Peregrinó desde Sicilia al Vaticano para invitar a León XIV a Santo Toribio de Liébana
En entrevista con Alfa y Omega, Adrián Ruiz narra cómo cubrió el estrecho de Messina sobre una tabla de surf para entregar al Papa semillas de ciprés e invitarlo a Santo Toribio de Liébana
El marbellí Adrián Ruiz acaba de reunirse con León XIV este miércoles al término de la audiencia general tras caminar más de 800 kilómetros desde Palermo, en Sicilia, recorriendo a pie todo el sur de Italia desde abril del año pasado. Y el estrecho de Messina, que conecta la isla con la península, a remo sobre una tabla de surf. «Lo que estoy haciendo en este camino es demostrar que la gente es buena, dar un mensaje de paz y de que la providencia ayuda cuando tienes fe», declara en entrevista con Alfa y Omega después de su encuentro con el Pontífice.
Su iniciativa lleva como título Un camino por descubrir y hunde sus raíces en otra peregrinación anterior que ya realizó Ruiz en 2019 al monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, donde se custodia el mayor fragmento del lignum crucis, el mayor trozo reconocido del leño en que se crucificó a Jesús. Allí «me dieron unas semillas de ciprés, que es el árbol de la cruz de Cristo, para llevárselo al Santo Padre para que pueda ser bendecido y traído de nuevo al monasterio». Y así ha hecho.

Un techo sobre la cabeza gracias a los demás
Adrián Ruiz llegó a la Ciudad Eterna la pasada Nochebuena, justo a tiempo para la Misa del Gallo presidida por el Papa. «Desde entonces me ha ayudado todo el mundo y he estado buscando el momento para ver al Santo Padre». Alternándose entre la propia basílica de San Pedro con el apoyo de su párroco Agnello Stoia, la casa de Catia Acquesta —fundadora de la Asociación Alleati con Te contra la violencia y vinculada a la Pontificia Academia de Teología que preside el obispo Antonio Staglianò— y otra familia en Castel Gandolfo de la que es madre la laica Roberta Jarra, todos estos días ha contado con techo y mantel hasta el momento de encontrarse con el Pontífice, algo que logró también con su ayuda.

En su conversación con este semanario, revela que hace más de un año «tenía programada una audiencia con el Papa Francisco», pero falleció en abril del año pasado. Ruiz seguía en camino cuando se produjo la elección de León XIV y este miércoles, al verlo finalmente en persona «le he dicho que el primer Papa León, León Magno, le dio según la tradición la reliquia del lignum crucis a santo Toribio de Liébana y que hoy la providencia me había llevado hasta él». Motivo por el cual, «ahora que está habiendo reuniones para visitar España», le ha pedido «que tenga en cuenta este humilde y santo lugar al que ningún Papa ha podido aún venir».

Aunque León XIV «me sonrió» y «tenía justo al lado a su secretario» para recordarle la invitación, Adrián Ruiz es consciente de que en el Aula Pablo VI «había miles de personas» y la memoria falla. Por lo que tiene un plan para afianzar la invitación: «Ahora contactaré con el secretario del Papa, que se llama Edgard, y le escribiré una carta con todo lo que he hablado con el Santo Padre en esos dos minutos haciendo hincapié en la visita a Santo Toribio». Un santo lugar que en 2028 celebrará su próximo jubileo.
«La gente tiene que perder ese miedo»
Adrián Ruiz reconoce con sencillez cómo aquel primer camino al monasterio de Santo Toribio de Liébana nació como un mero desafío «de supervivencia», más orientado a la actividad deportiva. Sin embargo, la experiencia le sirvió para «abandonarme y encontrar a Dios». «La gente tiene que perder ese miedo», considera, pues a su juicio «la felicidad es caminar con Dios». Las peregrinaciones largas ayudan a que «realmente crezcas como persona y veas los milagros de la vida».

En su opinión, «yendo con poco y siendo humano, llegas más lejos que en ningún otro medio». Y añade que «las cosas simples como darse una ducha caliente y tener el arropo de la gente con un abrazo, agua y pan, han hecho que sea una persona mejor».
Adrián Ruiz nos confía que, durante su estancia en el monasterio de Santo Toribio de Liébana en 2019, «tuve un contacto muy fuerte con los franciscanos» y con Marga Pereda, su responsable de comunicación. «Hablando con ella, conocí que el padre Pachi tenía el sueño de plantar un pequeño ciprés, como diciendo: “Este es el árbol de la cruz y aquí tenemos un trozo de la cruz para que lo vea la gente”».
Movido por «mi ansia juvenil y siendo un poco inconsciente», al peregrino le fascinó la idea. Pensó que sería un buen atractivo para conseguir una visita del Papa Francisco y se comprometió a hacerle llegar unas semillas de este árbol. Y los franciscanos le correspondieron encargando y enviándole «unas traídas de Jerusalén».
La historia da más de sí. Durante toda su peregrinación desde Palermo, «intenté plantar las semillas para que fuesen creciendo según iba caminando, pero fue complicado porque es un árbol que necesita sol, calor y no moverse». Un pequeño brote llegó a nacer, pero «murió en Pompeya durante una tormenta». Y pese a todo él se empeñó en germinar más semillas y nacieron otros nuevos. Ahora mismo, de la maceta que le ha mostrado al Papa, brota «un pequeño tallo». Y su próximo plan —tras una peregrinación en ayunas a Asís— es repartir las semillas que le quedan por «otros sitios donde hay jubileos», como Santiago de Compostela, que lo celebrará el próximo 2027.