Ordenación «a escondidas» de dos sacerdotes de Nicaragua
Fueron ordenados en Costa Rica en una celebración a puerta cerrada. «La obra de Dios no se apaga con la persecución», dijo el obispo que les ordenó
Dos nicaragüenses fueron ordenados sacerdotes el 7 de febrero en la diócesis costarricense de Limón. El rito de su ordenación a escondidas fue realizado bajo carácter reservado y sin convocatoria pública, debido a la persecución religiosa que vive desde hace años Nicaragua.
#LoUltimo Ordenación Sacerdotal sábado 7 de febrero de 2026, Diócesis de Limón, Costa Rica.
— P. Nils de Jesus Hernandez (@nilsdejesushern) February 12, 2026
Un signo de solidaridad y prudencia en medio de la persecución de la Iglesia de Nicaragua. Es así que la Iglesia Católica Romana en Costa Rica rompe con los obstáculos de este mundo con… pic.twitter.com/e3YwBdPy2A
La ordenación tuvo lugar sin ningún tipo de anuncio o publicidad, y también sin la presencia de familiares de los nuevos presbíteros. Según el digital nicaragüense Mosaico CSI, hubo discreción sobre la identidad de los ordenados ante el temor de posibles represalias contra ellos o sus allegados en su país natal.
Una obra de Dios
El obispo de la diócesis de Limón, Javier Gerardo Román Arias, presidió la celebración a escondidas. En su homilía subrayó el carácter espiritual del acto y aludió a la situación que viven los religiosos nicaragüenses fuera de su país. «No estamos aquí para celebrar un acontecimiento humano, sino para contemplar una obra de Dios», dijo. «Es una obra que no se detiene ante las fronteras, que no se apaga con la persecución, que no se rompe con el destierro. Hoy la Iglesia ora en silencio, porque sabe que cuando Dios llama, incluso el silencio se vuelve fecundo», expresó el prelado.
Dirigiéndose a los nuevos sacerdotes, el obispo afirmó que «ustedes llegan a este momento con una historia marcada por la cruz. No salieron de su patria por elección, sino por fidelidad. Y hoy serán ordenados lejos de su familia, sin el abrazo de los suyos, en una celebración sobria, casi a escondidas. Pero nada de esto es estéril. Al contrario: esta ordenación vivida en el silencio es ya un testimonio poderoso de fe, porque proclama que la vocación no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad de Dios».

Durante la homilía, también hizo referencia al proceso personal vivido por los ordenandos tras su salida de Nicaragua. «Ustedes han caminado por quebradas oscuras: la incertidumbre, la separación, el desarraigo. Sin embargo, hoy pueden decir que el Señor los ha conducido hasta aquí, que ha preparado esta mesa y ha ungido su cabeza con óleo santo, incluso en tierra extranjera que ya no es extraña», señaló.
Un pueblo hermano
El obispo destacó asimismo la acogida brindada por el país anfitrión. «Costa Rica no es solo un lugar geográfico; es una casa que abrió sus puertas, una Iglesia que los recibió como hermanos, un pueblo que supo ofrecer refugio sin preguntar demasiado», indicó, al tiempo que exhortó a los nuevos sacerdotes a servir a la comunidad local con gratitud y compromiso pastoral.
Al concluir, los animó a que «un día puedan decir, con la vida gastada y el corazón en paz: no viví para mí, viví para Cristo y para su pueblo».