Noelia Silva: «Mis padres no quieren que nos dediquemos a la ganadería» - Alfa y Omega

Noelia Silva: «Mis padres no quieren que nos dediquemos a la ganadería»

Rodrigo Moreno Quicios
Noelia Silva
A Noelia Silva le da pena que sus padres se jubilen del oficio: «Desde que era pequeña teníamos las ovejas». Foto cedida por Noelia Silva.

La ONU ha declarado 2026 Año Internacional de la Mujer Agricultora y de los Pastizales y los Pastores. Esta joven de 26 años se ha criado en una familia así en Pobladura de Aliste (Zamora), pero ha elegido otro trabajo. Pide centros de estudios sobre estos temas en los pueblos.

—¿Cómo es el día a día de un ganadero?
—Mis padres son los que se dedican a ello. Es un trabajo de todos los días. No es como el que está en una empresa, que tiene los fines de semana libres. Un ganadero no tiene esa libertad. Si tiene un día de fiesta, tiene que decirse: «En un rato me toca ir a sacar las ovejas».

Nosotros tenemos unas 500 y vendemos lechazo. Les toca madrugar, sobre todo en esta época, que es cuando crían y siempre pasa algo. Suele haber alguna que no puede parir bien.

Para mis padres, la época de vacaciones es cuando hacen la trashumancia y las suben a Alta Sanabria. Al final quedan unas poquitas ovejas con corderillos y es cuando tienen menos trabajo; pero hay que sembrar hierba o recoger grano.

—¿Se plantea heredar el oficio?
—Tengo un hermano mayor y mis padres siempre han querido que ni él ni yo nos dediquemos a esto. Es mucho trabajo, pero me parece una profesión muy digna. Yo he estudiado Magisterio. ¿Me quedaría con las ovejas? No es el sueño de mi vida, porque me encantaría trabajar con niños. Pero si tuviera que dedicarme a ello, ya sé a lo que me enfrento. Me da mucha penita que mis padres están a punto de jubilarse y desde que era pequeña recuerdo que las teníamos.

—¿Sería compatible con otro empleo?
—No es un trabajo en el que solo estés unas horas y ya. Pero si no eres la única persona a cargo y tienes una pareja que te ayuda o alguien contratado, se podría. Al final, tienes que ir a primera hora de la mañana, que coincide con la hora en que la gente está trabajando, pero puede ser que alguien les eche un vistazo entonces. No es como las ovejas de leche, que hay que ordeñarlas todos los días a las siete de la mañana y de la tarde. Con las nuestras lo único que hay que hacer es salir al campo y darles de comer.

—¿Su plan es quedarse en la capital?
—De momento estoy en Zamora, pero me encantaría aprobar una oposición en cualquier pueblo. Los niños de ciudad y los de pueblo no tienen nada que ver. Estos tienen libertad, tranquilidad, otro ritmo. Es mucho más bonito criarse y dar clase allí.

—¿Qué cosas hacen falta para que el trabajo de ganadero sea mejor?
—Lo peor son las trabas que van poniendo desde arriba. Mis padres son mayores y tienen que hacer esto por ordenador y lo otro por una aplicación. Está todo más informatizado y han aprendido, pero hay otras maneras. Si les ponen a hacer los papeles de la política agraria común de la Unión Europea, la PAC, desde un portátil, mi madre dice: «¡Pero no sé ni cómo encenderlo!». Conocí a un agricultor que tenía que hacer un papelito para que le pagasen una bobada. Le marearon tanto que dijo que mejor pasar de que le dieran ese dinero.

—¿Qué decimos para convencer a jóvenes de instalarse en los pueblos?
—Los que hemos crecido en el pueblo lo valoramos de otra manera. No solo porque sea nuestra casa, también porque las primeras experiencias son diferentes a las de una ciudad. La gente de pueblo es muy acogedora. Si sales a la calle en Zamora, eres un número. Pero aquí conoces a todos y el vecino sabe si estás enfermo.

—Usted ha tenido que irse a la ciudad, ¿qué le faltó para quedarse?
—Las oportunidades. Mi hermano y yo estudiamos hasta Bachillerato en un instituto cerca y la universidad en Zamora. Pero si hubiera habido algún ciclo de Ganadería en algún pueblo mediano como Sayago o Puebla de Sanabria, daría riqueza a la zona y a lo mejor la gente se quedaría más. Al final se marchan para estudiar y hay pueblos por la zona de la Carballeda donde falta gente de mi edad.