Párroco de Adamuz: «La disponibilidad de Cáritas ha sido inmediata»
El obispo de Córdoba está en la localidad dando consuelo a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario
Ha sido una noche sin dormir la que ha pasado Rafael Prado, párroco de Adamuz, tras el grave accidente ferroviario que ha convulsionado a la localidad cordobesa en la tarde el domingo.
—¿Cómo se enteró de lo que había pasado?
—Enseguida se empezó a mover la noticia, gracias a los medios de comunicación que nos lo hicieron llegar prácticamente de manera inmediata. Las vías pasan a cuatro kilómetros del pueblo y muchos vecinos comenzaron a movilizarse desde el primer momento.
—¿Cómo han pasado la noche?
—Una hora antes de que empezaran a llegar los pasajeros del tren que resultaron ilesos ya estábamos preparados, a la expectativa. No ha hecho falta que yo mandara un mensaje para que la gente de Cáritas empezara a actuar. La disponibilidad ha sido inmediata.
Cuando empezó a llegar la gente desde el accidente, aquellos que estaban mal de salud eran atendidos por los sanitarios; y aquellos que estaban bien nos los mandaban a nosotros, a una nave que tiene el coro romero de la Virgen del Sol. Allí ya tenían preparadas las estufas para que la gente pudiera entrar en calor, leche caliente, café, bocadillos, galletas…, en fin, de todo. La verdad es que la gente ha dado mucho la talla y estaban pendientes de cualquier cosa en la que pudieran ayudar.

—¿Ha abierto también la parroquia?
—La parroquia está en un sitio más alejado del centro logístico, por lo que los responsables del operativo de emergencia preferían llevar la ayuda a sitios más cercanos, como la nave de este coro. Allí ayudamos en lo que pudimos la gente de la parroquia.
—¿Ha habido posibilidad de realizar algún tipo de acompañamiento esta noche a las personas afectadas por el accidente?
—No, cuando aparecieron los autobuses que los llevaban a sus lugares de destino partían enseguida. En esas pocas horas que hemos estado con ellos se trataba simplemente de estar ahí en ese momento de necesidad, escucharles, que tengan a alguien a quien poder contar cómo están y ya está.
—Los familiares de las víctimas estarán llegando ya…
—Sí, por la mañana hemos venido con el obispo de Córdoba y dos vicarios al Hogar del pensionista, que es el lugar están aguardando los familiares de los pasajeros que aún no han encontrado. Estamos con ellos, hablando con la gente e intentando dar un poquito de consuelo en la medida de nuestras posibilidades. Todavía no han terminado de levantar los cuerpos, por desgracia, del lugar del accidente.
—La iglesia ha querido hacerse presente.
—Claro, como cristianos no han tenido ni que pedirnos ayuda. Lógicamente, en cuanto sabíamos que iban a traer aquí a los pasajeros del tren nos hemos volcado. La gente salía de sus casas llevando mantas, agua, lo que creían que podía hacer falta. Y la nave del coro está hasta arriba de mucho material que no ha llegado a usarse.