Obispos de México: «El flujo de migrantes no se ha detenido» - Alfa y Omega

Obispos de México: «El flujo de migrantes no se ha detenido»

En un mensaje con motivo del comienzo de año, la Conferencia Episcopal de México recoge cuatro retos: la atención a los migrantes, la lucha contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia, la violencia en toda la sociedad («2019 ha sido uno de los años más violentos») y la libertad religiosa

Redacción
Foto: CNS

En un mensaje con motivo del comienzo de año, la Conferencia Episcopal de México recoge cuatro retos: la atención a los migrantes, la lucha contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia, la violencia en toda la sociedad («2019 ha sido uno de los años más violentos») y la libertad religiosa

Los obispos de México han pedido a los fieles «generosidad para sostener el apoyo a nuestros hermanos migrantes». En un mensaje hecho público con motivo del inicio del año, el presidente y secretario general de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), los monseñores Rogerio Cabrera López y Alfonso G. Miranda Guardiola, han dado cuenta de los retos a los que se enfrentó la Iglesia en 2019 y sus perspectivas para 2020.

Después de las grandes caravanas migrantes de 2018, «el flujo no se ha detenido» y «miles de ellos han entrado en nuestro país en los últimos meses». Los obispos no aluden a ello, pero el hecho de que sigan las llegadas, unido a la política de Permanecer en México implementada en Estados Unidos en 2019 según la cual los solicitantes de asilo deben esperar en el lado sur de la frontera su juicio, significa que los migrantes continúan acumulándose en este país.

Medio millón de dólares del Papa

Esto ha sido para la Iglesia –apuntan los obispos– ocasión para «hacer efectiva la caridad de nuestra Iglesia», también con la contribución de medio millón de dólares que el Papa envió a finales de abril para este fin.

De estos fondos, a finales de 2019 ya se había invertido el 92 % en 32 proyectos, de los cuales 24 han concluido y otros ocho están en la etapa final. Las necesidades financiadas incluían la habilitación o rehabilitación de centros de atención, la compra de material y productos necesarios y también implementar medidas de seguridad como vallar algunos centros para proteger a voluntarios y migrantes.

217 sacerdotes expulsados por abusos

Como segundo reto, Cabrera López y Miranda Guardiola citan los abusos sexuales y la protección de menores. En este ámbito, piden que se elimine la prescripción para los delitos sexuales, que en México es de diez años, o que al menos se amplíe para intentar evitar que haya casos en los que no se haga justicia por haber pasado un tiempo determinado hasta que la víctima se decide a denunciar.

Durante el año pasado –informan desde la CEM– se siguieron creando comisiones diocesanas, que ya son 14. En los últimos diez años, se ha investigado a 426 sacerdotes (271 por abusos y 155 por otras faltas). Los 253 casos completados han terminado con la expulsión del estado clerical de 217 sacerdotes diocesanos. No se dan datos de los religiosos; por ejemplo, de los Legionarios de Cristo.

272 centros para sanar la violencia

Desde la Conferencia Episcopal también se denuncia que «2019 ha sido uno de los años más violentos que hemos vivido en nuestro país», algo que hiere «profundamente a toda la sociedad». La Iglesia –explican– renueva su compromiso en la lucha contra esta lacra, que se concreta en la labor de 272 centros: de recuperación de adicciones, de atención a mujeres, víctimas y recursos; consultorios psicológicos, atención a niños de la calle y familias desaparecidas, etc.

A la vista de este «amplio trabajo social» en este y otros ámbitos, el texto de la CEM concluye pidiendo que se actualice el marco jurídico en lo que respecta a la libertad religiosa. No persiguen –aseguran– «privilegios para ninguna asociación religiosa, sino se busca  que las iglesias y sus ministros puedan desarrollarse debidamente, y que la libertad religiosa sea protegida por un eficaz tutela jurídica y que se respeten los supremos deberes y derechos de los hombres para desarrollar libremente la vida religiosa dentro de la sociedad».

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