Mi maestro Gonzalo de Berceo me pasa la antorcha que busca iluminar semanalmente este rincón de Alfa y Omega; es un honor inmerecido, al que trataré de responder, aunque, como decía mi abuela: «Para bailar la rumbita, hay que nacer en Cubita». Todas las páginas de Alfa y Omega son verdad, y este rincón ha denunciado durante veinte años lo que no lo es. Decir que algo no es verdad es una forma más -nada fácil ni cómoda, por cierto- de hacer brillar el esplendor de la verdad. Para un bachiller por Salamanca, como yo, es más que un honor convertirse en bachiller en verdades: Yo soy feliz si halago a mi conciencia. Todos, o casi todos, somos Villarroel en esta España zaragatera y adormilada. El maestro Berceo me ha explicado cómo intentaba recoger, en nombre de muchos, el sentir directo y expreso de unos y tácito, pero evidente de los más; por eso el pseudónimo, ya que no todo lo que aquí se publica es de cosecha propia. Y vamos a ello…

Lo primero que no es verdad, que por desgracia sigue sin ser verdad, como decía Berceo, es que esto no es una democracia, sino una partitocracia. Tampoco es verdad que acoger en ella, por ejemplo, a un etarra o a un cómplice de ETA, a un comunista radical, a un separatista cerril, sea señal de democracia. Ni en Estados Unidos, ni en Inglaterra, ni en Alemania, tienen cabida semejantes sujetos y no parece que por eso sean menos democracia que ésta nuestra que no lo es. Isabel San Sebastián ha escrito, bajo el título Caballos de Troya: «La democracia se equivoca cuando se empeña en alimentar a los cuervos que han de sacarle los ojos». Tampoco es verdad que aquí haya división de poderes, que por lo visto es una señal evidente de democracia. Por lo pronto, como punto de partida de lo que no es verdad, conviene dejar esto claro.

Después de un fin de semana de grandeza espiritual histórica cuesta volver a la ramplonería podrida de la rutina de cada día, pero hay que volver. Es mal asunto que la canonización maravillosamente conjunta de Juan XXIII y Juan Pablo II haya sido interpretada por algún comentarista, todo menos lúcido, como la expresión de «las dos almas de la Iglesia». Pero ¿cómo que las dos almas? Los Hechos de los Apóstoles nos enseñaron desde el principio que todos eran un mismo corazón y una misma alma. Somos tan listos que ¿ahora nos hemos convertido en dos, una progre y una carca? Esto pasa por ver las cosas con orejeras políticas, desde la izquierda o desde la derecha y no desde dentro, que es, desde donde hay que ver las cosas de dentro. Atizar en los medios lo contrario es, aparte de cutre, incoherente con la fe y con la razón. Peor todavía ha sido lo de El País, que ha titulado en portada Santos opuestos. Es no haber entendido ni una palabra de lo que ha sucedido este fin de semana en Roma. Alfa y Omega titula su portada de este número Santos juntos. El que tenga oídos para oír y ojos para ver que vea y oiga. O ese otro que ha escrito que Juan Pablo II «convirtió la muerte en espectáculo mediático, como había sido todo su pontificado». No es verdad, y él lo sabe.

He leído estos días que España, en un solo año, ha perdido más de 400.000 habitantes y que ahora mismo hay menos bebés en España que en el siglo XVIII; así que, si Dios no lo remedia, estamos frescos para varias décadas. Los últimos datos siguen señalando 6 millones de parados. Y al irse tanta gente y nacer menos, el índice de paro crece. Mientras, los fondos del paro, miserablemente -vean la viñeta que ilustra este comentario- han generado una industria paralela en Andalucía. Que sepamos de momento, porque habrá que ver qué ha ocurrido en las otras Españitas con los fondos del paro y los cursos de formación. La candidata del PSOE a las elecciones europeas se dice orgullosa de los avances sociales de Zapatero. A lo mejor yo estoy equivocado y 5 millones de parados es un avance social. Y ¿quién controla a los controladores del informe PISA? Y ¿por qué, si todos ayudamos a los Bancos a pagar su mala gestión y su caída, ahora que ganan tanto no disfrutamos todos de esas ganancias? Y ¿por qué proliferan los garzones y elpidios como jueces estrellas del firmamento judicial cada vez más estrellados? Y ¿por qué el socialista catalán intolerablemente agredido se queja del clima agresivo? ¿Quién empezó a crearlo?

Señores y amigos, ¡bien hallados y seguiremos informando!

Diego de Torres Villarroel