

—Ha sido nombrada Embajadora Mundial para la Paz. ¿Qué relación profunda existe entre la mujer y la construcción de la paz? ¿Qué papel específico juegan las mujeres en la reconciliación?
—La mujer  que es madre, hermana, hija, esposa dispone de unas cualidades especiales para el cuidado, de la familia o del país, es la mediadora perfecta para la reconciliación, pero pienso que hombres y mujeres han de ir de la mano para conquistar la paz. Todos deseamos la paz. La paz es para el desarrollo como la respiración para el cuerpo.

—¿La paz comienza en las instituciones o en la familia?
—Primero en la familia, que es el soporte del país. Hay que formar a hombres y a mujeres para que sepan caminar juntos, conciliar y apoyarse en sus objetivos. Cada uno dispone de  cualidades y necesidades específicas que a veces el otro no conoce. Han de caminar juntos para lograr la igualdad y la paz. 

—¿Qué heridas sociales siguen abiertas en África occidental que requieren liderazgo femenino?
—El proceso de desarrollo no es algo estático, hay que seguir trabajando en esa dirección, sobre todo para conseguir la igualdad salarial. Hay que continuar el trabajo para abordar la realidad, corrigiendo la injusticia y cambiando estereotipos.

—Europa afronta hoy una crisis demográfica y de identidad. Desde África, ¿qué puede aportar el continente al debate global sobre la mujer y la familia?
—Una de las características de la cultura africana es el concepto de familia extensa, cuyos lazos resultan irrompibles por muchos problemas y contratiempos que se sufran. Este sentido de familia con la que uno siempre puede contar proporciona una gran seguridad. La perspectiva de género y desarrollo no es una cuestión teórica de confrontación entre el hombre y la mujer; hay un método de trabajo que busca la unidad a todos los niveles.

—¿Qué espera que signifique este reconocimiento del Premio Harambee para las jóvenes africanas?—Es importante que las jóvenes africanas tengan referentes en otras mujeres africanas para comprender que es posible transitar un camino de éxito con reconocimiento internacional.

—¿Qué consejo daría a una joven africana que sueña con transformar su país?
—Que se forme. La formación resulta fundamental para alcanzar cualquier objetivo.