«No hay línea de alta velocidad que lleve a la santidad» - Alfa y Omega

«No hay línea de alta velocidad que lleve a la santidad»

La pancarta y los gritos de santo subito fueron protagonistas en el funeral de Benedicto XVI. La petición ha ido circulando desde su fallecimiento, pero, según el profesor Alberto Melloni, no será resuelta de forma inminente

Victoria Isabel Cardiel C.
Juan Pablo II batió el récord de celeridad en el proceso. En su funeral, el 9 de abril de 2005, también se coreó el santo subito. Foto: CNS.

El jueves 5 de enero, cuando el reloj de la plaza de San Pedro marcaba las 8:50 horas, se abrieron las puertas de la basílica de San Pedro y doce sediarios vaticanos portaron a hombros el ataúd de Benedicto XVI entre aplausos y gritos de «santo subito!» (santo ya). Durante el funeral también pudo verse una pancarta con el mismo mensaje. Sin embargo, será difícil que el clamor popular sea satisfecho con un certificado de santidad exprés. «No se hará más rápido que el proceso de san Juan Pablo II, que murió en 2005 y fue canonizado en 2014», explica el profesor Alberto Melloni, secretario de la Fundación para las Ciencias Religiosas de Bolonia. El cardenal Saraiva Martins dirigió en mayo de 2005 los primeros pasos de la beatificación, tan solo un mes después del fallecimiento del Papa polaco. Nueve años más tarde subió a los altares. «Wojtyla batió el récord de celeridad en el proceso, pero no ha sido lo habitual», asegura en conversación con Alfa y Omega. De hecho, en 1983 se estableció que el proceso de canonización no puede abrirse hasta pasados cinco años de la muerte. Con Benedicto XVI no será distinto, añade Melloni, que incide en que no «hay línea de alta velocidad que lleve a la santidad». De hecho, afirma que no será el Papa Francisco quien canonice a su antecesor.

De los 264 Papas que ha habido en la Iglesia —algunos moralmente reprobables— solo 89 han sido santos o beatos. «Había una tradición que proclamaba santos a todos los Pontífices de la Edad Antigua, pero después de Pío V, elevado a los altares 150 años después de su muerte, no hubo más canonizaciones. Esto cambió drásticamente con Pío XII, que canonizó a Pío X en 1954, 36 años después de su muerte. Juan XXIII tuvo que esperar cinco décadas», expresa. El experto enfatiza que «cuando la Iglesia canoniza a un Papa, en realidad canoniza su persona, no su pontificado», porque la infalibilidad pontificia pocas veces equivale a un estilo de gobierno «impecable», ni tampoco asegura en modo alguno el mejor acierto de cada uno de los actos de un Sumo Pontífice. Por esta razón la Iglesia no canonizaba a los Papas: «No interesaba hacerlo. La santificación de alguien pretende mostrar un modelo de vida cristiana para las personas comunes, y es difícil que alguien se sienta identificado con un Papa o que haga la vida de un Papa». «Es un terreno resbaladizo, pero será difícil echar el freno. Seguramente serán canonizados tanto Benedicto XVI como Francisco, porque también sus predecesores han sido canonizados. Todos los Papas bajo los cuales ha vivido como sacerdote el actual Papa son santos», incide.

Con todo, el experto avisa de que la santidad papal puede acabar usándose como un arma política: «Podría acabar polarizando a la Iglesia, creando grupos a favor y en contra. Y esto Ratzinger nunca lo quiso. Al revés, siempre quiso la unidad». Lo mismo sucede con el título de doctor de la Iglesia, para lo que se necesita primero ser santo.

«Cuando la Iglesia canoniza a un Papa se refiere a su persona, no a su pontificado»
Alberto Melloni
Fundación para las Ciencias Religiosas de Bolonia

La canonización es un proceso irreversible, por lo que es sumamente riguroso. «Un buen postulador lo hace bien si recoge tanto opiniones favorables como contrarias», señala Melloni. Al principio, la declaración de santidad solía realizarse por aclamación popular (vox populi), pero pronto, para evitar errores y abusos, se designó al obispo de la propia diócesis como responsable.

En 1969, Pablo VI derivó esta competencia a la Congregación para las Causas de los Santos [hoy dicasterio] que actualmente dirige Marcello Semeraro. Con 72 años, el Papa lo puso al frente de uno de los departamentos con mayor responsabilidad del Vaticano, cuando se preparaba para culminar su etapa en la diócesis de Albano. «La principal tarea es proponer modelos auténticos, limpios y transparentes de santidad, que se conozcan y que puedan hablar al hombre de hoy; que todos los procesos se realicen de una manera más lineal, más transparente y más digna», comentó en una rueda de prensa tras su nombramiento.

En el caso de Benedicto XVI será la diócesis de Roma, de la que era obispo emérito, la que tendrá que abrir las diligencias. Tras aprobarse las virtudes heroicas y el milagro podrá ser declarado beato. En presencia de un nuevo milagro se podrá proceder a su canonización.