Obispos de Francia, Alemania, Polonia e Italia: «El mundo necesita a Europa». Así debe responder
Los presidentes de cuatro episcopados europeos piden a Europa «redescubrir su alma» para ofrecer su contribución mientras «un marco internacional está muriendo y uno nuevo aún no ha nacido»
«El mundo necesita a Europa», reivindican los obispos de Francia, Alemania, Polonia e Italia. En un comunicado conjunto, los presidentes de sus conferencias episcopales subrayan que, al mismo tiempo, esta «debe redescubrir su alma para poder ofrecer al mundo entero su indispensable contribución al «bien común»».
El francés Éric de Moulins-Beaufort, el alemán Georg Bätzing, el polaco Tadeusz Wojda y el italiano Matteo Maria Zuppi exhortan a los europeos a «comprometerse con decisión, dondequiera que se encuentren», por el futuro de la Unión Europea. Al mismo tiempo, «los cristianos están llamados a compartir con todos los habitantes del continente europeo su esperanza de una fraternidad universal».
“È bello diventare pellegrini di speranza. Ed è bello continuare ad esserlo, insieme!”. I presidenti delle Conferenze episcopali di Francia, Italia, Germania e Polonia firmano l’appello “Cristiani per l’Europa. La forza della speranza” https://t.co/YLLc7xtPvh pic.twitter.com/M1HLciQLp0
— @CEI (@UCSCEI) February 13, 2026
En la visión que proponen, Europa «optará por la resolución supranacional de los conflictos, eligiendo mecanismos y alianzas adecuadas». Esto deberá hacerlo «respetando el Estado de derecho y rechazando las lógicas exclusivistas del aislacionismo y la violencia».
Por otro lado, «deberá estar siempre dispuesta a retomar el diálogo, incluso en casos de conflicto, y trabajar por la reconciliación y la paz». Por último, «está llamada a buscar alianzas que sienten las bases para una auténtica solidaridad entre los pueblos».
¿Qué aportan las raíces de Europa?
Los prelados europeos enmarcan este llamamiento en el fin del Jubileo de 2025. «Sentimos la responsabilidad de aceptar la invitación del Papa» a seguir siendo «peregrinos de esperanza», explican. Y, al mismo tiempo, en el hecho de que «vivimos en un mundo desgarrado y polarizado por guerras y violencia. Muchos de nuestros conciudadanos están angustiados y desorientados. El orden internacional está amenazado».
Señalan además cómo conviven «numerosos movimientos euroescépticos» y el hecho de que «los europeos se han vuelto a acercar entre sí», especialmente por la guerra de Ucrania. «Un marco internacional está muriendo y uno nuevo aún no ha nacido». La Iglesia y los cristianos pueden contribuir a configurarlo.

Para ello, proponen reflexionar sobre «lo que ha contribuido a fundar Europa». Citan las civilizaciones griega y romana y el cristianismo. Este «fue uno de los fundamentos esenciales de nuestro continente. Ha moldeado en gran medida el rostro de una Europa humanista, solidaria y abierta al mundo». Aún hoy, en una Europa «pluralista» y en la que «los cristianos son menos numerosos, eso no les impide volver, con valentía y perseverancia, al fundamento de su esperanza».
En tiempos más recientes, se retrotraen al final de la «devastadora» Segunda Guerra Mundial. No en vano los obispos que firman el texto son los de los países que se vieron más afectados por la contienda. Tras el «exterminio de millones de personas por razones raciales, religiosas e identitarias», se impuso «la urgencia de construir un mundo nuevo». Aquella «tragedia asesina de la Segunda Guerra Mundial advirtió a la generación fundadora de Europa de la tentación de los regímenes totalitarios que se alimentan del nacionalismo para perseguir objetivos hegemónicos, cuyo resultado no puede ser más que la guerra».
Más que un mercado económico
Así, «muchos laicos católicos concibieron a Europa como un hogar común y se comprometieron a desarrollar un nuevo marco internacional». Un paso clave para ello fue la creación de las Naciones Unidas. «El objetivo era la realización de una sociedad reconciliada, concebida como un punto de convergencia y garantía del respeto mutuo de las especificidades, un baluarte de libertad, igualdad y paz».

Específicamente en el continente, los presidentes de los episcopados recuerdan a los padres fundadores de Europa, Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide de Gasperi. «Inspirados por su fe cristiana, no eran soñadores ingenuos, sino los arquitectos de un edificio magnífico, aunque frágil», aseguran.
Inspirados por sus palabras, que citan de varios textos y discursos, los presidentes de los cuatro episcopados europeos subrayan que Europa «no puede reducirse a un mercado económico y financiero». Hacerlo sería una «traición» a esta «visión inicial de sus fundadores».