Pepita sueña, a los 87 años, con evangelizar a las mayores
La Pastoral con Mayores de Madrid aprovecha el Día Internacional de las Personas Mayores, que se celebra este jueves, para ponerse a la escucha y lanzar sus prioridades de cara al nuevo curso
En las semanas previas a la celebración del Día Internacional de las Personas Mayores, que tiene lugar anualmente el 1 de octubre, han cundido los menosprecios al colectivo. Primero fue la abuela de Cuéntame, María Galiana, que desdeñó su papel en la afamada serie. «Abuela, menudo papel. Nada más ajeno a mi personalidad», expresó durante una entrevista. Más recientemente el caso Maricarmen —la octogenaria desahuciada de su casa en Madrid— ha copado las portadas de la prensa nacional. «Da mucha pena que una persona mayor sea protagonista en los medios de comunicación por este tipo de cosas», lamenta Carlos Alberto Rivas, delegado de Pastoral con el Mayor de la archidiócesis de Madrid, que invita a reflexionar para que la sociedad pueda encontrar una solución que beneficie a todos, acorde a la dignidad de las personas y que además logre que las personas mayores se sientan protegidas.
Pero para Rivas este planteamiento no es suficiente. Los mayores, desde su punto de vista, están llamados a ser protagonistas, y no meros actores secundarios. Precisamente, «la delegación tiene puesto el foco en trabajar con las personas mayores. Lo importante es esa preposición: con. Quiere decir que las personas de edad tengan una participación activa en la vida de la Iglesia; ponerles en valor, en el centro».
Se trata de una de las ideas clave que figura en el «tríptico informativo que lanzamos el año pasado», un documento que «ahora esperamos que pueda tener una mayor difusión gracias a la red de agentes pastorales que estamos creando», señala Rivas.
El protagonismo de la escucha
Otra de las claves que la Pastoral con el Mayor de Madrid quiere subrayar de cara a este curso es la escucha, sin la que «no puede haber participación activa», subraya el delegado. No en vano las líneas pastorales para el curso 2026-2027, establecidas por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, hablan de «la sinodalidad» como «uno de los grandes aprendizajes que el Espíritu está regalando hoy a la Iglesia». Y añade: «No es únicamente una metodología para organizar reuniones o tomar decisiones, es una espiritualidad que nos enseña a caminar juntos, a escucharnos mutuamente y a discernir comunitariamente la voluntad del Señor», reza el documento.
Como concreción práctica, Rivas ha organizado una visita a la residencia de la Fundación de la Santísima Virgen y San Celedonio; un encuentro que tendrá lugar precisamente este jueves como parte de las actividades que la delegación ha organizado con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores.
Allí se encontrarán con Juan Manuel, que tiene 86 años y que es quien se atreve a romper el hielo cuando Alfa y Omega acude a la residencia a escuchar a los usuarios. La visita de este periódico coincide con el viaje del Papa a Francia, lo que le da pie a Juan Manuel a rememorar el viaje del Pontífice a España. «Lo seguí entero por el móvil a través de vatican.va», asegura orgulloso a la vez que rompe de golpe cualquier estereotipo sobre la relación entre los mayores y la tecnología.

También habla del día de su boda, que tuvo lugar en la madrileña parroquia de Nuestra Señora de Moratalaz. Se trata del mismo templo en el que la Delegación de Pastoral con el Mayor iniciará el curso pastoral el próximo jueves 8 de octubre. «Están convocados todos los agentes de pastoral. Vamos a conocer el trabajo que hacen en la parroquia, va a haber una ponencia sobre inteligencia artificial y contaremos las prioridades para el curso», detalla Rivas.
Una de las encargadas de presentar la Pastoral con el Mayor de Moratalaz será Utimia Martín, que con 89 años es la antítesis del decaimiento vital con el que todavía hoy reflejan los medios de comunicación a las personas mayores. Forma parte del consejo pastoral de la parroquia, también se ofreció como voluntaria para llevar la comunión a los enfermos y es la responsable del Centro Recreativo y Cultural (CERECU), una iniciativa de Cáritas. «Tenemos dos grupos. En uno, recibimos charlas sobre actualidad o profundizamos en algún tema de interés, y el otro es más tipo recreativo. Un día hacemos algún juego, otro día ejercitamos la memoria o cantamos», resume Utimia, que atiende la llama de Alfa y Omega desde la casa de una señora de 91 años a la que ha ido a llevar la comunión.
Fe y familia
En la Santísima Virgen y San Celedonio también reside desde hace unos meses Francisca Tejedor, a la que en su pueblo llaman Pepita. Tiene la inquietud de «crear una comunidad interresidencial que profundice en la evangelización a partir de la vocación bautismal», sugiere mientras nos dirigimos al patio de la residencia. No sabe cómo llevarla a la práctica, pero este jueves —con la visita de la Pastoral con el Mayor— se le presentará la oportunidad perfecta para poner patas a su proyecto, que, en realidad, es también una intuición que tiene la delegación. «Queremos ir creciendo en atención pastoral en las residencias», confirma Carlos Alberto Rivas.
De fe también habla Blanca, que este jueves cumple 89 años —¡Muchas felicidades!—. De sus palabras se desprende la importancia que le da a la familia. Tiene seis nietos. Repasa una a una sus vidas y, al final, todos los presentes caemos en la cuenta «de la importancia que tienen el ejemplo de los mayores para la fe de nuestros seres queridos», y también «cómo ayuda cuando en el colegio se comparten esos mismos valores».
Al lado de Blanca se encuentra Rafael, el decano del grupo con 96 años, que durante nuestra visita hace un ejercicio práctico de esa misma escucha que es clave para la diócesis. Los últimos en intervenir son Carmen Jiménez, que todavía guarda en su retina la excursión a Guadarrama y la Misa que el grupo tuvo el martes, y José María Cancel. Este aragonés —«de Barbastro», matiza— cuenta cómo suele «bajar a la hora santa de San Jorge», parroquia próxima a la residencia, «para tratar de amar a Dios sobre todas las cosas, que es a lo que deberíamos dedicarnos todos». Él además, lo hace con espíritu de servicio, pues se apunta a las horas que el resto de fieles no suele poder. «Lleno ese hueco para que los demás puedan acudir en el horario que más les convenga», explica. La escena la completa sor Florentina, hija de la caridad que lleva 14 años en la residencia Santísima Virgen y San Celedonio con la misión de poner a los mayores en el centro.