José María Crespo es párroco de Santa María de Majadahonda, una iglesia en en la que doce adultos recibieron los sacramentos de iniciación el pasado 24 de octubre en una Misa presidida por el cardenal Cobo. Fue una celebración similar a la que albergó en Colmenar Viejo la basílica de la Asunción de Nuestra Señora el 1 de marzo, cuando se bautizaron, comulgaron o confirmaron 70 personas. No en vano, el catecumenado de adultos es una prioridad en la archidiócesis durante este curso, para lo que ha puesto en marcha ocho proyectos piloto.
Apenas dos meses después de la celebración en Majadahonda, «ya hay otras tres personas preparándose para el Bautismo y otros seis para la Confirmación», nos revela José María Crespo. Y aunque este municipio esté relativamente alejado de la capital, entre los nuevos catecúmenos «hay uno que viene desde Madrid» porque su sacerdote de referencia vio en Alfa y Omega la cobertura de los bautizos y confirmaciones allí y le recomendó formarse en un nutrido grupo. Es una lógica similar a la consigna que ofreció Roma para los seminarios.
Crespo cuenta con naturalidad que, en esta sociedad secularizada, «cada vez hay más personas que no fueron bautizadas» en su niñez y que «en el camino de la vida se encuentran con el Señor y quieren formar parte de su pueblo».
En cuanto a las prioridades que está fijando Santa María de Majadahonda —pero que son consustanciales a toda la archidiócesis—, su párroco destaca que «tenemos que ser una comunidad que celebra, que vive y se compromete para dar este testimonio». Y una segunda, que implica recibir una formación específica, «es tener laicos preparados para ofrecer acompañamiento». Entre sus catequistas «tenemos a uno estudiando Teología» en la Universidad Pontificia Comillas y «se va a incorporar otro».
Por último, pronostica que este tipo de dinámica «va a ser importante» porque, aunque «ya hay una preparación para que los sacerdotes sean buenos catequistas», aporta un plus diferencial «el testimonio de vida de un seglar».